{"id":575,"date":"2015-12-07T17:24:27","date_gmt":"2015-12-07T17:24:27","guid":{"rendered":"http:\/\/franciscanosdemaria.org\/?p=575"},"modified":"2017-09-07T16:26:55","modified_gmt":"2017-09-07T16:26:55","slug":"los-obispos-espanoles-hablan-del-laicismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/los-obispos-espanoles-hablan-del-laicismo\/","title":{"rendered":"Los obispos espa\u00f1oles hablan del laicismo"},"content":{"rendered":"<table border=\"0\" cellpadding=\"10\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div><strong>En noviembre de 2006, la Conferencia Episcopal espa\u00f1ola aprob\u00f3 un documento titulado \u201cOrientaciones morales sobre la situaci\u00f3n actual de Espa\u00f1a\u201d. Entre otras cosas, el documento afronta el grave problema del crecimiento del laicismo en nuestro pa\u00eds, que se pone de manifiesto, por ejemplo, en las dificultades a la clase de religi\u00f3n en la ense\u00f1anza p\u00fablica, en la valoraci\u00f3n de esa asignatura a todos los niveles, y en la implantaci\u00f3n de una asignatura nueva, obligatoria, \u201cEducaci\u00f3n para la ciudadan\u00eda\u201d, que pretender convertirse en un instrumento laicista de adoctrinamiento para ni\u00f1os y j\u00f3venes. Por su inter\u00e9s, publicamos el texto \u00edntegro del cap\u00edtulo primero del documento episcopal, sobre el laicismo.<\/strong><\/div>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div>La cuesti\u00f3n del laicismo aparece en el informe de la Conferencia Episcopal espa\u00f1ola sobre algunos problemas morales existentes en nuestro pa\u00eds, desde el principio del documento. De hecho, es la cuesti\u00f3n que lo permea todo y que subyace a los diferentes problemas que el informe va tratando a lo largo de sus p\u00e1ginas. Ya en el t\u00edtulo del cap\u00edtulo primero queda clara la denuncia: \u201cUna situaci\u00f3n nueva: fuerte oleada de laicismo\u201d. Este cap\u00edtulo, por su extraordinario inter\u00e9s, es el que ofrecemos \u00edntegramente a continuaci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u201cEs ya un t\u00f3pico referirse a los r\u00e1pidos y profundos cambios que se han dado en la sociedad espa\u00f1ola en los \u00faltimos decenios. Lo cierto es que nuestra historia reciente es m\u00e1s agitada y convulsa de lo que ser\u00eda deseable. No se puede comprender bien lo que estamos viviendo en la actualidad, si no lo vemos en la perspectiva de lo ocurrido a lo largo del siglo pasado, respetando serenamente la verdad entera de la complejidad de los hechos. No vamos a entrar ahora en an\u00e1lisis pormenorizados a este respecto. Basta tener en cuenta la historia, a veces dram\u00e1tica, como maestra de sensatez y cordura.<br \/>\nS\u00f3lo queremos referirnos a dos datos de la historia reciente que tienen para nosotros especial importancia. El primero es el advenimiento de la democracia en Espa\u00f1a. El final del r\u00e9gimen pol\u00edtico anterior, despu\u00e9s de cuarenta a\u00f1os de duraci\u00f3n, fue un momento hist\u00f3rico delicado, lleno de posibilidades y de riesgos. En aquella coyuntura, la Iglesia que peregrina en Espa\u00f1a, iluminada por el reciente Concilio Vaticano II y en estrecha comuni\u00f3n con la Santa Sede, superando cualquier a\u00f1oranza del pasado, colabor\u00f3 decididamente para hacer posible la democracia, con el pleno reconocimiento de los derechos fundamentales de todos, sin ninguna discriminaci\u00f3n por razones religiosas. Esta decidida actitud de la Iglesia y de los cat\u00f3licos facilit\u00f3 una transici\u00f3n fundada sobre el consenso y la reconciliaci\u00f3n entre los espa\u00f1oles. As\u00ed, parec\u00eda definitivamente superada la tr\u00e1gica divisi\u00f3n de la sociedad que nos hab\u00eda llevado al horror de la guerra civil, con su cortejo de atrocidades.