{"id":515,"date":"2015-12-07T18:11:04","date_gmt":"2015-12-07T18:11:04","guid":{"rendered":"http:\/\/franciscanosdemaria.org\/?p=515"},"modified":"2017-09-08T23:39:57","modified_gmt":"2017-09-08T23:39:57","slug":"fe-y-razon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/fe-y-razon\/","title":{"rendered":"Fe y Raz\u00f3n"},"content":{"rendered":"<table border=\"0\" cellpadding=\"10\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div><strong>Uno de los argumentos a que m\u00e1s recurren los que atacan a la Iglesia es el de afirmar que la fe es irracional \u2013y por lo tanto inhumana y desechable- y que la Iglesia es la gran enemiga de la ciencia y del progreso. No importa que los libros de historia est\u00e9n llenos de datos que confirman la protecci\u00f3n de la Iglesia al pensamiento y a la ciencia durante cientos de a\u00f1os \u2013que incluye, por ejemplo, la creaci\u00f3n de las Universidades-, ni que hayan existido cientos de cl\u00e9rigos fil\u00f3sofos o cient\u00edficos \u2013por ejemplo, Cop\u00e9rnico- o miles de laicos que han sido grandes investigadores y profundos creyentes \u2013como Pasteur, que dijo aquello de \u201cun poco de ciencia te aleja de Dios, pero mucha ciencia te devuelve a \u00c9l\u201d-. No importa nada de eso, pues el t\u00f3pico est\u00e1 bien asentado y constituye uno de los axiomas que no hace falta demostrar y sobre los que se ha construido la vida social actual: ser creyente es lo contrario de ser inteligente. Para afrontar esta cuesti\u00f3n, vamos a ver algunos textos de la enc\u00edclica \u201cFides et Ratio\u201d de Juan Pablo II, que luego ser\u00e1n comentados.<\/strong><\/div>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div><strong><u>Fides et Ratio. <\/u><\/strong><strong><u>Selecci\u00f3n de textos:<\/u><\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u201cHay una profunda e inseparable unidad entre el conocimiento de la raz\u00f3n y el de la fe&#8230; La raz\u00f3n y la fe, por tanto, no se pueden separar sin que se reduzca la posibilidad del hombre de conocer de modo adecuado a s\u00ed mismo, al mundo y a Dios.\u201d (n\u00ba 16).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u201cEl hombre, por su naturaleza, busca la verdad. Esta b\u00fasqueda no est\u00e1 destinada s\u00f3lo a la conquista de verdades parciales, factuales o cient\u00edficas; no busca s\u00f3lo el verdadero bien para cada una de sus decisiones. Su b\u00fasqueda tiende hacia una verdad ulterior que pueda explicar el sentido de la vida; por eso es una b\u00fasqueda que no puede encontrar soluci\u00f3n si no es en el absoluto. Gracias a la capacidad del pensamiento, el hombre puede encontrar y reconocer esta verdad. En cuanto vital y esencial para su existencia, esta verdad se logra no s\u00f3lo por v\u00eda racional, sino tambi\u00e9n mediante el abandono confiado en otras personas, que pueden garantizar la certeza y la autenticidad de la verdad misma. La capacidad y la opci\u00f3n de confiarse uno mismo y la propia vida a otra persona constituyen ciertamente uno de los actos antropol\u00f3gicamente m\u00e1s significativos y expresivos&#8230; De todo lo que he dicho hasta aqu\u00ed resulta que el hombre se encuentra en un camino de b\u00fasqueda, humanamente interminable: b\u00fasqueda de verdad y b\u00fasqueda de una persona de quien fiarse. La fe cristiana le ayuda ofreci\u00e9ndole la posibilidad concreta de ver realizado el objetivo de esta b\u00fasqueda. En efecto, superando el estadio de la simple creencia la fe cristiana coloca al hombre en ese orden de gracia que le permite participar en el misterio de Cristo, en el cual se le ofrece el conocimiento verdadero y coherente de Dios Uno y Trino. As\u00ed, en Jesucristo, que es la Verdad, la fe reconoce la llamada \u00faltima dirigida a la humanidad para que pueda llevar a cabo lo que experimenta como deseo y nostalgia\u201d (n\u00ba 33).