{"id":571,"date":"2015-12-07T17:26:26","date_gmt":"2015-12-07T17:26:26","guid":{"rendered":"http:\/\/franciscanosdemaria.org\/?p=571"},"modified":"2017-09-07T16:33:21","modified_gmt":"2017-09-07T16:33:21","slug":"la-reencarnacion-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/la-reencarnacion-ii\/","title":{"rendered":"La reencarnaci\u00f3n (II)"},"content":{"rendered":"<p>26<\/p>\n<table border=\"0\" cellpadding=\"10\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div><strong>En el cap\u00edtulo anterior dedicado a la reencarnaci\u00f3n, vimos c\u00f3mo Dios fue revelando al pueblo de Israel -tal como cuenta el Antiguo Testamento- que la vida es una y que el alma y el cuerpo son dos realidades de la misma persona. Continuamos ahora ofreciendo el desarrollo de la fe en la resurrecci\u00f3n en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, que rechazan totalmente la idea de la reencarnaci\u00f3n despu\u00e9s de la muerte.<\/strong><\/div>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div>Fue en torno al a\u00f1o 200 antes de Cristo cuando se ilumin\u00f3 para siempre el tema del m\u00e1s all\u00e1 en el Antiguo Testamento. En esa \u00e9poca entr\u00f3 en el pueblo jud\u00edo la fe en la resurrecci\u00f3n, y qued\u00f3 definitivamente descartada la posibilidad de la reencarnaci\u00f3n.<br \/>\nSeg\u00fan esta novedosa creencia, al morir una persona, recupera la vida inmediatamente. Pero no en la tierra, sino en otra dimensi\u00f3n llamada \u201cla eternidad\u201d. Y comienza a vivir una vida distinta, sin l\u00edmites de tiempo ni espacio. Una vida que ya no puede morir m\u00e1s. Es la denominada Vida Eterna.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Esta ense\u00f1anza aparece por primera vez, en la Biblia, en el libro de Daniel. All\u00ed, un \u00e1ngel le revela este gran secreto: \u201cLa multitud de los que duermen en la tumba se despertar\u00e1n, unos para la vida eterna, y otros para la verg\u00fcenza y el horror eterno\u201d (12,2). Por lo tanto, queda claro que el paso que sigue inmediatamente a la muerte es la Vida Eterna, la cual ser\u00e1 dichosa para los buenos y dolorosa para los pecadores. Pero ser\u00e1 eterna.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La segunda vez que la encontramos, es en un relato en el que el rey Ant\u00edoco IV de Siria tortura a siete hermanos jud\u00edos para obligarlos a abandonar su fe. Mientras mor\u00eda, el segundo dijo al rey: \u201cT\u00fa nos privas de la vida presente, pero el Rey del mundo a nosotros nos resucitar\u00e1 a una vida eterna\u201d (2 Mac 7,9). Y al morir, el s\u00e9ptimo exclam\u00f3: \u201cMis hermanos, despu\u00e9s de haber soportado una corta pena, gozan ahora de la vida eterna\u201d (2 Mac 7,36).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Para el Antiguo Testamento, pues, resulta imposible volver a la vida terrena despu\u00e9s de morir. Por m\u00e1s breve y dolorosa que haya sido la existencia humana, luego de la muerte comienza la resurrecci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Jesucristo, con su autoridad de Hijo de Dios, confirm\u00f3 oficialmente esta doctrina. Con la par\u00e1bola del rico Epul\u00f3n (Lc 16,19.31), cont\u00f3 c\u00f3mo al morir un pobre mendigo llamado L\u00e1zaro los \u00e1ngeles lo llevaron inmediatamente al cielo. Por aquellos d\u00edas muri\u00f3 tambi\u00e9n un hombre rico e insensible, y fue llevado al infierno para ser atormentado por el fuego de las llamas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>No dijo Jes\u00fas que a este hombre rico le correspondiera reencarnarse para purgar sus numerosos pecados en la tierra. Al contrario, la par\u00e1bola explica que por haber utilizado injustamente los muchos bienes que hab\u00eda recibido en la tierra, deb\u00eda \u201cahora\u201d (es decir, en el m\u00e1s all\u00e1, en la vida eterna, y no en la tierra) pagar sus culpas (v.25). El rico, desesperado, suplica que le permitan a L\u00e1zaro volver a la tierra (o sea, que se reencarne) porque tiene cinco hermanos tan pecadores como \u00e9l, a fin de advertirles lo que les espera si no cambian de vida (v.27.28). Pero le contestan que no es posible, porque entre este mundo y el otro hay un abismo que nadie puede atravesar (v.26).<br \/>\nLa angustia del rico condenado le viene, justamente, al constatar que sus hermanos tambi\u00e9n tienen una sola vida para vivir, una \u00fanica posibilidad, una \u00fanica oportunidad para darle sentido a la existencia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Cuando Jes\u00fas mor\u00eda en la cruz, cuenta el Evangelio que uno de los ladrones crucificado a su lado le pidi\u00f3: \u201cJes\u00fas, acu\u00e9rdate de m\u00ed cuando vayas a tu reino\u201d. Si Jes\u00fas hubiera admitido la posibilidad de la reencarnaci\u00f3n, tendr\u00eda que haberle dicho: \u201cTen paciencia, tus cr\u00edmenes son muchos; debes pasar por varias reencarnaciones hasta purificarte completamente\u201d. Pero su respuesta fue: \u201cTe aseguro que hoy estar\u00e1s conmigo en el Para\u00edso\u201d (Lc 23,43). Si \u201choy\u201d iba a estar en el Para\u00edso, es porque nunca m\u00e1s