{"id":621,"date":"2015-12-07T18:21:00","date_gmt":"2015-12-07T18:21:00","guid":{"rendered":"http:\/\/franciscanosdemaria.org\/?p=621"},"modified":"2015-12-07T18:21:00","modified_gmt":"2015-12-07T18:21:00","slug":"pecado-y-conversion-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/pecado-y-conversion-iii\/","title":{"rendered":"Pecado y conversi\u00f3n (III)"},"content":{"rendered":"<table border=\"0\" cellpadding=\"10\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<p><strong>Para terminar este cap\u00edtulo dedicado al tema del pecado y la conversi\u00f3n, exponemos en esta lecci\u00f3n algunos de los errores teol\u00f3gicos existentes en la actualidad sobre la cuesti\u00f3n. Vamos a seguir el desarrollo que hace la enc\u00edclica \u201cVeritatis splendor\u201d de Juan Pablo II, verdadero hito en la historia de la Teolog\u00eda Moral por su claridad y profundidad.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div>El primero de los errores actuales que se\u00f1ala la enc\u00edclica \u201cVeritatis splendor\u201d es la distinci\u00f3n entre actos \u201cmorales\u201d y \u201cpre-morales\u201d. El Magisterio de la Iglesia niega esa distinci\u00f3n. Esta distinci\u00f3n es propuesta por algunos moralistas con el fin de justificar una autonom\u00eda de la libertad y de la conciencia frente a una concepci\u00f3n excesivamente rigorista de la normativa moral cristiana. La \u201cVeritatis splendor\u201d denuncia este error y afirma: \u201cQueriendo mantener la vida moral en un contexto cristiano, ha sido introducida por algunos te\u00f3logos moralistas una clara distinci\u00f3n, contraria a la doctrina cat\u00f3lica entre un orden \u00e9tico -que tendr\u00eda origen humano y valor solamente mundano- y un orden de la salvaci\u00f3n, para el cual tendr\u00edan importancia s\u00f3lo algunas intenciones y actitudes interiores ante Dios y el pr\u00f3jimo. En consecuencia, la Palabra de Dios se limitar\u00eda a proponer una exhortaci\u00f3n gen\u00e9rica, que luego s\u00f3lo la raz\u00f3n aut\u00f3noma tendr\u00eda el cometido de llenar con las determinaciones normativas verdaderamente objetivas, es decir, adecuadas a la situaci\u00f3n hist\u00f3rica concreta\u201d (n\u00ba 37). El primer nivel del \u201corden \u00e9tico\u201d, se\u00f1alar\u00eda los llamados \u201cvalores pre-morales\u201d, mientras que el segundo constituir\u00eda los \u201cvalores morales\u201d propiamente dichos. As\u00ed, por ejemplo, algunos de los actos cometidos en el cuerpo humano no merecer\u00edan la categor\u00eda de pecado, dado que son \u201cactos f\u00edsicos\u201d y por ellos representan tan s\u00f3lo valores pre-morales.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En definitiva, este error moral pretende separar algunas zonas del comportamiento humano -como todo lo que tenga que ver con el cuerpo- de otras, para quitarle a las primeras la categor\u00eda moral y, por lo tanto, para justificar lo que se pueda hacer con ellas porque no estar\u00edan revestidos esos actos de contenido \u00e9tico. Volviendo al ejemplo utilizado, con el cuerpo se podr\u00eda hacer cualquier cosa y nada ser\u00eda pecado. Juan Pablo II denunci\u00f3 este error, porque romp\u00eda con una idea fundamental de la antropolog\u00eda: la unidad radical entre cuerpo y alma, pues los que defienden esa tesis lo que afirman, en el fondo, es que s\u00f3lo se puede pecar con el alma pero nunca con el cuerpo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Otro error denunciado en la \u201cVeritatis splendor\u201d es la distinci\u00f3n entre dos categor\u00edas de pecados mortales, uno al que se seguir\u00eda llamando mortal y otro, de rango menor e intermedio entre \u00e9ste y el venial, al que se llamar\u00eda \u201cpecado grave\u201d, pero que no romper\u00eda la uni\u00f3n con Dios y no imposibilitar\u00eda para la comuni\u00f3n. Seg\u00fan este error denunciado por Juan Pablo II en su enc\u00edclica, habr\u00eda tres tipos de pcados y no dos como hasta ahora: leve o venial, grave y mortal. Juan Pablo II afirma en la enc\u00edclica: \u201cSeg\u00fan estos te\u00f3logos, el pecado mortal, que separa al hombre de Dios, se verificar\u00eda solamente en el rechazo de Dios, que viene realizado a un nivel de libertad no identificable con un acto de elecci\u00f3n ni al que se le puede llegar con un conocimiento s\u00f3lo reflejo. En este sentido -a\u00f1aden- es dif\u00edcil, al menos psicol\u00f3gicamente, aceptar el hecho de que un cristiano, que quiere permanecer unido a Cristo y a su Iglesia, pueda cometer pecados mortales tan f\u00e1cil y repetidamente, como parece indicar a veces la \u2018materia\u2019 misma de sus actos\u201d (n\u00ba 69).