{"id":597,"date":"2015-12-07T18:09:08","date_gmt":"2015-12-07T18:09:08","guid":{"rendered":"http:\/\/franciscanosdemaria.org\/?p=597"},"modified":"2015-12-07T18:09:08","modified_gmt":"2015-12-07T18:09:08","slug":"moral-familiar-vii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/moral-familiar-vii\/","title":{"rendered":"Moral familiar (VII)"},"content":{"rendered":"<table border=\"0\" cellpadding=\"10\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<p><strong>En este nuevo cap\u00edtulo sobre la moral familiar, nos dedicaremos a fijar los principios cristianos en torno a la sexualidad. Para ello, nos detendremos en las ense\u00f1anzas de la Biblia sobre el tema, as\u00ed como en lo que dice la Tradici\u00f3n de la Iglesia y el Magisterio. La sexualidad, en contra de lo que algunos creen, es vista como algo positivo por la Iglesia, pero que debe ser controlado.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div>Aunque hay quienes opinan que la sexualidad humana debe quedar fuera del \u00e1mbito de la \u00e9tica y que cualquier intento de establecer c\u00f3digos morales sobre el comportamiento sexual es contrario al instinto, la verdades que desde siempre se ha hecho esto, tanto en el \u00e1mbito religioso como en el civil. Todas las religiones han regulado moralmente la sexualidad, aunque no todas coincidan en la determinaci\u00f3n de lo que es bueno y lo que es malo. Lo mismo ha sucedido y sigue sucediendo con la normativa civil y no s\u00f3lo en casos como el adulterio o la bigamia, sino en lo concerniente a la violaci\u00f3n, al abuso de menores, a la regulaci\u00f3n de la pornograf\u00eda, etc.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La teolog\u00eda moral cat\u00f3lica reflexiona sobre la sexualidad desde tres principios:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Sentido positivo de la sexualidad. En contra de lo que algunos, con una ignorancia m\u00e1s mal\u00e9vola que inocente, proclaman, la fe cat\u00f3lica ha tenido siempre una valoraci\u00f3n positiva de la sexualidad, pues representa el gran don que constituye al ser humano como hombre y como mujer. De hecho, el Magisterio de la Iglesia tuvo que salir al paso en repetidas ocasiones en defensa de la bondad radical del sexo, frente a herej\u00edas que afirmaban lo contrario. Los recelos que a veces ha expresado alguno no pasan de ser an\u00e9cdotas que no desvirt\u00faan un conjunto doctrinal de dos mil a\u00f1os.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Dominio de la sexualidad. Al mismo tiempo que valora positivamente la sexualidad humana y su ejercicio, la \u00e9tica cristiana demanda un dominio de la sexualidad, para evitar que ella termine or dominar y esclavizar al hombre debido a la extraordinaria fuerza de este instinto. Hay en ello un doble motivo: la bondad de la sexualidad, que debe ser tratada con la dignidad que merece, y la fuerza de un instinto tan profundo, que debe estar sometido a la inteligencia y a la voluntad de la persona. Por eso se establecen normas morales que proh\u00edben el uso puramente instintivo del sexo; por otro lado, como ya se ha dicho, tambi\u00e9n establecen estas normas los c\u00f3digos civiles, pues todos comprenden que el sexo sin control deteriora al individuo y es instrumento para herir a otros. Aquellos que consideren demasiado exigentes las normas \u00e9ticas cristianas, deben tener en cuenta las aberraciones a que conduce la pasi\u00f3n sexual cuando no est\u00e1 controlada. Adem\u00e1s, en el ejercicio responsable de la sexualidad encuentra el hombre una nueva fuente de placer m\u00e1s pleno y humano que el que ocasiona la simple satisfacci\u00f3n del instinto. Si la sexualidad puede y debe ser cauce del amor, esto s\u00f3lo se producir\u00e1 cuando va unida a la afectividad, a la generosidad, a la renuncia a s\u00ed mismo, y todo ello implica generosidad y sacrificio, implica normativa moral.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Recto uso de la sexualidad. Este principio se sit\u00faa en la moralidad de los fines. Por ello, sin excluir la dimensi\u00f3n placentera de la que hablamos en el cap\u00edtulo anterior, y prestando la atenci\u00f3n que merece el significado de encuentro \u00edntimo entre los esposos, la actividad sexual no puede negar un aspecto fundamental que est\u00e1 escrito en la propia sexualidad: la finalidad procreadora. Por eso, negarla absolutamente hasta el punto de impedirla con el uso de medios il\u00edcitos, hace tambi\u00e9n inmoral el ejercicio de la vida sexual. De aqu\u00ed que la relaci\u00f3n sexual entre el hombre y la mujer est\u00e1 reservada al matrimonio en orden a la procreaci\u00f3n de los hijos y hace inmoral toda actividad sexual extramatrimonial.