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Perd\u00f3n, reconciliaci\u00f3n, paz y convivencia, fueron los grandes valores morales que la Iglesia proclam\u00f3 y que la mayor\u00eda de los cat\u00f3licos y de los espa\u00f1oles en general vivieron intensamente en aquellos momentos. Sobre el trasfondo espiritual de la reconciliaci\u00f3n fue posible la Constituci\u00f3n de 1978, basada en el consenso de todas las fuerzas pol\u00edticas, que ha propiciado treinta a\u00f1os de estabilidad y prosperidad, con las excepciones de las tensiones normales en una democracia moderna, poco experimentada, y de los obstinados ataques del terrorismo contra la vida y seguridad de los ciudadanos y contra el libre funcionamiento de las instituciones democr\u00e1ticas. Cuando ahora se dice que la Iglesia cat\u00f3lica es \u201cun peligro para la democracia\u201d, se olvida que la Iglesia y los cat\u00f3licos espa\u00f1oles colaboraron al establecimiento de la democracia y han respetado sus normas e instituciones lealmente en todo momento.<br \/>\nAl parecer, quedan desconfianzas y reivindicaciones pendientes. Pero todos debemos procurar que no se deterioren ni se dilapiden los bienes alcanzados. Una sociedad que parec\u00eda haber encontrado el camino de su reconciliaci\u00f3n y distensi\u00f3n, vuelve a hallarse dividida y enfrentada. Una utilizaci\u00f3n de la \u201cmemoria hist\u00f3rica\u201d, guiada por una mentalidad selectiva, abre de nuevo viejas heridas de la guerra civil y aviva sentimientos encontrados que parec\u00edan estar superados. Estas medidas no pueden considerarse un verdadero progreso social, sino m\u00e1s bien un retroceso hist\u00f3rico y c\u00edvico, con riesgo evidente de tensi\u00f3n, discriminaci\u00f3n y alteraci\u00f3n de una tranquila convivencia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El otro factor que queremos resaltar, porque es decisivo para interpretar y valorar desde la fe las nuevas circunstancias, es el desarrollo alarmante del laicismo en nuestra sociedad. No se trata del reconocimiento de la justa autonom\u00eda del orden temporal, en sus instituciones y procesos, algo que es enteramente compatible con la fe cristiana y hasta directamente favorecido y exigido por ella . Se trata, m\u00e1s bien, de la voluntad de prescindir de Dios en la visi\u00f3n y la valoraci\u00f3n del mundo, en la imagen que el hombre tiene de s\u00ed mismo, del origen y t\u00e9rmino de su existencia, de las normas y los objetivos de sus actividades personales y sociales.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Dentro de un cambio cultural muy amplio, Espa\u00f1a se ve invadida por un modo de vida en el que la referencia a Dios es considerada como una deficiencia en la madurez intelectual y en el pleno ejercicio de la libertad. Vivimos en un mundo en donde se va implantando la comprensi\u00f3n atea de la propia existencia: \u201csi Dios existe, no soy libre; si yo soy libre no puedo reconocer la existencia de Dios\u201d. \u00c9ste -aunque no siempre se perciba con tal explicitud intelectual- es el problema radical de nuestra cultura: el de la negaci\u00f3n de Dios y el de un vivir \u201ccomo si Dios no existiera\u201d. La extensi\u00f3n del ate\u00edsmo provoca alteraciones profundas en la vida de las personas, puesto que el conocimiento de Dios constituye la ra\u00edz viva y profunda de la cultura de los pueblos, y es el factor m\u00e1s influyente en la configuraci\u00f3n de su proyecto de vida, personal, familiar y comunitario.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El mal radical del momento consiste, pues, en algo tan antiguo como el deseo ilusorio y blasfemo de ser due\u00f1os absolutos de todo, de dirigir nuestra vida y la vida de la sociedad a nuestro gusto, sin contar con Dios, como si fu\u00e9ramos verdaderos creadores del mundo y de nosotros mismos. De ah\u00ed, la exaltaci\u00f3n de la propia libertad como norma suprema del bien y del mal y el olvido de Dios, con el consiguiente menosprecio de la religi\u00f3n y la consideraci\u00f3n idol\u00e1trica de los bienes del mundo como si fueran el bien supremo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Benedicto XVI, con su habitual sencillez y profundidad, analiz\u00f3 hace poco esta misma situaci\u00f3n en su discurso al IV Congreso Nacional de la Iglesia en Italia. Resumimos aqu\u00ed algunas de sus afirmaciones m\u00e1s iluminadoras para nosotros:<br \/>\nEn el mundo occidental se est\u00e1 