{"id":599,"date":"2015-12-07T18:09:59","date_gmt":"2015-12-07T18:09:59","guid":{"rendered":"http:\/\/franciscanosdemaria.org\/?p=599"},"modified":"2015-12-07T18:09:59","modified_gmt":"2015-12-07T18:09:59","slug":"moral-familiar-vi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/moral-familiar-vi\/","title":{"rendered":"Moral familiar (VI)"},"content":{"rendered":"<table border=\"0\" cellpadding=\"10\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div><strong>Dentro del estudio de la moral familiar, afrontamos en este cap\u00edtulo la cuesti\u00f3n de la sexualidad humana y de los fines del matrimonio, tanto la procreaci\u00f3n como la relaci\u00f3n afectiva entre los esposos. Es un tema tan importnate que ser\u00e1 continuado en el cap\u00edtulo siguiente, pues hoy somos v\u00edctimas de una mentalidad anti-natalista y pan-sexualista<\/strong><strong>.<\/strong><\/div>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div>No se puede hablar del matrimonio sin tener en cuenta su finalidad procreadora. El Concilio Vaticano II lo reconoci\u00f3 as\u00ed: \u201cEl matrimonio y el amor conyugal est\u00e1n ordenados por su propia naturaleza a la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de los hijo, pues los hijos son don excelent\u00edsimo del matrimonio y contribuyen al bien de los mismos padres\u201d (GS, 50).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En las diversas culturas y a lo largo de la historia, la fecundidad del matrimonio se aprecia como un bien. La Biblia la ensalza hasta el extremo de considerar la esterilidad como una desgracia. El hijo es, pues, el fruto del amor entre los esposos. En consecuencia, la convivencia conyugal, aunque no se agota en la procreaci\u00f3n, tiene una relaci\u00f3n irrenunciable con ella.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Actualmente, tres factores dificultan el estudio de este tema: la cultura anti-vida, que no aprecia el valor de los hijos; la exagerada separaci\u00f3n entre sexualidad conyugal y procreaci\u00f3n; considerar las relaciones conyugales ajenas al juicio \u00e9tico.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Es evidente que ha habido un notable cambio cultural en relaci\u00f3n al sentido y al deber de la procreaci\u00f3n de los esposos. Factores muy diversos y aun contrapuestos confluyen en este tema, pero el motivo principal es lo que se ha venido en llamar la \u201ccivilizaci\u00f3n anti-vida\u201d o \u201cmiedo a los hijos\u201d. En las naciones m\u00e1s desarrolladas, la natalidad ha bajado dr\u00e1sticamente y muchos matrimonios no aprecian los hijos como un don, hasta el punto de que el n\u00famero de ni\u00f1os que nacen ya no asegura el recambio generacional. Muchas son las causas que favorecen esta mentalidad, pero hay una en la que no se insiste lo suficiente: la propaganda desmedida acerca de los riesgos para el futuro de una superpoblaci\u00f3n de la tierra.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Por parte de la Iglesia, la opci\u00f3n ha sido siempre clara y continuada a lo largo de la historia: matrimonio y procreaci\u00f3n van unidos. Tres interpretaciones teol\u00f3gicas complementarias se han dado para explicar esta uni\u00f3n:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Teor\u00eda de los \u201cbienes del matrimonio\u201d: San Agust\u00edn, en defensa del matrimonio contra los maniqueos, desarroll\u00f3 la teor\u00eda acerca de los \u201cbienes del matrimonio\u201d, que \u00e9l concreta en tres: el \u201cbien de la prole\u201d, que incluye la generaci\u00f3n y educaci\u00f3n de los hijos; el \u201cbien de la fidelidad\u201d, que valora la unidad del matrimonio como medio de felicidad entre los esposos; el \u201cbien del sacramento\u201d, o sea la gracia sacramental que ayuda a los esposos a alcanzar la perfecci\u00f3n que deben.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Teor\u00eda de los fines: Santo Tom\u00e1s conoce la doctrina de San Agust\u00edn y la comenta favorablemente, pero busca razones m\u00e1s profundas y plantea el tema del \u201cfin\u201d del matrimonio, el equivalente a los \u201cprimeros principios\u201d. Afirma que, si el \u201cfin \u00faltimo\u201d del matrimonio es prolongar la especie, el matrimonio tiene como \u201cfin principal\u201d \u201cla procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole\u201d y por \u201cfin secundario\u201d otros aspectos, tales como \u201cla mutua fidelidad\u201d, \u201cel sacramento\u201d, los \u201cservicios mutuos que pueden prestarse en los quehaceres dom\u00e9sticos\u201d, el \u201cremedio de la concupiscencia\u201d. Esta formulaci\u00f3n se introdujo en el C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico de 1917.