{"id":617,"date":"2015-12-07T18:18:53","date_gmt":"2015-12-07T18:18:53","guid":{"rendered":"http:\/\/franciscanosdemaria.org\/?p=617"},"modified":"2015-12-07T18:18:53","modified_gmt":"2015-12-07T18:18:53","slug":"deberes-religiosos-del-cristiano-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/deberes-religiosos-del-cristiano-i\/","title":{"rendered":"Deberes religiosos del cristiano (I)"},"content":{"rendered":"<table border=\"0\" cellpadding=\"10\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<p><strong>Tras haber visto, en el cap\u00edtulo anterior, en qu\u00e9 consiste la virtud de la religi\u00f3n, vamos a analizar ahora cu\u00e1les son los deberes que se desprenden del ejercicio de esa virtud. Son cuatro: la adoraci\u00f3n, la acci\u00f3n de gracias, la oraci\u00f3n de petici\u00f3n y el desagravio. El acto cumbre en el que se ejercitan estos deberes es la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, que veremos en el siguiente cap\u00edtulo.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div>Cuando el cristiano acoge la \u201cllamada\u201d de Dios y le \u201cresponde\u201d hace lo siguiente: le adora como consecuencia de la fe, le da gracias porque le ama, se arrepiente porque reconoce que le ofendi\u00f3 y le pide ayuda, pues conf\u00eda en que sus m\u00faltiples necesidades ser\u00e1n atendidas por el poder de su Padre, Dios. Dentro de la espiritualidad del agradecimiento, t\u00edpica de los Franciscanos de Mar\u00eda, habr\u00eda que incluir dos notas m\u00e1s: el amor, que antecede a las otras, y el ofrecimiento, que las clausura. Por eso, la oraci\u00f3n propia de esta instituci\u00f3n cat\u00f3lica es: \u201cJes\u00fas, te quiero, te adoro, te doy gracias, te pido perd\u00f3n, te pido gracias y me ofrezco a ti\u201d.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La adoraci\u00f3n brota en la conciencia del hombre religioso de dos convicciones profundas: la grandeza de Dios y la limitada condici\u00f3n de su propio ser. \u201cT\u00fa eres todo y yo soy nada\u201d, dec\u00eda San Francisco de As\u00eds meditando sobre la grandeza de Dios y su propia peque\u00f1ez. De esta doble percepci\u00f3n, brota la adoraci\u00f3n, que consiste en colocar a Dios en su lugar, el primero, el \u00fanico en que puede estar Dios, y en colocar al hombre en el suyo: por debajo de Dios y no por encima de \u00c9l. Otra consecuencia de la adoraci\u00f3n es la relativizaci\u00f3n de todo lo dem\u00e1s, personas, ideolog\u00edas, cosas, etc. Nada puede estar en el primer lugar, a excepci\u00f3n de Dios. No se puede adorar al dinero -\u201dno pod\u00e9is servir a dos se\u00f1ores\u201d-, al sexo, al poder, al partido pol\u00edtico, a la patria. Todo tiene que estar supeditado a Dios y, como consecuencia, a las leyes morales que emanan de Dios. Gracias a esta primac\u00eda de Dios, el cristiano sabe que no puede matar por dinero, por poder o por cualquier otra causa; tampoco puede matar por Dios, pues el Se\u00f1or en el que cree es el del amor, el de la vida; cuando esto lo ha olvidado, se ha equivocado siempre.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La percepci\u00f3n de la grandeza de Dios y de la propia peque\u00f1ez tiene, adem\u00e1s, otra consecuencia: hace m\u00e1s f\u00e1cil aceptar el misterio, aceptar que no podemos entender del todo los planes de Dios. Muchas de las crisis de fe de nuestros contempor\u00e1neos tienen su origen no en el aparente \u201csilencio de Dios\u201d , ligado a la existencia del mal y del dolor, sino en la soberbia del hombre, fruto de la escasa adoraci\u00f3n a un Dios al que ya no se considera como a un superior, sino como a un igual o incluso como a un inferior.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El agradecimiento sigue a la adoraci\u00f3n, pues el sentimiento de peque\u00f1ez ante la grandeza de Dios nos alienta a ser agradecidos. Por eso San Agust\u00edn repet\u00eda una y otra vez: \u201cQue yo te conozca, Se\u00f1or m\u00edo, y que yo me conozca\u201d. En la medida en que se conoce qui\u00e9n es Dios, cu\u00e1l es su grandeza, y qui\u00e9n es el ser humano, su peque\u00f1ez, en esa medida surge la gratitud hacia un Dios que ha amado tanto a alguien que no se lo merece. En el Antiguo Testamento est\u00e1 presente la acci\u00f3n de gracias, aunque con menos intensidad que la adoraci\u00f3n. Es m\u00e1s frecuente esta actitud en los Salmos, por ejemplo en el 116. Al instar a los creyentes a dar gracias, se est\u00e1 buscando llevar a cabo una acci\u00f3n educativa, la de evocar los favores recibidos por parte de Yahv\u00e9. En el Nuevo testamento vemos a Jes\u00fas dando gracias al Padre con frecuencia: porque ha revelado los misterios del Reino a los peque\u00f1os (Mt 11, 25-26; Lc 10,21), por haberle escuchado (Jn 11,41), antes de la multiplicaci\u00f3n de los panes (Jn 6,11), etc. \u00c9l mismo reclama el agradecimiento de los diez leprosos curados (Lc 17, 14-18). San Pablo va a ser el gran difusor de esta actitud; en conjunto, la palabra \u201ceucarist\u00eda\u201d (acci\u00f3n de gracias) va a aparecer 54 veces en el Nuevo Testamento y el ap\u00f3stol une el don de la fe con el de la gratitud, hasta el punto de que comienza muchas de sus cartas de esa manera: Rm 1,8; 1Cor 1,4; Ef 1,3; Col 1,3; Fil 1,3; 2Tim 1,3; 1Tes 1,2). En cuanto a los motivos de agradecimiento, San Pablo da gracias por encontrarse con los hermanos, por el crecimiento de la fe&#8230;. Llega al extremo de considerar el agradecimiento como un deber, como un mandamiento (1Tes 5,18; Col 3,15).