La dictadura de los laicos

13 de febrero de 2026.

            Este jueves ha tenido lugar la esperada reunión entre el cardenal Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y el P.Pagliarani, superior general de la Fraternidad San Pío X, la institución fundada por monseñor Lefebvre. La reunión se produce apenas una semana más tarde del anuncio hecho por Pagliarani de que van a ordenar obispos sin contar con el permiso del Papa, lo cual equivaldría a la excomunión automática de los ordenados y del ordenante.

            Doctrina de la Fe emitió enseguida un comunicado en el que se decía que la entrevista había sido cordial y que la oferta hecha a los lefebvrianos era la de darles un estatuto jurídico dentro de la Iglesia, con dos condiciones: suspender las ordenaciones y establecer un diálogo teológico en el que se buscaría un acuerdo sobre qué mínimos tendrían que cumplir los de San Pío X para aceptar el Concilio Vaticano II. Si se encontraran esos mínimos, los de la Fraternidad, serían admitidos plenamente dentro de la Iglesia con un estatuto jurídico propio, que probablemente seria el de una prelatura personal, semejante a la que Benedicto XVI aprobó para los anglicanos que querían incorporarse al catolicismo. La oferta es realmente generosa, aunque es evidente que encontrar ese acuerdo de mínimos no va a ser fácil. De momento, el P.Pagliarani no ha hecho ninguna valoración de la reunión, ni ha anunciado si se suspenderán las ordenaciones previstas para julio.

            El otro cisma en ciernes es el de Alemania. A la espera de que el enviado por el Episcopado alemán, monseñor Overbeck, se reúna con el prefecto del Dicasterio para los Obispos, monseñor Iannone, en los próximos días, la situación en ese país se vuelve de día en día más difícil para los fieles que quieren seguir siendo católicos. Es muy probable que, fuera de Alemania, no se sepa exactamente lo que está pasando, por eso voy a contar dos casos, vividos por personas que conozco, limitándome a exponer lo que ellos me han escrito.

            “Vivo en Alemania, concretamente en Frankfurt, y como española solo puedo ir a la Comunidad Católica en Lengua Española. Nos han vuelto a decir que miremos unos power point donde se nos explica las conclusiones del Camino Sinodal y, para mi sorpresa, el párroco defiende el ejercicio de la homosexualidad siempre que esa pareja de homosexuales «permanezcan fieles». Llegan a justificar que el homosexual es así porque Dios quiso que fuera homosexual. Y mi pregunta es ¿qué debemos hacer entonces? ¿Ya no acudir a esa iglesia? Si acudía a ella, era porque pensaba que se mantenía fiel a Jesús. Si ahora se predica contra el Evangelio, ¿debo seguir yendo a esa iglesia o mejor no acudir más?”.

            En el power point que se les presentó a los feligreses de esa parroquia se dice esto: “Dado que la orientación homosexual pertenece al ser humano, como fue creado por Dios, ella al nivel ético no se ha de juzgar de manera diferente a la orientación heterosexual. Todo ser humano está llamado a integrar su sexualidad en su estilo de vida. Una sexualidad genital responsable en las relaciones con otra persona se basa en el respeto a la dignidad de la persona y la autodeterminación, amor y lealtad, la asunción de responsabilidad recíproca, así como las dimensiones específicas de la fertilidad. Tiene lugar en relaciones marcadas por la exclusividad y la permanencia. La sexualidad vivida en una pareja homosexual por lo tanto no es un pecado en si mismo que separa de Dios, y no debe ser juzgado como algo inherentemente malo. El criterio está en la realización de los valores mencionados”.

            Otro ejemplo, en este caso procedente de Baviera, la región más católica de Alemania. “Las diferencias en las iglesias católicas, no solo son a nivel de región episcopal, sino a nivel de parroquia. Le pongo el siguiente ejemplo que me ha tocado vivir: Yo vivo en un pueblo que está a media hora de Múnich. Tiene 21 mil personas (casi 1/3 procede de la inmigración). El 37% son católicos y hay una parroquia principal y 2 capillas. Junto a este pueblo, hay otro que está pegado (una calle los separa) de 16 mil personas y con los mismos porcentajes sobre inmigración y católicos. Ambos pueblos son llevados por 2 sacerdotes que, visto lo que teníamos antes, son claramente conservadores. Uno es de origen italiano y el otro procede de la India. En mi pueblo, el consejo parroquial se niega a que haya confesiones. En la página web no aparece entre los sacramentos que se imparten. Sin embargo, en el pueblo de al lado sí aparece la confesión como uno de los sacramentos en la página web. Son los sábados el día fijo para confesar. Yo he tomado cierta amistad con el sacerdote indio pues es con quien me confieso de forma regular y le pregunté cuándo los niños que hacen la primera comunión (entre los que está mi hijo mayor) tendrán su primera confesión. Con cara de desagrado me dijo que el consejo ha dicho que no habrá confesiones, mientras que en el pueblo de al lado, sí habrá confesiones para los niños de la primera comunión. Los sacerdotes no pueden hacer nada, no tienen influencia ninguna. Son simples empleados. En el mes del Sagrado Corazón ondea la bandera del arco iris en la parroquia principal de mi pueblo, pero no en la de al lado. Este sábado por la tarde habrá una liturgia de la Palabra (no estarán los curas) que será llevada por la asociación de mujeres católicas de Alemania. Se bendecirán familias y cualquier tipo de pareja. Sin embargo, en el pueblo de al lado – a la misma hora- habrá la misa de víspera de domingo con el cura y sin ningún tipo de bendiciones. Sé que esto no les gusta a los sacerdotes que están ahora, pero se ven impotentes y no pueden hacer nada.  A mí me han dicho claramente que están en contra de lo que dicen los obispos pero que tienen que obedecer”.

            Los que reclaman tolerancia, en cuanto consiguen el poder, se convierten en unos dictadores. Si hoy prohíben la confesión, como hacen los dictadores laicos de esa parroquia bávara, mañana impondrán cualquier otra cosa. Si el cisma que pueden provocar los seguidores de monseñor Lefebvre es grave, el que ya se está viviendo en Alemania, aunque oficialmente no lo sea, es aún peor. Dios quiera que el primero se pueda evitar y que, por otro lado, el Papa no acepte las exigencias del Sínodo alemán, que dejaría abandonados a los católicos que viven en ese país en una situación de auténtico acoso dentro de la propia Iglesia.   

Rezamos y confiamos.

  • 0.000000lag
  • 0.000000lag
  • 0.000000lag
  • 0.000000lag
  • 0.000000lag
  • 0.000000lag
  • 0.000000lag