pod\u00eda volver a nacer en este mundo. San Pablo tambi\u00e9n rechaza la reencarnaci\u00f3n. En efecto, al escribir a los filipenses les dice: \u201cMe siento apremiado por los dos lados. Por una parte, quisiera morir para estar ya con Cristo. Pero por otra, es m\u00e1s necesario para ustedes que yo me quede a\u00fan en este mundo\u201d (1,23.24). Si hubiera cre\u00eddo posible la reencarnaci\u00f3n, in\u00fatiles habr\u00edan sido sus deseos de morir, ya que volver\u00eda a encontrarse con la frustraci\u00f3n de una nueva vida terrenal. Una total incoherencia<br \/>\nY explicando a los corintios lo que sucede el d\u00eda de nuestra muerte, les dice: \u201cEn la resurrecci\u00f3n de los muertos, se entierra un cuerpo corruptible y resucita uno incorruptible, se entierra un cuerpo humillado y resucita uno glorioso, se entierra un cuerpo d\u00e9bil y resucita uno fuerte, se entierra un cuerpo material y resucita uno espiritual (1 Cor 15,42.44).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00bfPuede, entonces, un cristiano creer en la reencarnaci\u00f3n? Queda claro que no. La idea de tomar otro cuerpo y regresar a la tierra despu\u00e9s de la muerte es absolutamente incompatible con las ense\u00f1anzas de la Biblia. La afirmaci\u00f3n b\u00edblica m\u00e1s contundente y lapidaria de que la reencarnaci\u00f3n es insostenible, la trae la carta a los Hebreos: \u201cEst\u00e1 establecido que los hombres mueren una sola vez, y despu\u00e9s viene el juicio\u201d (9,27).<br \/>\nPero no s\u00f3lo las Sagradas Escrituras impiden creer en la reencarnaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n el sentido com\u00fan. En efecto, que ella explique las simpat\u00edas y antipat\u00edas entre las personas, los desentendimientos de los matrimonios, las desigualdades en la inteligencia de la gente, o las muertes precoces, ya no es aceptado seriamente por nadie. La moderna psicolog\u00eda ha ayudado a aclarar, de manera cient\u00edfica y concluyente, el porqu\u00e9 de \u00e9stas y otras manifestaciones extra\u00f1as de la personalidad humana, sin imponer a nadie la creencia en la reencarnaci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La reencarnaci\u00f3n, por lo tanto, es una doctrina incompatible con la fe cristiana, propia de una mentalidad primitiva, destructora de la esperanza en la otra vida, in\u00fatil para dar respuestas a los enigmas de la vida, y lo que es peor, peligrosa por ser una invitaci\u00f3n a la irresponsabilidad. En efecto, si uno cree que va a tener varias vidas m\u00e1s, adem\u00e1s de \u00e9sta, corre el riesgo de no plantearse con toda seriedad la vida presente, ni pondr\u00e1 gran empe\u00f1o en lo que hace, ni le importar\u00e1 demasiado su obrar. Total, siempre pensar\u00e1 que le aguardan otras reencarnaciones para mejorar la desidia de \u00e9sta, por m\u00e1s que crea que esas reencarnaciones van a ser a una vida peor. Adem\u00e1s, la fe en la reencarnaci\u00f3n ha llevado a muchos a no ayudar a los que sufren, pues ven en su sufrimiento el castigo impuesto por Dios por los pecados cometidos en la otra vida; algo equivalente a lo que padecen los que est\u00e1n en la c\u00e1rcel; si sufren es porque se lo han merecido en la vida anterior y eso es bueno para ellos porque as\u00ed se purifican. La conclusi\u00f3n es la ausencia, mayor o menor, de caridad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero si uno sabe que el milagro de existir no se repetir\u00e1, que tiene s\u00f3lo esta vida para cumplir sus sue\u00f1os, s\u00f3lo estos a\u00f1os para realizarse, s\u00f3lo estos d\u00edas y estas noches para ser feliz con las personas que ama, entonces se cuidar\u00e1 muy bien de maltratar el tiempo, de perderlo en trivialidades, de desperdiciar las oportunidades. Vivir\u00e1 cada minuto con intensidad, pondr\u00e1 lo mejor de s\u00ed en cada encuentro, y no permitir\u00e1 que se le escape ninguna coyuntura que la vida le ofrezca. Sabe que no retornar\u00e1n y da gracias a Dios por el tiempo concedido.<\/div>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>26 En el cap\u00edtulo anterior dedicado a la reencarnaci\u00f3n, vimos c\u00f3mo Dios fue revelando al pueblo de Israel -tal como cuenta el Antiguo Testamento- que la vida es una y que el alma y el cuerpo son dos realidades de<span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span><\/p>\n<div class=\"read-more\"><a href=\"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/la-reencarnacion-ii\/\">Leer m\u00e1s \u203a<\/a><\/div>\n<p><!-- end of .read-more --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[8],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/571"}],"collection":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=571"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/571\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":585,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/571\/revisions\/585"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=571"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=571"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=571"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}