21 de marzo de 2025.
La salud del Papa ha mejorado notablemente en la última semana, sin que eso signifique que ya está fuera de peligro. El domingo se publicó la primera foto suya desde que fue internado en el hospital. Apenas se le ve una parte lateral del rostro, con un ojo semiabierto, y una parte de la mano derecha, muy hinchada. Sin embargo, es una prueba de vida, que desmiente los rumores de que había fallecido. Los médicos son los primeros en decir que el riesgo para su vida existe porque la situación de su salud es compleja y que puede haber retrocesos. Otro dato positivo es que ya no necesita ventilación mecánica durante la noche y que incluso se le está reduciendo el flujo de oxígeno que recibe por la nariz durante el día. Todo esto hace pensar que su alta hospitalaria pueda estar cercana y, en función de los cuidados que necesite, pueda ir a vivir a Santa Marta o a Santa María la Mayor, que está más equipada para atender a un enfermo relativamente grave.
Las condiciones limitadas en que se encuentra el Pontífice no le han impedido hasta ahora seguir gobernando la Iglesia desde el hospital donde está internado. Esta semana se ha publicado, por parte de la Secretaría Permanente del Sínodo, el programa, aprobado por el Papa desde el Gemelli, por el cual se establecen los pasos a seguir para examinar la aplicación de lo aprobado en el Sínodo sobre la Sinodalidad. Ese programa durará hasta el año 2028, lo cual es una señal, por parte del Pontífice y del Vaticano, de que no tiene pensado ni dimitir ni permitir que se cambie el plan trazado por él, incluso aunque ya no estuviera para aplicarlo. Resulta evidente que, en caso de fallecimiento y elección de su sucesor, a éste le resultaría complicado no aplicar lo que dejó previsto el Papa Francisco, pues sería un gesto manifiesto de oposición a su política. Otro dato de que el Papa y su equipo siguen gobernando es la rápida aceptación de la renuncia, por haber cumplido 75 años, al gobierno de su diócesis, del que fuera durante diez años presidente del Episcopado polaco y uno de los mayores críticos del Sínodo de la Sinodalidad, monseñor Gadecki. Por su parte, el cardenal Parolín, secretario de Estado vaticano, ha descartado rotundamente en una entrevista que el Papa vaya a dimitir y ha afirmado que esa posibilidad ni siquiera está planteada.
El Pontífice también ha firmado, durante su hospitalización, el mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Está enmarcada dentro del año jubilar en curso y por eso el Papa afirma que cada vocación es un signo de la esperanza que Dios pone en el mundo y en cada uno de sus hijos. “Queridos jóvenes, el mundo los empuja a tomar decisiones apresuradas, a llenar sus días de ruido, impidiéndoles experimentar un silencio abierto a Dios, que habla al corazón. Tengan el valor de detenerse, de escuchar dentro de ustedes mismos y de preguntarle a Dios qué sueña para ustedes”, dice el Papa en su mensaje.
Una declaración de uno de los obispos alemanes liberales pone de manifiesto la capacidad que tienen esos obispos para orientarse de forma que satisfagan al poder político de turno. El de Hildesheim, monseñor Wilmer, no ha dudado en manifestar que hay que poner límites a la emigración, además de decir que la Iglesia no está para dar lecciones de moral a los gobernantes y que hay que confiar en ellos y apoyarlos. En una línea parecida que ha sorprendido a muchos se ha manifestado el cardenal Hollerich, de Luxemburgo, apoyando el rearme europeo para ser capaces de defenderse por sí mismos sin contar con Estados Unidos. A la vista de esto, no hay que perder la esperanza de ver incluso a determinados obispos norteamericanos muy liberales alejarse de los postulados lgbt.
Mientras tanto, sigamos rezando por la salud del Papa y también, y de forma especial, por la paz. No sólo no se ha resuelto la situación en Ucrania, sino que ha estallado de nuevo con virulencia el enfrentamiento en Gaza, tras un duro ataque israelita que ha supuesto decenas de muertos y heridos, mientras que siguen sin ser liberados los rehenes en manos de Hamas. Si la división y la mentira son las armas del demonio, la oración, la unidad y la verdad son las armas con que podemos vencer al mal a fuerza de bien.