20 de marzo de 2026.
Cuando aún no se ha calmado el revuelo provocado por la publicación del informe del grupo de estudio nº 5 del Sínodo de los Obispos, en el cual se plantea la posibilidad de que el servicio de gobierno en la Iglesia no esté unido al sacramento del Orden sacerdotal y pueda ser ejercido por mujeres, dos nuevas tormentas se han desatado sobre el Vaticano. Una de ellas, la más notoria e inminente, es la que concierne al juicio contra el cardenal Becciu por malversación de fondos. La otra, de más calado, es el anuncio de que se someterá a revisión la polémica exhortación postsinodal del Papa Francisco sobre la familia, “Amoris laetitia”.
El Tribunal de Apelación del Vaticano ha acogido las demandas de los abogados de los condenados en la primera sentencia, entre ellos el cardenal Becciu, y ha declarado que éstos tienen derecho a acceder a las pruebas que fueron ocultadas durante el juicio, que incluyen parte de la declaración del principal testigo de la acusación, monseñor Perlasca, a cambio de inmunidad, y también uno de los rescriptos del Papa Francisco, dado durante el juicio, que cambió la metodología y que sería equivalente a si en un partido de fútbol o de baloncesto se modificaran las reglas del juego cuando ya el partido está en marcha y se hiciera para favorecer el equipo que juega en casa. El Tribunal de Apelación ha reconocido que ocultar esos y otros datos perjudicaba el derecho de los acusados a defenderse y ha ordenado que se dé a los abogados defensores todos los documentos, para que puedan, en base a ellos, hacer sus alegaciones. A partir de ahí se reanudará de nuevo el juicio y se verá si se mantiene o no la sentencia condenatoria que, mientras tanto, sigue en vigor. De hecho, es una enmienda no sólo al resultado -la condena, entre otros, al cardenal Becciu-, sino a la forma en que se desarrolló el juicio, que omitió las más elementales garantías de los acusados a la legítima defensa, al no conocer las pruebas que se estaban usando contra ellos. Al margen de lo que resulte cuando se reanude el juicio, quien queda malparado es el sistema judicial del Vaticano de la época del Papa Francisco, aunque hay que reconocer que ese mismo sistema judicial, pero en la época del Papa León, ha sido capaz de reconocer sus errores y está intentando corregirlos. La decisión del Tribunal de Apelación ha sido acogida con gran alegría no sólo por los condenados, sino también por todos los que no desean ver a la Iglesia manchada por la sospecha de que sus juicios estén influidos más por simpatías o antipatías que por el respeto a la Ley.
La otra cuestión es la de la revisión de “Amoris laetitia”. El Papa ha convocado a los presidentes de todas las Conferencias Episcopales del mundo a debatir sobre la situación de la familia en el mundo y sobre la polémica exhortación apostólica. La noticia de la convocatoria se hizo este 19 de marzo, coincidiendo con el décimo aniversario de su promulgación, aunque la reunión será en octubre. Hay que recordar que en el capítulo 8 y en la nota a pie de página nº 351 se abre la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar civilmente, y por lo tanto sin haber recibido la nulidad matrimonial y sin haberse casado por la Iglesia nuevamente, puedan recibir la comunión. El nº 305 de la exhortación apostólica afirma que “debido a factores condicionantes o atenuantes, es posible que, dentro de una situación objetiva de pecado – que no es subjetivamente culpable o no lo es del todo – uno pueda vivir en la gracia de Dios, amar y también crecer en la vida de gracia y caridad, recibiendo la ayuda de la Iglesia para este propósito”. Ese número va acompañado con esta nota a pie de página, la 351: “En ciertos casos, también podría ser la ayuda de los Sacramentos. Por esta razón, «recuerdo a los sacerdotes que el confesionario no debe ser una cámara de tortura, sino el lugar de la misericordia del Señor». También señalo que la Eucaristía «no es un premio para los perfectos, sino un remedio generoso y alimento para los débiles”. Se dejaba abierta, por lo tanto, la posibilidad de que, aunque el divorciado vuelto a casar sólo civilmente o incluso el que convive sin casarse ni siquiera civilmente, pudiera comulgar, pues podría ser que, aunque objetivamente estuviera en pecado mortal, no lo estuviera subjetivamente, bien por desconocer la norma o bien por no poder cumplirla. Lo que ocurrió fue que, por un lado, muchos católicos se sintieron escandalizados por el permiso implícito del Papa a comulgar cuando se estaba en situación permanente de adulterio, contraviniendo así la enseñanza de Cristo y de la Iglesia durante dos mil años, mientras que otros muchos, sin discernimiento alguno o buscando sacerdotes complacientes, se acercaron a la comunión aun estando en esa situación objetiva de pecado. Se generalizó en muchos países y en muchísimas parroquias la recepción de la Eucaristía por los divorciados y por los convivientes e incluso se persiguió a los sacerdotes y obispos que se negaron a darles la comunión; un ejemplo de esto fue lo que le ocurrió a monseñor Martínez, obispo de la diócesis argentina de San Luis, al que se le exigió la renuncia por haber rechazado la interpretación laxa de “Amoris laetitia”.
¿Qué va a pasar en octubre? De momento, es muy bueno que el Papa afronte el problema y que lo haga con los obispos que presiden las Conferencias Episcopales. Ese es un acto de auténtica y beneficiosa sinodalidad. En la reunión de octubre habrá prelados que estarán a favor de la comunión de los divorciados vueltos a casar pero también habrá otros que se opongan y adviertan de la ruptura que provocó en la Iglesia la aplicación de esa tolerancia y del sacrilegio que supone permitir que se comulgue en condiciones objetivas de pecado mortal.
Lo que ha provocado alarma ha sido una frase de la convocatoria hecha por el Papa: “El Papa Francisco insiste en «la necesidad de desarrollar nuevos caminos pastorales» y de «fortalecer la educación de los hijos», al mismo tiempo que invita a la Iglesia a «acompañar, discernir e integrar la fragilidad», superando una concepción reductiva de la norma”. ¿Qué significa lo de “superar una concepción reductiva de la norma”? ¿Es una concepción reductiva pedir que se comulgue en gracia? ¿Superar esa concepción reductiva significará aceptar lo que tantos están aplicando, que se pueda comulgar, aunque se viva en adulterio o en pareja sin casarse? La frase del Papa suena, aunque quizá no sea esa su intención, a un apoyo a la práctica seguida en estos años, con la excusa de llevar a cabo una pastoral de acogida a los que viven en una situación irregular. Si se ratificara, el daño para el Señor, presente realmente en la Eucaristía, y para la Iglesia sería irremediable.
No hay que olvidar en ningún momento que la Iglesia no está dirigida por mano humana, sino por el Espíritu Santo. Hay que rezar para que los que la dirigen se dejan guiar por ese Espíritu Santo y no se sometan a las presiones del mundo, aunque éstas vayan revestidas del disfraz de la misericordia. Recemos por el Papa.