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Lo que el Papa advierte y denuncia es que, con esta distinci\u00f3n, desaparecen en la pr\u00e1ctica los pecados mortales, pues para eso har\u00eda falta no s\u00f3lo cometer un acto objetivamente grave, sino tener la intenci\u00f3n de romper con Dios. El acto en s\u00ed mismo no es suficiente si falta esa intenci\u00f3n. Juan Pablo II recuerda en la \u201cVeritatis splendor\u201d que la doctrina de la Iglesia establece con toda claridad que son los actos los que expresan las intenciones y que por el camino de rebajar la gravedad de los actos s\u00f3lo se llega a una banalizaci\u00f3n del comportamiento humano, seg\u00fan la cual todo el mundo puede hacer lo que quiera con tal de que en el fondo no tenga ganas de herir a Dios. A Dios se le hiere, y gravemente, cuando se hace da\u00f1o al hermano, al margen de las ganas o no que se tengan de romper con el Se\u00f1or.<\/div>\n<div>\n<p>Otro de los errores que la \u201cVeritatis splendor\u201d denuncia es el de la negaci\u00f3n de la existencia de actos intr\u00ednsecamente malos. Como ya se vio en lecciones anteriores, algunos te\u00f3logos consideran que la moralidad de los actos se debe decidir no por el acto en s\u00ed, sino sobre todo por el fin con que se hace el acto y por las circunstancias que lo rodean. Teniendo en cuenta esto, concluyen esos te\u00f3logos, es muy dif\u00edcil que se den actos que sean malos en s\u00ed mismos. Para estos te\u00f3logos, cuyas teor\u00edas son condenadas por la Iglesia, la conciencia est\u00e1 por encima de la norma objetiva, la ley natural no tiene vigencia ya y, por lo mismo, tampoco tiene vigencia una ley \u00e9tica objetiva y universal.<\/p>\n<p>A esta peligrosa teor\u00eda respondi\u00f3 Juan Pablo II en la enc\u00edclica con serias afirmaciones de rechazo: \u201cLos preceptos morales negativos, es decir, aquellos que proh\u00edben algunos actos o comportamientos concretos como intr\u00ednsecamente malos, no admiten ninguna excepci\u00f3n leg\u00edtima, no dejan ning\u00fan espacio moralmente aceptable para la \u2018creatividad\u2019 de algunas determinaciones contrarias\u201d (n\u00ba 67). \u201cLa Iglesia, al ense\u00f1ar la existencia de actos intr\u00ednsecamente malos, acoge la doctrina de la Sagrada Escritura. El Ap\u00f3stol Pablo afirma: \u2018\u00a1No os enga\u00f1\u00e9is! Ni los impuros, ni los id\u00f3latras, ni los ad\u00falteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces entrar\u00e1n en el Reino de Dios\u2019. Si los actos son intr\u00ednsecamente malos, una intenci\u00f3n buena o determinadas circunstancias particulares pueden atenuar su malicia, pero no pueden suprimirla: son actos \u2018irremediablemente\u2019 malos por s\u00ed y en s\u00ed mismos no son ordenables a Dios y al bien de la persona\u201d (n\u00ba 81).<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>\u201cEn la existencia de los actos intr\u00ednsecamente malos se concentra en cierto sentido la cuesti\u00f3n misma del hombre, de su verdad y de las consecuencias morales que se derivan de ello\u201d (n\u00ba 83). \u201cAnte normas morales que proh\u00edben el mal intr\u00ednseco no hay privilegios ni excepciones para nadie\u201d (n\u00ba 96).<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>El \u00faltimo de los errores a destacar, es el de la acusaci\u00f3n que se hace al Magisterio de caer en un rigorismo moral. Para Juan Pablo II no hay ninguna duda acerca de la misericordia divina, que sobrepasa todo l\u00edmite en perdonar al hombre y reconocer su debilidad: \u201cEn este contexto 8la muerte redentora de Jes\u00fas) se abre el justo espacio a la misericordia de Dios para el pecado del hombre que se convierte, y a la comprensi\u00f3n por la debilidad humana. Esta comprensi\u00f3n jam\u00e1s significa comprometer y falsificar la medida del bien y del mal para adaptarla a las circunstancias\u201d (n\u00ba 104).<\/p>\n<p>Dios siempre est\u00e1 dispuesto a perdonar al pecador que se arrepiente. Jam\u00e1s la Iglesia ha puesto esto en duda. Lo que sucede es que hoy la cuesti\u00f3n est\u00e1 planteada en otros t\u00e9rminos y se pretende no que Dios perdone al pecador, sino que el pecador no tenga nada de qu\u00e9 pedir perd\u00f3n porque cree que el pecado que comete no es tal pecado.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para terminar este cap\u00edtulo dedicado al tema del pecado y la conversi\u00f3n, exponemos en esta lecci\u00f3n algunos de los errores teol\u00f3gicos existentes en la actualidad sobre la cuesti\u00f3n. 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