produciendo un nueva oleada de ilustraci\u00f3n y de laicismo que arrastra a muchos a pensar que s\u00f3lo ser\u00eda racionalmente v\u00e1lido lo experimentable y mensurable, o lo susceptible de ser construido por el ser humano, y que les induce a hacer de la libertad individual un valor absoluto, al que todos los dem\u00e1s tendr\u00edan que someterse. La fe en Dios resulta as\u00ed m\u00e1s dif\u00edcil, entre otras cosas, porque vivimos encerrados en un mundo que parece ser del todo obra humana y no nos ayuda a descubrir la presencia y la bondad de Dios Creador y Padre. Una determinada cultura moderna, que pretend\u00eda engrandecer al hombre, coloc\u00e1ndolo en el centro de todo, termina parad\u00f3jicamente por reducirlo a un mero fruto del azar, impersonal, ef\u00edmero y, en definitiva, irracional: una nueva expresi\u00f3n del nihilismo. Sin referencias al verdadero Absoluto, la \u00e9tica queda reducida a algo relativo y mudable, sin fundamento suficiente, ni consecuencias personales y sociales determinantes. Todo ello comporta una ruptura con las tradiciones religiosas y no responde a las grandes cuestiones que mueven al ser humano.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En nuestro caso, este proyecto implica la quiebra de todo un patrimonio espiritual y cultural, enraizado en la memoria y la adoraci\u00f3n de Jesucristo y, por tanto, el abandono de valiosas instituciones y tradiciones nacidas y nutridas de esa cultura. Se dir\u00eda que se pretende construir artificialmente una sociedad sin referencias religiosas, exclusivamente terrena, sin culto a Dios ni aspiraci\u00f3n ninguna a la vida eterna, fundada \u00fanicamente en nuestros propios recursos y orientada casi exclusivamente hacia el mero goce de los bienes de la tierra.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El proceso de descristianizaci\u00f3n y deterioro moral de la vida personal, familiar y social, se ve favorecido por ciertas caracter\u00edsticas objetivas de nuestra vida, tales como el r\u00e1pido enriquecimiento, la multiplicidad de ofertas para el ocio, el exceso de ocupaciones o la obnubilaci\u00f3n de la conciencia ante el r\u00e1pido desarrollo de los recursos de la ciencia y de la t\u00e9cnica. M\u00e1s profundamente, la expansi\u00f3n de este proceso ha sido facilitada por la escasa formaci\u00f3n religiosa de muchas personas, creyentes y no creyentes, por ciertas ideas desfiguradas de Dios y de la verdadera religi\u00f3n, por la falta de coherencia en la vida y actuaciones de muchos cristianos, y por la influencia de ideas equivocadas sobre el origen, la naturaleza y el destino del hombre; y, no en \u00faltimo t\u00e9rmino, por la debilidad moral de todos nosotros y la seducci\u00f3n de los bienes de este mundo: por \u201cla codicia, que es una verdadera idolatr\u00eda\u201d (Col 3, 5).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Muchos ten\u00edan la esperanza de que el ordenamiento democr\u00e1tico de nuestra convivencia, regido por la Constituci\u00f3n de 1978, y apoyado en la reconciliaci\u00f3n y el consenso entre los espa\u00f1oles, nos permitir\u00eda superar los viejos enfrentamientos que nos han dividido y empobrecido a nuestra patria, uno de los cuales era sin duda el enfrentamiento entre catolicismo y laicismo, entendidos como formas de vida excluyentes e incompatibles. Y es posible que as\u00ed fuera. Ahora vemos con pesadumbre que en los \u00faltimos a\u00f1os vuelve a manifestarse entre nosotros una desconfianza y un rechazo de la Iglesia y de la religi\u00f3n cat\u00f3lica que se presenta como algo m\u00e1s radical y profundo que la vuelta al viejo anticlericalismo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>As\u00ed, el laicismo va configurando una sociedad que, en sus elementos sociales y p\u00fablicos, se enfrenta con los valores m\u00e1s fundamentales de nuestra cultura, deja sin ra\u00edces a instituciones tan fundamentales como el matrimonio y la familia, diluye los fundamentos de la vida moral, de la justicia y de la solidaridad y sit\u00faa a los cristianos en un mundo culturalmente extra\u00f1o y hostil. No se trata de imponer los propios criterios morales a toda la sociedad. Sabemos perfectamente que la fe en Jesucristo es a la vez un don de Dios y una libre decisi\u00f3n de cada persona, favorecida por la raz\u00f3n y ayudada por la asistencia divina. Pero para nosotros es claro que todo lo que sea introducir ideas y costumbres contrarias a la ley natural, fundada en la recta raz\u00f3n y en el patrimonio espiritual y moral hist\u00f3ricamente acumulado por las sociedades, debilita los fundamentos de la justicia y deteriora la vida de las personas y de la sociedad entera.