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Teor\u00eda fenomenol\u00f3gica y existencia: La jerarquizaci\u00f3n tan marcada de los \u201cfines\u201d (principal y secundario), simplific\u00f3 en exceso la convivencia conyugal, lo cual motivo una reacci\u00f3n, a favor de una concepci\u00f3n m\u00e1s existencial del matrimonio. El te\u00f3logo alem\u00e1n H. Doms se\u00f1al\u00f3 que \u201cel fin primario\u201d del matrimonio no es la procreaci\u00f3n, sino la uni\u00f3n personal de los esposos. La procreaci\u00f3n es s\u00f3lo \u201cefecto\u201d de esa uni\u00f3n. Su libro, \u201cSentido y fin del matrimonio\u201d fue puesto en el \u00cdndice de libros prohibidos. En la discusi\u00f3n que se suscit\u00f3, fue abri\u00e9ndose camino una idea positiva: valorar la relaci\u00f3n amorosa entre los esposos como algo m\u00e1s que \u201cremedio contra la concupiscencia\u201d. El error de Doms fue no subrayar suficientemente la finalidad procreadora, dando paso as\u00ed a la mentalidad antinatalista, cuyas consecuencias hoy padecemos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El Concilio Vaticano II se hizo eco de la controversia e introdujo dos novedades: no asumir la terminolog\u00eda \u201cfin primario-fin secundario\u201d y no centrarse en la jerarqu\u00eda de fines, tan aguda en la discusi\u00f3n anterior. Esta actitud facilit\u00f3 asumir los aspectos personalistas que se encierran en la vida conyugal, en la que no s\u00f3lo \u201cse remedia la concupiscencia\u201d, sino que es expresi\u00f3n de la vida de amor y de encuentro interpersonal de los esposos. De este modo, el Concilio asumi\u00f3 una v\u00eda media, en la que se valora la dimensi\u00f3n personal del amor y, a la vez, se afirma la prioridad de la procreaci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero, tanto si nos referimos a la procreaci\u00f3n como si nos fijamos en el amor entre los esposos desde la perspectiva de realizaci\u00f3n personal, tenemos que detenernos a analizar el sentido de la sexualidad humana. No es lo mismo, ciertamente, hacer este an\u00e1lisis en este momento que hace unos a\u00f1os. Hoy es evidente que padecemos una epidemia aguda de \u201cpansexualismo\u201d, pues el sexo est\u00e1 presente en todos los lados, desde la \u201ccuota pol\u00edtica\u201d hasta la publicidad; adem\u00e1s, la \u201csexolog\u00eda\u201d suele fijarse s\u00f3lo en los aspectos fisiol\u00f3gicos de las relaciones sexuales, olvidando otros, como los afectivos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Un estudio completo de la sexualidad humana debe fijarse en los siguientes aspectos:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Genitalidad: La diferencia sexuada entre hombre y mujer conlleva una configuraci\u00f3n som\u00e1tica muy diferenciada y tambi\u00e9n una diferencia psicol\u00f3gica considerable. El hombre no s\u00f3lo tiene diferencias corporales con la mujer, y viceversa, sino que tambi\u00e9n hay diferencias psicol\u00f3gicas, aunque \u00e9stas no sean visibles, como lo son las f\u00edsicas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Afectivo: Las diferencias psicol\u00f3gicas entre hombre y mujer suponen unas diferencias reales en el orden de la valoraci\u00f3n de la afectividad. La sexualidad tiene un elemento afectivo que hay que considerar y que es diferente en el hombre y en la mujer.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Cognoscitivo: La sexualidad humana no es puro instinto como en los animales, sino que es \u201chumana\u201d y, por ello, ata\u00f1e al conocimiento y a la voluntad. Esto implica algo que hoy se tiende a olvidar: la responsabilidad en el uso del sexo y, por lo tanto, el aspecto \u00e9tico en las relaciones sexuales.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Placentero: El placer es un componente esencial que acompa\u00f1a a la actividad sexual. Ha sido querido as\u00ed por Dios, para favorecer la reproducci\u00f3n que permite la perpetuaci\u00f3n de la especie. Por lo tanto, no es un factor secundario, ni negativo en s\u00ed mismo. Otra cosa ser\u00e1 el uso que se haga de \u00e9l, como cuando se convierte en un fin en s\u00ed mismo y se sit\u00faa en el primer lugar, suprimiendo otros fines, como el de la procreaci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Procreador: Como ya se ha dicho, la procreaci\u00f3n no es un elemento secundario en la sexualidad humana. Al contrario, por su propia naturaleza, la actividad sexual hombre-mujer lleva consigo la gestaci\u00f3n de una nueva vida. La fecundidad est\u00e1 escrita en la dimensi\u00f3n biol\u00f3gica de la sexualidad. Ignorar esto, como pretenden muchos hoy, es, simplemente, ignorar las leyes que est\u00e1n puestas en la gen\u00e9tica humana.<\/div>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dentro del estudio de la moral familiar, afrontamos en este cap\u00edtulo la cuesti\u00f3n de la sexualidad humana y de los fines del matrimonio, tanto la procreaci\u00f3n como la relaci\u00f3n afectiva entre los esposos. 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