{"id":595,"date":"2015-12-07T18:08:24","date_gmt":"2015-12-07T18:08:24","guid":{"rendered":"http:\/\/franciscanosdemaria.org\/?p=595"},"modified":"2015-12-07T18:08:24","modified_gmt":"2015-12-07T18:08:24","slug":"moral-familiar-viii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/moral-familiar-viii\/","title":{"rendered":"Moral familiar (VIII)"},"content":{"rendered":"<table border=\"0\" cellpadding=\"10\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<p><strong>Dentro de la moral familiar es necesario hacer un apartado especial para la moralidad de las relaciones conyugales. No todo vale en las relaciones sexuales entre la esposa y el esposo. Adem\u00e1s, esas relaciones tienen que estar abiertas a la vida, lo cual no significa que no se puedan utilizar los medios previstos por Dios en la naturaleza humana para evitar la concepci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div>El amor entre los esposos se distingue de los dem\u00e1s amores en que incluye, potencialmente, la b\u00fasqueda o al menos la posibilidad de que puede engendrar una nueva vida. El amor de los esposos evoca de inmediato el t\u00e9rmino \u201chijo\u201d y, consiguientemente, connota la palabra \u201cmadre\u201d y \u201cpadre\u201d. Pues el amor conyugal tiene una \u201cestructura natural\u201d y est\u00e1 dotado de una \u201cfinalidad propia\u201d. De hecho, cuando los esposos se quieren de verdad y no hay obst\u00e1culo que lo impida, desean un hijo. Por eso, podemos afirmar que la procreaci\u00f3n es una exigencia del amor conyugal, que ese amor es un amor que debe estar abierto a la vida.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El acto sexual entre los esposos, llamado habitualmente \u201cacto conyugal\u201d, tiene dos caracter\u00edsticas: es unitivo -sirve para unirles- y es procreador -sirve para engendrar nueva vida-. estas dos caracter\u00edsticas regulan la moralidad del acto conyugal. As\u00ed lo recuerda la enc\u00edclica \u201cHumane vitae\u201d de Pablo VI: \u201cEsta doctrina, muchas veces expuesta por el Magisterio, est\u00e1 fundada sobre la inseparable conexi\u00f3n que Dios ha querido, y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador\u201d (HV, 12).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El Catecismo se refiere a esto de la siguiente manera: \u201cPor la uni\u00f3n de los esposos se realiza el doble fin del matrimonio: el bien de los esposos y la transmisi\u00f3n de la vida. No se pueden separar estas dos significaciones o valores del matrimonio sin alterar la vida espiritual de los c\u00f3nyuges ni comprometer los bienes del matrimonio y el porvenir de la familia\u201d (n\u00ba 2363).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En consecuencia, no est\u00e1 en manos de los esposos romper por iniciativa propia esa unidad que caracteriza el acto conyugal por s\u00ed mismo. Si lo hacen, se va contra los planes de Dios. \u00bfY cu\u00e1ndo se hace?: Cuando se llevan a cabo las relaciones sexuales dentro del matrimonio pensando s\u00f3lo en el car\u00e1cter unitivo (en el placer, por ejemplo) y, a la vez, se ponen medios artificiales para impedir la gestaci\u00f3n de una nueva vida.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Esto no significa que la procreaci\u00f3n sea el \u00fanico fin del amor entre los esposos. pues este amor contiene otras muchas manifestaciones y, sobre todo, persigue el encuentro interpersonal e \u00edntimo entre ellos. El Magisterio de la Iglesia lo ha ense\u00f1ado as\u00ed siempre y como prueba baste esta cita de la Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II: \u201cEl matrimonio no es solamente para la procreaci\u00f3n, sino que la naturaleza del v\u00ednculo indisoluble entre las personas y el bien de la prole requieren que el amor mutuo de los esposos mismos se manifieste ordenadamente, progrese y vaya madurando\u201d (GS, 50).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ahora bien, si en teor\u00eda el acto conyugal debe llevar consigo las dos dimensiones citadas -la unitiva entre los esposos y la procreativa-, en la pr\u00e1ctica hay veces en que ambas dimensiones parecen contraponerse. Con frecuencia surgen dificultades de tipo psicol\u00f3gico, econ\u00f3mico, de salud, que aconsejan que no se debe procurar un nuevo nacimiento. Por eso la Iglesia habla de la \u201cpaternidad responsable\u201d.