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u201cEsta verdad, que Dios nos revela en Jesucristo, no est\u00e1 en contraste con las verdades que se alcanzan filosofando. M\u00e1s bien los dos \u00f3rdenes de conocimiento conducen a la verdad en su plenitud. La unidad de la verdad es ya un postulado fundamental de la raz\u00f3n humana, expresado en el principio de no contradicci\u00f3n\u201d (n\u00ba 34).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u201cSanto Tom\u00e1s&#8230; tuvo el gran m\u00e9rito de destacar la armon\u00eda que existe entre la raz\u00f3n y la fe. Argumentaba que la luz de la raz\u00f3n y la luz de la fe proceden ambas de Dios; por tanto, no pueden contradecirse entre s\u00ed. M\u00e1s radicalmente, Tom\u00e1s reconoce que la naturaleza, objeto propio de la filosof\u00eda, puede contribuir a la comprensi\u00f3n de la revelaci\u00f3n divina. La fe, por tanto, no teme la raz\u00f3n, sino que la busca y conf\u00eda en ella. Como la gracia supone la naturaleza y la perfecciona, as\u00ed la fe supone y perfecciona la raz\u00f3n\u201d (n\u00ba 43).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u201cA partir de la baja Edad Media la leg\u00edtima distinci\u00f3n entre los dos saberes se transform\u00f3 progresivamente en una nefasta separaci\u00f3n. Debido al excesivo esp\u00edritu racionalista de algunos pensadores, se radicalizaron las posturas, lleg\u00e1ndose de hecho a una filosof\u00eda separada y absolutamente aut\u00f3noma respecto a los contenidos de la fe. Entre las consecuencias de esta separaci\u00f3n est\u00e1 el recelo cada vez mayor hacia la raz\u00f3n misma. Algunos comenzaron a profesar una desconfianza general, esc\u00e9ptica y agn\u00f3stica, bien para reservar mayor espacio a la fe, o bien para desacreditar cualquier referencia racional posible a la misma. En resumen, lo que el pensamiento patr\u00edstico y medieval hab\u00eda concebido y realizado como unidad profunda, generadora de un conocimiento capaz de llegar a las formas m\u00e1s altas de la especulaci\u00f3n, fue destruido de hecho por los sistemas que asumieron la posici\u00f3n de un conocimiento racional separado de la fe o alternativo a ella\u201d (n\u00ba 45).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u201cEn el \u00e1mbito de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica se ha ido imponiendo una mentalidad positivista que, no s\u00f3lo se ha alejado de cualquier referencia a la visi\u00f3n cristiana del mundo, sino que, y principalmente, ha olvidado toda relaci\u00f3n con la visi\u00f3n metaf\u00edsica y moral. Consecuencia de esto es que algunos cient\u00edficos, carentes de toda referencia \u00e9tica, tienen el peligro de no poner ya en el centro de su inter\u00e9s la persona y la globalidad de su vida. M\u00e1s a\u00fan, algunos de ellos, conscientes de las potencialidades inherentes al progreso t\u00e9cnico, parece que ceden, no s\u00f3lo a la l\u00f3gica del mercado, sino tambi\u00e9n a la tentaci\u00f3n de un poder demi\u00fargico sobre la naturaleza y sobre el ser humano mismo. Adem\u00e1s, como consecuencia de la crisis del racionalismo, ha cobrado entidad el <em>nihilismo<\/em>. Como filosof\u00eda de la nada, logra tener cierto atractivo entre nuestros contempor\u00e1neos. Sus seguidores teorizan sobre la investigaci\u00f3n como fin en s\u00ed misma, sin esperanza ni posibilidad alguna de alcanzar la meta de la verdad. En la interpretaci\u00f3n nihilista la existencia es s\u00f3lo una oportunidad para sensaciones y experiencias en las que tiene la primac\u00eda lo ef\u00edmero. El nihilismo est\u00e1 en el origen de la difundida mentalidad seg\u00fan la cual no se debe asumir ning\u00fan compromiso definitivo, ya que todo es fugaz y provisional\u201d (n\u00ba 46).