León, más de Benedicto que de Francisco

16 de enero de 2026.

            Tras el Consistorio extraordinario celebrado la semana pasada, no han dejado de producirse noticias relacionadas con el mismo. De lo que ocurrió dentro, lo más destacado de lo que se ha conocido ha sido la intervención del cardenal Zen, emérito de Hong Kong, y el documento que el cardenal Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto, distribuyó entre los asistentes.

            Zen centró sus críticas en el concepto de sinodalidad promovido por el Papa Francisco y lo hizo delante de cardenales, como Grech, que se identifican con ese concepto, y delante del Papa. Negó que los laicos elegidos para participar en el Sínodo fueran representativos de todo el pueblo de Dios; afirmó que el Sínodo estuvo “férreamente manipulado”, lo cual, a su juicio, constituyó “un insulto a la dignidad de los obispos”; añadió que la continua referencia al Espíritu Santo era “ridícula y casi blasfema”, pues venía a significar que el Espíritu Santo repudiaba la Tradición, o lo que es lo mismo: todo lo que el propio Espíritu Santo había enseñado durante dos mil años; por último, insistió en que el concepto de sinodalidad que se quiere aplicar nos aproxima a la Iglesia anglicana, con la consecuencia desastrosa y caótica que está teniendo en ellos la aceptación de la democracia en la Iglesia.

            Por su parte, Roche justificó la reducción e incluso supresión de la misa tradicional en la necesidad de tener una sola forma de celebrar la Eucaristía en la Iglesia. Olvidó decir que en la Iglesia subsisten numerosos ritos, desde los de las Iglesias católicas orientales hasta otros que fueron importantes en la historia, aunque hoy se celebren mucho menos, como el rito mozárabe de España o el ambrosiano de Milán.

            Además, ha sido significativa la valoración que ha hecho del Papa León XIV, tras el consistorio, la revista italiana, Panorama, que tiene una tirada de 400.000 ejemplares semanales. Para esta revista, León XIV es más parecido a Benedicto XVI que a Francisco, más conservador que liberal. Lo afirma no sólo por lo ocurrido en el consistorio -un ejercicio de sinodalidad en el que se habla, se escucha y se reza, pero en el que no se realizan votaciones para aprobar proposiciones que puedan modificar la doctrina-, sino también por su decisión de volver a estudiar el Concilio Vaticano II, partiendo de los textos aprobados en él y no de las “interpretaciones ideológicas” que lo desfiguraron y que vinieron a llamarse el “espíritu del Concilio”, en función del cual se justificaban desde los abusos litúrgicos a los cambios en las normas morales. Para la revista Panorama, León es mucho más cercano a Benedicto, con su petición de que el Concilio fuese leído con una hermenéutica de continuidad con la Tradición, que a Francisco, que habría optado por apoyar la hermenéutica de ruptura. De hecho, esta semana, en su segunda catequesis sobre el Concilio, dedicada a la Constitución Dogmática “Dei Verbum”, sobre la Revelación, su interpretación no fue en absoluto de ruptura, sino profundamente espiritual, invitando a tener una relación de amistad con Dios y recordando que no se puede hablar de Dios sino se habla con Dios; no hay evangelización posible, si no se reza.

            Ahora hay que ver qué sucede con los nombramientos, que ya no pueden demorarse mucho. El primero de ellos ha sido el del cambio de nuncio en Argentina. Ha sido trasladado a Albania, un país pequeño y con pocos católicos. Todos lo han interpretado con una degradación, una especie de castigo por los nombramientos de obispos llevados a cabo en la patria del anterior Pontífice. Pero, ¿fue libre el nuncio para recomendar esos nombramientos o más bien quedó reducido al papel de cartero que hacía llegar a los interesados la noticia de que habían sido nombrados obispos? En todo caso, el cambio desde Argentina a Albania es significativo e indican por dónde pueden ir las cosas.

            Parece que esta perspectiva de León XIV como más “ratzingeriano” que “bergogliano” está siendo asumida incluso por los más cercanos al difunto Pontífice, que ya aceptan públicamente que es inevitable que haya cambios, aunque siguen defendiendo lo que ellos llaman la herencia del Pontificado anterior. Entre los cambios más llamativos hay que incluir la audiencia concedida a María Corina Machado, llevada a cabo antes de la entrevista de ésta con el presidente Trump, y que es un claro respaldo a la oposición venezolana. El Papa recibió a la reciente Premio Nobel de la Paz con una amplia sonrisa y ella salió de la audiencia entusiasmada. La foto contrasta tremendamente con la que se hizo cuando el Papa Francisco recibió a Maduro y se dejó fotografiar mientras le bendecía. En aquel momento ya se sabía todo sobre la dictadura venezolana, la represión, las cárceles llenas de presos políticos, las torturas, la emigración de millones de venezolanos para salvar su vida. Y el Papa no dudó en hacerse una foto bendiciendo a un dictador asesino. No pasó nada. No hubo críticas ni escándalos, porque los medios de comunicación son, en su inmensísima mayoría, de izquierda. Pero ¿qué hubiera ocurrido si hubiera habido una foto bendiciendo a un dictador de derechas? El clamor y la indignación hubieran sido tan grandes, que el Papa habría tenido que dimitir. Si se busca un contraste entre León y Francisco, pocas cosas hay tan claras como las respectivas fotos con Corina y Maduro. Y en este caso se cumple lo de que una foto vale más que mil palabras.

            Un último apunte de lo ocurrido esta semana: ha comenzado el Año Santo franciscano, con motivo de la celebración del octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís. Como franciscanos de María nos unimos, con gozo y agradecimiento, a ese jubileo, que no sólo nos permitirá recibir la gracia de la indulgencia plenaria para nosotros o para nuestros difuntos, sino que nos ayudará a profundizar en el extraordinario tesoro que es la espiritualidad franciscana.

Seguimos rezando por la Iglesia y por el Papa.

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