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Cuando las causas que dificultan la apertura a la vida de un nuevo hijo son reales, entra en juego un principio que debe regir el comportamiento conyugal: el de la \u201cpaternidad responsable\u201d. En efecto, engendrar una nueva vida humana es tan decisivo que no puede ser nunca consecuencia de un acto irresponsable de los padres. El Magisterio de estos \u00faltimos a\u00f1os ha repetido este principio y, a pesar de su racionalidad, no es comprendido por todos: desde los que fomentan la fecundidad sin control hasta quienes en la \u201cpaternidad responsable\u201d incluyen el ego\u00edsmo. La verdadera \u201cpaternidad responsable\u201d debe evitar ambos extremos y ha de guiarse por estos principios:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Exige el conocimiento de los procesos biol\u00f3gicos y su respeto. Por eso la Iglesia anima a los cient\u00edficos a que \u201clogren dar una base suficientemente segura para una regulaci\u00f3n de nacimientos fundada en la observaci\u00f3n de los ritmos naturales\u201d (Humane vitae, 24).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Respeto de las leyes de la naturaleza, lo cual supone el respeto de las leyes que rigen la sexualidad, tanto de la sexualidad en s\u00ed como del proceso engendrador. El hombre y la mujer deben conocer y dominar esas leyes, pero no pueden manipularlas y menos destruirlas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Dominio de la pasi\u00f3n sexual. No se puede enarbolar la \u201cpaternidad responsable\u201d si no se tiene \u201cresponsabilidad\u201d en el ejercicio de la vida sexual, lo cual supone el dominio de la inteligencia y de la voluntad sobre el instinto.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Los esposos deben hacer un juicio responsable. Es debe exclusivo de los esposos y nadie les sustituye en ese juicio. Pero debe ser \u201cresponsable\u201d no caprichoso. Para hacerlo deben tener en cuenta estos datos: -las condiciones f\u00edsicas, como la salud, la vivienda; -las condiciones econ\u00f3micas reales, no medidas por criterios de consumismo; -el estado psicol\u00f3gico de los esposos o de uno de ellos; -las condiciones sociales, como por ejemplo la existencia de una guerra u otra condici\u00f3n familiar.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Cualidades del juicio moral. No basta la buena intenci\u00f3n y menos a\u00fan se puede actuar arbitrariamente. El juicio moral, adem\u00e1s de hacerse conforme a las condiciones anteriores, debe tambi\u00e9n guiarse por la ley divina y, para que sea recto, ha de tener en cuenta la doctrina moral ense\u00f1ada por el Magisterio.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hecho el juicio moral sobre si se debe o no procrear, queda la cuesti\u00f3n de los medios a emplear para evitar la procreaci\u00f3n. Uno de esos medios es el realizar el acto conyugal en los d\u00edas infecundos. Sin embargo, se puede dar el caso de que una pareja lo haga as\u00ed y, sin embargo, no est\u00e9 obrando bien, pues no est\u00e1 abierta a la vida y podr\u00eda y hasta deber\u00eda estarlo. Por eso no hay que olvidar que s\u00f3lo por motivos razonables se puede evitar la procreaci\u00f3n. En consecuencia, para hacer el acto conyugal s\u00f3lo en esos d\u00edas se requiere alguna causa.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En cuanto a los medios no naturales, hay que partir del principio de que el fin no justifica los medios. Por lo tanto, los medios no son nunca ajenos al acto moral. Eso significa que, incluso cuando los esposos hayan acertado en el juicio moral y hayan concluido que no deben tener hijos por sus circunstancias, no les est\u00e1 permitido recurrir a medios il\u00edcitos para lograr ese fin.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El Magisterio ha se\u00f1alado de modo expreso qu\u00e9 m\u00e9todos son il\u00edcitos y cu\u00e1les gozan de garant\u00eda moral. El aborto es un medio il\u00edcito, incluso cuando es utilizado por razones terap\u00e9uticas. Es il\u00edcita la esterilizaci\u00f3n directa, perpetua o temporal, tanto del hombre como de la mujer; es il\u00edcito el \u201ccoitus interruptus\u201d, el uso del DIU, del preservativo, de las p\u00edldoras abortivas y de las anticonceptivas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En cambio, no est\u00e1 prohibido el uso de medios terap\u00e9uticos \u201cpara curar enfermedades del organismo, a pesar de que se siguiese un impedimento para la procreaci\u00f3n\u201d (Humane vitae, 15). Por \u201cenfermedad\u201d se entiende la irregularidad del fen\u00f3meno menstrual en la mujer que requiere una especial mediaci\u00f3n m\u00e9dica para normalizarlo.<\/div>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dentro de la moral familiar es necesario hacer un apartado especial para la moralidad de las relaciones conyugales. No todo vale en las relaciones sexuales entre la esposa y el esposo. 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