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u201cLa Revelaci\u00f3n propone claramente algunas verdades que, aun no siendo por naturaleza inaccesibles a la raz\u00f3n, tal vez no hubieran sido nunca descubiertas por ella, si se la hubiera dejado sola. En este horizonte se sit\u00faan cuestiones como el concepto de un Dios personal, libre y creador, que tanta importancia ha tenido para el desarrollo del pensamiento filos\u00f3fico y, en particular, para la filosof\u00eda del ser. A este \u00e1mbito pertenece tambi\u00e9n la realidad del pecado, tal y como aparece a la luz de la fe, la cual ayuda a plantear filos\u00f3ficamente de modo adecuado el problema del mal. Incluso la concepci\u00f3n de la persona como ser espiritual es una originalidad peculiar de la fe. El anuncio cristiano de la dignidad, de la igualdad y de la libertad de los hombres ha influido ciertamente en la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica que los modernos han llevado a cabo\u201d (n\u00ba 76).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u201cOtro peligro considerable es el <em>cientificismo<\/em>. Esta corriente filos\u00f3fica no admite como v\u00e1lidas otras formas de conocimiento que no sean las propias de las ciencias positivas, relegando al \u00e1mbito de la mera imaginaci\u00f3n tanto el conocimiento religioso y teol\u00f3gico, como el saber \u00e9tico y est\u00e9tico. En el pasado, esta misma idea se expresaba en el positivismo y en el neopositivismo, que consideraban sin sentido las afirmaciones de car\u00e1cter metaf\u00edsico. La cr\u00edtica epistemol\u00f3gica ha desacreditado esta postura, que, no obstante, vuelve a surgir bajo la nueva forma del cientificismo. En esta perspectiva, los valores quedan relegados a meros productos de la emotividad y la noci\u00f3n de ser es marginada para dar lugar a lo puro y simplemente f\u00e1ctico. La ciencia se prepara a dominar todos los aspectos de la existencia humana a trav\u00e9s del progreso tecnol\u00f3gico. Los \u00e9xitos innegables de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica y de la tecnolog\u00eda contempor\u00e1nea han contribuido a difundir la mentalidad cientificista, que parece no encontrar l\u00edmites, teniendo en cuenta como ha penetrado en las diversas culturas y como ha aportado en ellas cambios radicales. Se debe constatar lamentablemente que lo relativo a la cuesti\u00f3n sobre el sentido de la vida es considerado por el cientificismo como algo que pertenece al campo de lo irracional o de lo imaginario. No menos desalentador es el modo en que esta corriente de pensamiento trata otros grandes problemas de la filosof\u00eda que, o son ignorados o se afrontan con an\u00e1lisis basados en analog\u00edas superficiales, sin fundamento racional. Esto lleva al empobrecimiento de la reflexi\u00f3n humana, que se ve privada de los problemas de fondo que el <em>animal rationale <\/em>se ha planteado constantemente, desde el inicio de su existencia terrena. En esta perspectiva, al marginar la cr\u00edtica proveniente de la valoraci\u00f3n \u00e9tica, la mentalidad cientificista ha conseguido que muchos acepten la idea seg\u00fan la cual lo que es t\u00e9cnicamente realizable llega a ser por ello moralmente admisible\u201d (n\u00ba 88).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u201cNo menores peligros conlleva el <em>pragmatismo<\/em>, actitud mental propia de quien, al hacer sus opciones, excluye el recurso a reflexiones teor\u00e9ticas o a valoraciones basadas en principios \u00e9ticos. Las consecuencias derivadas de esta corriente de pensamiento son notables. En particular, se ha ido afirmando un concepto de democracia que no contempla la referencia a fundamentos de orden axiol\u00f3gico y por tanto inmutables. La admisibilidad o no de un determinado comportamiento se decide con el voto de la mayor\u00eda parlamentaria. Las consecuencias de semejante planteamiento son evidentes: las grandes decisiones morales del hombre se subordinan, de hecho, a las deliberaciones tomadas cada vez por los \u00f3rganos institucionales. M\u00e1s a\u00fan, la misma antropolog\u00eda est\u00e1 fuertemente condicionada por una visi\u00f3n unidimensional del ser humano, ajena a los grandes dilemas \u00e9ticos y a los an\u00e1lisis existenciales sobre el sentido del sufrimiento y del sacrificio, de la vida y de la muerte\u201d (n\u00ba 89).