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En no pocos ambientes resulta dif\u00edcil manifestarse como cristiano: parece que lo \u00fanico correcto y a la altura de los tiempos es hacerlo como agn\u00f3stico y partidario de un laicismo radical y excluyente. Algunos sectores pretenden excluir a los cat\u00f3licos de la vida p\u00fablica y acelerar la implantaci\u00f3n del laicismo y del relativismo moral como \u00fanica mentalidad compatible con la democracia. Tal parece ser la interpretaci\u00f3n correcta de las dificultades crecientes para incorporar el estudio libre de la religi\u00f3n cat\u00f3lica en los curr\u00edculos de la escuela p\u00fablica. En este mismo sentido apuntan las leyes y declaraciones contrarias a la ley natural, que deterioran el bien moral de la sociedad, formada en buena parte por cat\u00f3licos, como es el caso de la ins\u00f3lita definici\u00f3n legal del matrimonio con exclusi\u00f3n de toda referencia a la diferencia entre el var\u00f3n y la mujer, el apoyo a la llamada \u201cideolog\u00eda de g\u00e9nero\u201d, la ley del \u201cdivorcio expr\u00e9s\u201d, la creciente tolerancia con el aborto, la producci\u00f3n de seres humanos como material de investigaci\u00f3n, y el anunciado programa de la nueva asignatura, con car\u00e1cter obligatorio, denominada \u201cEducaci\u00f3n para la ciudadan\u00eda\u201d, con el riesgo de una inaceptable intromisi\u00f3n del Estado en la educaci\u00f3n moral de los alumnos, cuya responsabilidad primera corresponde a la familia y a la escuela.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La solidaridad con la sociedad de la que formamos parte, el amor a nuestros conciudadanos y la responsabilidad que tenemos ante Dios, nos impulsan a advertir de los grandes males que se pueden seguir -y que ya est\u00e1n apareciendo entre nosotros- del oscurecimiento y debilitamiento de la conciencia moral que conllevan disposiciones como las mencionadas. Al hacerlo as\u00ed, no perseguimos ning\u00fan inter\u00e9s particular. Nuestro prop\u00f3sito es s\u00f3lo estimular la responsabilidad de todos y provocar una reflexi\u00f3n social que nos permita corregir a tiempo un rumbo que nos parece equivocado y peligroso. Cuando hemos alcanzado tantas cosas buenas que nunca hab\u00edamos logrado, no tenemos por qu\u00e9 abandonar otros valores de orden espiritual y moral que forman parte de nuestro patrimonio y que hemos recibido de nuestros antepasados como bienes de valor inestimable.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Declaramos de nuevo nuestro deseo de vivir y convivir en esta sociedad respetando lealmente sus instituciones democr\u00e1ticas, reconociendo a las autoridades leg\u00edtimas, obedeciendo las leyes justas y colaborando espec\u00edficamente en el bien com\u00fan. Nadie tiene que temer agresiones ni deslealtades para con la vida democr\u00e1tica por parte de los cat\u00f3licos. Nuestro deseo es ir encontrando poco a poco el ordenamiento justo para que todos podamos vivir de acuerdo con nuestras convicciones, sin que nadie pretenda imponer a nadie sus puntos de vista por procedimientos desleales e injustos. Los cat\u00f3licos pedimos \u00fanicamente respeto a nuestra identidad y libertad para anunciar el mensaje de Cristo como Salvador universal\u201d.<\/div>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En noviembre de 2006, la Conferencia Episcopal espa\u00f1ola aprob\u00f3 un documento titulado \u201cOrientaciones morales sobre la situaci\u00f3n actual de Espa\u00f1a\u201d. 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