La presentación del Niño Jesús en el Templo

2 de febrero de 2025.

“Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma” (Lc 2, 34-35)

                La presentación del Niño Jesús en el Templo, unida a la purificación ritual de María, su madre, que era exigida por la Ley judía, fue un acto ritual que la Sagrada Familia llevó a cabo, aunque la Santísima Virgen no necesitaba purificarse de nada. Aquel fue el momento elegido por Dios para anunciar algo de lo que había de suceder; Jesucristo sería “una bandera discutida” -por lo tanto, su actividad generaría controversia- y eso molestaría a los que no quieren problemas, aunque esa ausencia de conflictos se pague al precio de aceptar la injusticia. Cristo, además, haría que saliera a la luz lo que está escondido en el corazón del hombre, pues ante la persecución sólo los que de verdad aman a Dios dan la cara por Él, mientras que los que le seguían por interés o por inercia no dudan en abandonarle. Por último, todo esto tendría un precio: el sufrimiento de la Cruz; precio que pagaría no sólo Jesús sino también su Madre, la Santísima Virgen María.

         Hoy también Jesús es una bandera discutida que sirve para conocer lo que había en el corazón de muchos hombres. Ante la persecución que sufre el Señor, incluso dentro de la Iglesia, muchos de los que callan lo hacen porque temen perder sus privilegios. Se pone de manifiesto, así, el poco amor a Dios que hubo siempre en sus corazones. Y hoy también María sufre y de nuevo la espada de dolor le atraviesa el alma, no sólo por ver crucificado de nuevo a su Hijo, sino también porque oye lo mismo que oyó hace dos mil años de la boca de Pedro: “No le conozco, no sé quién es ese hombre, no soy de los suyos”. ¡Pobre Jesús y pobre María! Abandonados, por miedo o por interés, por tantos que debían defenderles.

Propósito: Ser fieles a Cristo, con la palabra y con las obras, y no dudar en defenderle aunque nos critiquen por ello, pero hacerlo siempre sin agresividad y sin odio.

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