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u201cCreer en la posibilidad de conocer una verdad universalmente v\u00e1lida no es en modo alguno fuente de intolerancia; al contrario, es una condici\u00f3n necesaria para un di\u00e1logo sincero y aut\u00e9ntico entre las personas\u201d (n\u00ba 92).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u201cLa Iglesia est\u00e1 profundamente convencida de que fe y raz\u00f3n \u00abse ayudan mutuamente\u00bb, ejerciendo rec\u00edprocamente una funci\u00f3n tanto de examen cr\u00edtico y purificador, como de est\u00edmulo para progresar en la b\u00fasqueda y en la profundizaci\u00f3n\u201d (n\u00ba 100).<\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong><u>Argumentaci\u00f3n:<\/u><\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div>La doctrina de la Iglesia, tal y como deja claro la enc\u00edclica, es que no hay oposici\u00f3n entre verdad cient\u00edfica o filos\u00f3fica y verdad de fe. Como dec\u00eda Santo Tom\u00e1s, ambas proceden de Dios y no pueden contradecirse entre s\u00ed. Si en alg\u00fan caso se plantea una contradicci\u00f3n, hay que considerar que \u00e9sta es tan s\u00f3lo aparente y que se trata de una mala interpretaci\u00f3n de una u otra parte. La filosof\u00eda y la ciencia, por su parte, no agotan todo el saber humano, que es completado por la Revelaci\u00f3n. Adem\u00e1s, ambas \u2013filosof\u00eda y ciencia- en cuanto practicadas por el hombre est\u00e1n abiertas a la confianza en alguien, pues el hombre necesita no s\u00f3lo saber sino tambi\u00e9n confiar \u2013por ejemplo, en el ser amado, en el partido pol\u00edtico al que vota, en que el sem\u00e1foro que le da paso funciona correctamente, en el m\u00e9dico que le atiende&#8230;.-, con lo cual se demuestra que la confianza \u2013elemento fundamental de la fe- no s\u00f3lo no es inhumana ni est\u00e1 re\u00f1ida con la inteligencia sino que es esencial a la naturaleza del hombre y sin ella no se podr\u00eda vivir. Lo que va a hacer el cristianismo es ofrecer, como dice la enc\u00edclica, \u201cuna persona de quien fiarse\u201d con total garant\u00eda y esa persona es Jesucristo. Un cat\u00f3lico podr\u00e1 decir: \u201cMe f\u00edo de mi raz\u00f3n y me f\u00edo de Cristo, porque la una me abre unos horizontes y el otro, Jes\u00fas, me abre otros distintos y complementarios\u201d.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Esos horizontes que abre Cristo, que abre la fe cristiana, no est\u00e1n re\u00f1idos con los que abren la filosof\u00eda y la ciencia \u2013los dos campos en que trabaja la raz\u00f3n-. Mas bien, como dice la enc\u00edclica, \u201clos dos \u00f3rdenes de conocimiento conducen a la verdad en su plenitud\u201d (n\u00ba 34). Es como si, teniendo dos ojos para ver, tuvi\u00e9ramos que elegir entre uno u otro; lo mejor es, sin ninguna duda, poder ver n\u00edtidamente con ambos a la vez.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El problema, pues, no es de ra\u00edz, como si lo que la fe ense\u00f1a estuviera por naturaleza en contraposici\u00f3n con lo que ense\u00f1a la raz\u00f3n. El problema est\u00e1 en qu\u00e9 ha ocurrido y est\u00e1 ocurriendo con el pensamiento y qu\u00e9 ha ocurrido o puede estar ocurriendo con la teolog\u00eda. El Papa lo plantea muy bien en la enc\u00edclica, se\u00f1alando los peligros para ambas disciplinas cuando se alejan la una de la otra. Si bien la teolog\u00eda sin la raz\u00f3n \u2013cosa que no sucede en el catolicismo- puede degenerar en fundamentalismo, en general no es esa la desviaci\u00f3n m\u00e1s frecuente, al menos