{"id":627,"date":"2015-12-07T18:23:16","date_gmt":"2015-12-07T18:23:16","guid":{"rendered":"http:\/\/franciscanosdemaria.org\/?p=627"},"modified":"2015-12-07T18:23:16","modified_gmt":"2015-12-07T18:23:16","slug":"escuelas-morales-erroneas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/escuelas-morales-erroneas\/","title":{"rendered":"Escuelas morales err\u00f3neas"},"content":{"rendered":"<table border=\"0\" cellpadding=\"10\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<p><strong>La distinta valoraci\u00f3n a las fuentes de la moralidad -vistas en el cap\u00edtulo anterior- ha generado diversas escuelas de Moral. Algunas de ellas, muy difundidas, son claramente err\u00f3neas y como tales han sido identificadas por la Iglesia. Son, entre otras, la corriente fundamentalista, que destaca el valor supremo de la opci\u00f3n fundamental; la corriente finalista y la circunstancialista.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div>Dentro de las distintas escuelas de Teolog\u00eda moral hay una que se identifica plenamente con la doctrina de la Iglesia. Es la llamada \u201ccorriente realista\u201d. Sostiene que el \u201cobjeto\u201d es la \u201cfuente\u201d principal en la valoraci\u00f3n \u00e9tica de una acci\u00f3n. Frente al \u201cfin\u201d y las \u201ccircunstancias\u201d, lo que verdaderamente decide la bondad o malicia de una acci\u00f3n es el \u201cobjeto\u201d. Y cuando el \u201cobjeto\u201d es intr\u00ednsecamente malo, ni el \u201cfin\u201d ni las \u201ccircunstancias\u201d lo justifican. As\u00ed lo reconoce la \u201cVeritatis splendor\u201d, en el n\u00ba 82, al afirmar: \u201cLa doctrina del objeto, como fuente de la moralidad, representa una explicaci\u00f3n aut\u00e9ntica de la moral b\u00edblica de la Alianza y de los mandamientos, de la caridad y de las virtudes\u201d.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Varias son las escuelas que se separan de esta doctrina y que, con mucho \u00e9xito, inducen al error.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La \u201cescuela fundamentalista\u201d gira en torno a la doctrina de la \u201copci\u00f3n fundamental\u201d. En esta escuela, con frecuencia se contraponen \u201copci\u00f3n fundamental\u201d y \u201cactos singulares\u201d. En consecuencia, los actos morales no son buenos ni malos, sino en la medida en que responden a la \u201copci\u00f3n fundamental\u201d previamente asumida. Sin embargo, tal y como denunci\u00f3 Juan Pablo II en la \u201cVeritatis splendor\u201d (n\u00ba 67), cuando la opci\u00f3n fundamental no va acompa\u00f1ada de actos singulares buenos, se reduce a \u201cbuenas intenciones\u201d. Adem\u00e1s, la bondad o malicia del actuar del hombre responden a los actos singulares y no a las disposiciones internas, aunque hayan sido asumidas \u201cfundamentalmente\u201d. Por \u00faltimo, la opci\u00f3n fundamental puede ser anulada por un solo acto singular.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Otra corriente err\u00f3nea, enlazada con la anterior, es la que rechaza la divisi\u00f3n de los pecados establecida por el Concilio de Trento. Estos eran de dos tipos: veniales y mortales. Para esta escuela, en cambio, es muy dif\u00edcil que una persona cometa un pecado mortal, por lo cual se propone una nueva divisi\u00f3n: veniales, graves y mortales. Los \u00faltimos s\u00f3lo suceder\u00edan cuando el acto malo se une a una opci\u00f3n fundamental mala. En los dem\u00e1s casos, se tratar\u00eda s\u00f3lo de pecados graves, que no romper\u00edan la uni\u00f3n con Dios ni da\u00f1ar\u00edan la \u201cvida en Cristo\u201d. Esta teor\u00eda fue rechazada por la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica \u201cReconciliaci\u00f3n y penitencia\u201d (cf. n\u00ba 17) y tambi\u00e9n por la \u201cVeritatis splendor\u201d (n\u00ba 69-70), que ense\u00f1a que \u201cse comete un pecado mortal cuando el hombre, sabi\u00e9ndolo y queri\u00e9ndolo elige, por el motivo que sea, algo gravemente desordenado\u201d.