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La oraci\u00f3n de petici\u00f3n, al contrario que la de agradecimiento, es instintiva y est\u00e1 presente en todas las religiones y, por lo tanto, tambi\u00e9n en el cristianismo. Por ella, el hombre expone ante Dios sus necesidades, convencido de que puede ayudarle. Vemos a Cristo llevarlo a cabo y ense\u00f1ando a hacerlo (el Padrenuestro), as\u00ed como aconsejandco que se haga: \u201cPedid y se os dar\u00e1, porque el que pide recibe&#8230;\u201d (Mt 7, 7-11).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero esta oraci\u00f3n no debe limitarse s\u00f3lo a las cosas materiales. De hecho, la vida moral cristiana es tan exigente que nuestra primera petici\u00f3n tiene que ir dirigida a solicitar de Dios las fuerzas para poder hacer el bien y evitar el mal (\u201csin m\u00ed no pod\u00e9is hacer nada\u201d, dijo el propio Cristo, Jn 15,5). San Pablo lo experiment\u00f3 muchas veces y lo expres\u00f3 en aquella frase tan importante: \u201cTodo lo puedo en aquel que me conforta\u201d (Fil 4,13). En consonancia con todo ello, la Iglesia nos ense\u00f1a que no podemos hacer el bin sin la ayuda de Dios, por lo que no debemos sentirnos orgullosos del bien que hemos hecho como si fuera obra exclusivamente nuestra. Adem\u00e1s, la oraci\u00f3n de petici\u00f3n nos ayuda a profundizar en la virtud de la humildad, pues al reconocernos peque\u00f1os y necesitados estamos admitiendo que Dios es m\u00e1s grande que nosotros, m\u00e1s fuerte, m\u00e1s sabio, m\u00e1s poderoso. Por \u00faltimo, no hay que confundir la petici\u00f3n con la exigencia y mucho menos con el chantaje. Aunque que no nos demos cuenta, pocas veces pedimos; casi siempre exigimos, ordenamos e incluso amenazamos; de hecho, cuando uno ha pedido y no ha obtenido lo solicitado, no se enfada, mientras que nosotros cuando eso ocurre nos enfadamos con Dios e incluso nos alejamos de \u00c9l.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En cuanto al desagravio, est\u00e1 ligado a la petici\u00f3n, pero en este caso a la solicitud de perd\u00f3n por los pecados, propios o de otros, y al ofrecimiento de una satisfacci\u00f3n a cambio. En el Antiguo Testamento esto est\u00e1 muy presente y tambi\u00e9n aparece en el Nuevo, hasta el punto de que es el propio Cristo quien se ofrece en actitud de desagravio y satisfacci\u00f3n al Padre, como el \u201ccordero inocente que quita el pecado del mundo\u201d. En este caso, Jes\u00fas no est\u00e1 pidiendo perd\u00f3n por s\u00ed mismo, por sus propios pecados, sino por los de los dem\u00e1s. La vida de Jes\u00fas se entiende como el cumplimiento de su misi\u00f3n de Redentor. As\u00ed le presenta Juan el Bautista (Jn 1,29) y su muerte en la cruz es interpretada por el Nuevo Testamento como una muerte en satisfacci\u00f3n por los pecados del mundo. Pablo lo expresar\u00e1 as\u00ed en 1 Cor 15,3: \u201cCristo muri\u00f3 por nuestros pecados, seg\u00fan las Escrituras\u201d.<\/div>\n<div>\n<p>\u00a0El ofrecimiento, est\u00e1 ligado al desagravio y a la satisfacci\u00f3n por el da\u00f1o propio infringido a Dios y por el da\u00f1o que los otros le han hecho. Pero, sobre todo, va unido a la acci\u00f3n de gracias, como fruto del amor recibido de Dios. ese amor sembrado por Dios en el coraz\u00f3n del hombre, fructifica en amor al Dios que tanto nos ha amado. El \u201cte quiero\u201d se traduce en una pregunta: \u201c\u00bfqu\u00e9 puedo hacer por ti?\u201d y en un ofrecimiento: \u201ch\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tras haber visto, en el cap\u00edtulo anterior, en qu\u00e9 consiste la virtud de la religi\u00f3n, vamos a analizar ahora cu\u00e1les son los deberes que se desprenden del ejercicio de esa virtud. Son cuatro: la adoraci\u00f3n, la acci\u00f3n de gracias, la<span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span><\/p>\n<div class=\"read-more\"><a href=\"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/deberes-religiosos-del-cristiano-i\/\">Leer m\u00e1s \u203a<\/a><\/div>\n<p><!-- end of .read-more --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[9],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/617"}],"collection":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=617"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/617\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":618,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/617\/revisions\/618"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=617"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=617"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=617"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}