entre nosotros. S\u00ed es frecuente, en cambio, la desviaci\u00f3n contraria: la raz\u00f3n se considera autosuficiente, se siente orgullosa de sus logros \u2013sobre todo en el \u00e1mbito cient\u00edfico- y desprecia a la fe y a lo que ella lleva consigo, como es la \u00e9tica \u201cConsecuencia de esto es que algunos cient\u00edficos, carentes de toda referencia \u00e9tica, tienen el peligro de no poner ya en el centro de su inter\u00e9s la persona\u201d (n\u00ba 46). \u201cSe debe constatar lamentablemente que lo relativo a la cuesti\u00f3n sobre el sentido de la vida es considerado por el cientificismo como algo que pertenece al campo de lo irracional o de lo imaginario&#8230; En esta perspectiva, al marginar la cr\u00edtica proveniente de la valoraci\u00f3n \u00e9tica, la mentalidad cientificista ha conseguido que muchos acepten la idea seg\u00fan la cual lo que es t\u00e9cnicamente realizable llega a ser por ello moralmente admisible\u201d (n\u00ba 88). Es decir, una raz\u00f3n encerrada en s\u00ed misma termina por olvidar la \u00e9tica y, como consecuencia, se muestra capaz de conseguir avances t\u00e9cnicos que pueden ser destructivos para el hombre; la crisis ecol\u00f3gica, como antes lo fuera la crisis at\u00f3mica, son una muestra de ello. Por eso Juan Pablo II dec\u00eda: \u201cS\u00ed a la ciencia con conciencia\u201d, s\u00ed a la ciencia cuando no olvida la \u00e9tica, cuando no se cierra a lo que, al menos desde esa perspectiva, aporta la religi\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Concluyendo, tener fe no hace menos inteligente al hombre o no le impide desarrollar su inteligencia. Le abre a otra dimensi\u00f3n, complementaria, que con la sola luz de su raz\u00f3n no podr\u00eda alcanzar. Adem\u00e1s, le va a impedir caer en el subjetivismo \u00e9tico o, lo que es a\u00fan peor, en el nihilismo (\u201cseg\u00fan el cual no se debe asumir ning\u00fan compromiso definitivo, ya que todo es fugaz y provisional\u201d n\u00ba 46), poniendo siempre ante su mirada una barrera que no debe franquear: la de los derechos humanos, la de que la ciencia y la t\u00e9cnica est\u00e9n al servicio del hombre, de todos los hombres. Uno de los m\u00e1s famosos grabados de Goya lleva por t\u00edtulo: \u201cEl sue\u00f1o de la raz\u00f3n produce monstruos\u201d; se podr\u00eda aplicar al debate entre ciencia y fe, diciendo: \u201cLa omisi\u00f3n de la fe por la raz\u00f3n produce monstruos que destruyen al hombre\u201d. Una vez m\u00e1s, Cristo se nos muestra como el Salvador, no s\u00f3lo de enemigos externos a nosotros, sino del enemigo que habita en nuestro propio interior, el que nos lleva a creer que no necesitamos a nadie para salvarnos, que nos sobramos a nosotros mismos con nuestra inteligencia y nuestra voluntad. Ese enemigo se llama soberbia.<\/div>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno de los argumentos a que m\u00e1s recurren los que atacan a la Iglesia es el de afirmar que la fe es irracional \u2013y por lo tanto inhumana y desechable- y que la Iglesia es la gran enemiga de la<span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span><\/p>\n<div class=\"read-more\"><a href=\"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/fe-y-razon\/\">Leer m\u00e1s \u203a<\/a><\/div>\n<p><!-- end of .read-more --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[8],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/515"}],"collection":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=515"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/515\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":516,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/515\/revisions\/516"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=515"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=515"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=515"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}