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Una \u00faltima corriente unida a las dos anteriores y que, con ellas, forma la \u201copci\u00f3n fundamentalista\u201d, es la que tiende a sobrevalorar la conciencia por encima de la norma, a la par que desprecia la ley natural y con ello la existencia de una ley objetiva y universal. Afirman tambi\u00e9n que no existe una moral espec\u00edficamente cristiana y que en la Biblia no hay verdaderos preceptos que vinculen a las conciencias. De todo ello concluyen que no existe nada que sea \u201cintr\u00ednsecamente malo\u201d, puesto que, en el fondo, todo puede ser justificado por el fin o por las circunstancias. Tambi\u00e9n, como en los casos anteriores, fue condenada esta teor\u00eda en la \u201cVeritatis splendor\u201d (n\u00ba 67, 78-82) y en la \u201cEvangelium vitae\u201d, que afirma: \u201cNinguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podr\u00e1 jam\u00e1s hacer l\u00edcito un acto que es intr\u00ednsecamente il\u00edcito, por ser contrario a la ley de Dios, escrita en el coraz\u00f3n de cada hombre, reconocible por la misma raz\u00f3n y proclamada por la Iglesia\u201d (n\u00ba 62). En realidad, negar que existen actos reprobables en s\u00ed mismos, es minar en su base la vida moral. La negaci\u00f3n de actos intr\u00ednsecamente malos es el primer golpe que provoca un deslizamiento de la moral hacia un relativismo \u00e9tico imparable.<\/div>\n<div>\n<p>Aunque en las tres corrientes anteriores, que son en realidad tres rostros de una sola ideolog\u00eda, aparece la cuesti\u00f3n del fin como superior al objeto, esto se ha visto puesto m\u00e1s en evidencia en otra corriente, llamada por ello \u201cfinalista\u201d o \u201cteleol\u00f3gica\u201d. El finalismo \u00e9tico no considera si la acci\u00f3n en s\u00ed es buena o mala, sino que sostiene que la fuente de la moralidad es el fin que se proponga el agente, as\u00ed como los bienes que se sigan. Esta corriente procede del utilitarismo moral, seg\u00fan la cual el bien y el mal dependen en \u00faltima instancia de los efectos que se sigan de la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dentro de esta corriente hay dos sectores. Uno es el del \u201cconsecuencialismo \u00e9tico\u201d, para el cual la eticidad est\u00e1 en que la suma final de bienes supere a los males que se sigan a una acci\u00f3n concreta. Otro es el \u201cproporcionalismo \u00e9tico\u201d, que afirma que el acto es \u00e9ticamente bueno si existe proporci\u00f3n entre los bienes que se consiguen y los males que se evitan. Algunos moralistas cat\u00f3licos se han sumado a las teor\u00edas finalistas, pero desde la fe es imposible adherirse a ellas. La enc\u00edclica \u201cVeritatis splendor\u201d las rechaza tajantemente, porque en ning\u00fan caso el fin puede justificar los medios: \u201cEl obrar humano no puede ser valorado moralmente bueno s\u00f3lo porque sea funcional para alcanzar este o aquel fin que persigue, o simplemente porque la intenci\u00f3n del sujeto sea buena&#8230; Si el objeto de la acci\u00f3n concreta no est\u00e1 en sinton\u00eda con el verdadero bien de la persona, la elecci\u00f3n de tal acci\u00f3n hace moralmente mala a nuestra voluntad\u201d (n\u00ba 72).<\/p>\n<\/div>\n<div>Por \u00faltimo, estar\u00eda la corriente que ensalza, por encima de todo, el valor de las circunstancias. Es el circunstancialismo. Hist\u00f3ricamente apareci\u00f3 antes que las teor\u00edas ya citadas. P\u00edo XII ya la conden\u00f3 en un radiomensaje emitido el 23 de mayo de 1950. Fue llamada entonces \u201cmoral de situaci\u00f3n\u201d. El Santo Oficio la conden\u00f3 oficialmente el 2 de febrero de 1956. Para esta corriente, el mal y el bien dependen de cierto juicio \u00edntimo y luz peculiar de la mente en cada individuo, por cuyo medio viene a conocer, en cada situaci\u00f3n concreta, lo que ha de hacer. Esto deriva, obviamente, en un subjetivismo relativista. Nadie duda del valor de las circunstancias a la hora de formular el juicio \u00e9tico, pues condiciona la vida moral de cada persona de muchas maneras. Pero el circunstancialismo exagera ese valor y hace depender s\u00f3lo de las circunstancias la valoraci\u00f3n del acto moral, sin que puedan darse actos intr\u00ednsecamente malos. A ello se refiri\u00f3 tambi\u00e9n la enc\u00edclica \u201cVeritatis splendor\u201d: \u201cSin negar en absoluto el influjo que sobre la moralidad tienen las circunstancias y, sobre todo, las intenciones, la Iglesia ense\u00f1a que existen actos que, por s\u00ed y en s\u00ed mismos, independientemente de las circunstancias, son siempre gravemente il\u00edcitos por raz\u00f3n de su objeto&#8230; Las circunstancias o las intenciones nunca podr\u00e1n transformar un acto intr\u00ednsecamente deshonesto por su objeto en un acto subjetivamente honesto o justificable como elecci\u00f3n\u201d (n\u00ba 89).<\/div>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La distinta valoraci\u00f3n a las fuentes de la moralidad -vistas en el cap\u00edtulo anterior- ha generado diversas escuelas de Moral. Algunas de ellas, muy difundidas, son claramente err\u00f3neas y como tales han sido identificadas por la Iglesia. 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