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El cumplimiento de estos tres principios ayuda al hombre a vivir la sexualidad en su dimensi\u00f3n verdaderamente humana. El resultado es la castidad que, como virtud, regula no s\u00f3lo el dominio de las pasiones, sino el uso racional de la vida sexual. La castidad postula el dominio y recto uso de la sexualidad. Exige esfuerzo, pero ayuda a alcanzar el equilibrio humano. Como ense\u00f1a el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica: \u201cLa castidad forma parte de la virtud cardinal de la templanza, que tiende a impregnar de racionalidad las pasiones y los apetitos de la sensibilidad humana\u201d (n\u00ba 2341). El Catecismo ense\u00f1a que la castidad es una virtud que deben vivir todos los cristianos seg\u00fan el estado de vida de cada uno (n\u00ba 2350) y anima a la lucha por la misma, que \u201cimplica un aprendizaje del dominio de s\u00ed\u201d (n\u00ba 2338) y que es \u201cobra de toda la vida\u201d (n\u00ba 2342). Y a\u00f1ade: \u201cLa castidad tiene unas leyes de crecimiento; \u00e9ste pasa por grados marcados por la imperfecci\u00f3n y, muy a menudo, por el pecado\u201d (n\u00ba 2343).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Si nos fijamos en las ense\u00f1anzas del Antiguo Testamento sobre la sexualidad, vemos que son muy abundantes. En cuanto a la procreaci\u00f3n, hay que destacar, desde el G\u00e9nesis, que el hombre y la mujer tienen la misi\u00f3n de \u201cmultiplicarse\u201d y por lo tanto los buenos israelitas ten\u00edan como un bien apreciable tener una abundante descendencia. Al contrario, la esterilidad era considerada una desgracia (Gen 16, 1-6; Os 9, 14). De hecho, la fecundidad es un deseo constante de la mujer hebrea (Gen 24, 60; 30, 6; Sal 127, 3).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En el Antiguo Testamento aparecen claramente reprobados y enumerados los pecados sexuales. Se proh\u00edbe el adulterio, la fornicaci\u00f3n del var\u00f3n y de la mujer, la prostituci\u00f3n, el \u201ccoitus interruptus\u201d, la homosexualidad, el lesbianismo, la bestialidad, el incesto, la masturbaci\u00f3n y toda \u201cclase de impureza\u201d (Prov 5, 3-11; Ecl 23, 16-19). Tan graves se juzgan estos pecados que algunos son castigados con la pena de muerte (Ex 22, 18; Lev 20, 14).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En el Nuevo Testamento no es menos abundante ni menos expl\u00edcita la ense\u00f1anza sobre la sexualidad. Jesucristo condena a los ad\u00falteros, a los fornicadores, a los imp\u00fadicos (Mt 15, 19; Mc 7, 21-22) y completa el Antiguo Testamento explicitando la condena del adulterio de deseo (Mt 5, 27-28).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Los dem\u00e1s escritos del Nuevo Testamento son prolijos en aducir situaciones pecaminosas de este tema. Por ejemplo, Rom 1, 24-32, en el que San Pablo describe la situaci\u00f3n inmoral del mundo pagano. De los pecados que Pablo condena en sus cartas, los relacionados con la sexualidad representan el 24 por 100.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En cuanto a la Tradici\u00f3n, los escritos de los Santos Padres sobresalen por el empe\u00f1o en que los cristianos no se dejen contaminar por la corrupci\u00f3n moral de la cultura greco-romana. Un ejemplo es San Justino y otro San Agust\u00edn. Adem\u00e1s, demandan castidad para todos aunque distinguen entre los diversos estados. San Ambrosio escribe: \u201cNosotros ense\u00f1amos que la castidad es una virtud, si bien diversa para los casados, las viudas y las v\u00edrgenes\u201d.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El Magisterio se ha ocupado continuamente de ensalzar ante los cristianos el valor de la pureza y la condena de los des\u00f3rdenes sexuales, habiendo constancia de ello desde Tertuliano. El texto m\u00e1s completo es la Declaraci\u00f3n \u201cPersona humana\u201d, de Doctrina de la Fe de 1975, que sale al paso de algunas afirmaciones en torno a la \u00e9tica sexual, que, al ritmo de las nuevas costumbres, trataban de justificar ciertas situaciones. Juan Pablo II tambi\u00e9n se refiri\u00f3 a ello en la \u201cEvangelium vitae\u201d. Y, por \u00faltimo, est\u00e1 el Catecismo.<\/div>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En este nuevo cap\u00edtulo sobre la moral familiar, nos dedicaremos a fijar los principios cristianos en torno a la sexualidad. 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