{"id":633,"date":"2015-12-07T18:25:32","date_gmt":"2015-12-07T18:25:32","guid":{"rendered":"http:\/\/franciscanosdemaria.org\/?p=633"},"modified":"2015-12-07T18:25:32","modified_gmt":"2015-12-07T18:25:32","slug":"la-conciencia-moral-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/la-conciencia-moral-ii\/","title":{"rendered":"La conciencia moral (II)"},"content":{"rendered":"<table border=\"0\" cellpadding=\"10\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<p><strong>La superioridad de la conciencia a la hora de dirigir el actuar humano choca con algunos inconvenientes: \u00bfQu\u00e9 hacer cuando la conciencia es err\u00f3nea?, \u00bfC\u00f3mo comportarse cuando se es consciente de que el Magisterio ense\u00f1a una cosa con la que no se est\u00e1 de acuerdo?. a la vez, hay que establecer unos criterios de actuaci\u00f3n que permitan la convivencia en un mundo plural.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div>El tema del juicio moral de la conciencia se plante\u00f3 originariamente con la cuesti\u00f3n de la \u201cconciencia err\u00f3nea\u201d. Es decir, se cuestion\u00f3 si cab\u00eda la posibilidad de que errase la conciencia cuando emite sus juicio de valor sobre el bien y el mal morales. Al sobrevalorar la conciencia m\u00e1s de lo debido, se corre el riesgo de pensar que es un valor absoluto, de modo que ella sola pueda decidir el juicio moral, sin posibilidad de equivocarse.<\/div>\n<div>\nLa cuesti\u00f3n de la \u201cconciencia err\u00f3nea\u201d se plante\u00f3 ya en el siglo XII, en la discusi\u00f3n entre Abelardo y San Bernardo. Para San Bernardo, siempre que hay un error existe alguna culpabilidad previa, por lo cual, concluye: toda ignorancia es culpable; en consecuencia, no existe una \u201cconciencia invenciblemente err\u00f3nea\u201d. Abelardo, por el contrario, afirma que el error disculpa de pecado, pero no analiza la causa del error: si hay o no culpabilidad en su origen.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Santo Tom\u00e1s<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un siglo m\u00e1s tarde, Santo Tom\u00e1s de Aquino aportar\u00e1 la verdadera soluci\u00f3n distinguiendo entre \u201cconciencia habitual\u201d y \u201cconciencia actual\u201d. La primera vendr\u00eda a ser como \u201cla voz de Dios\u201d y, por lo tanto, no puede equivocarse. La segunda equivale a un juicio pr\u00e1ctico que aplica los principios de la primera a los actos concretos de la vida y en ese juicio s\u00ed cabe error. Ahora bien, ese error puede ser vencible o invencible, seg\u00fan le sea f\u00e1cil detectarlo o no. En el caso de un error invencible, la conciencia no comete pecado; si lo pudiese superar, s\u00ed se le imputa el pecado.<\/div>\n<div>\nEn nuestros d\u00edas se suscitan tres problemas: la no distinci\u00f3n entre \u201cconciencia habitual\u201d y \u201cconciencia actual\u201d, la crisis de la verdad objetiva y universal y la sobrevaloraci\u00f3n de la conciencia. esto lleva a convertir con facilidad a la conciencia en el \u00fanico criterio moral, por lo que su juicio ser\u00eda decisorio y, consecuentemente, deber\u00e1 respetarse por fidelidad al ser propio de la persona. Esta doctrina es la que condena la enc\u00edclica \u201cVeritatis splendor\u201d:<\/div>\n<div>\n\u201cSe han atribuido a la conciencia individual las prerrogativas de una instancia suprema del juicio moral que decide categ\u00f3rica e infaliblemente sobre el bien y el mal. Al presupuesto de que se debe seguir la propia conciencia se ha a\u00f1adido indebidamente la afirmaci\u00f3n de que el juicio moral es verdadero por el hecho mismo de que proviene de la conciencia. Pero, de este modo, ha desaparecido la necesaria exigencia de verdad en aras de un criterio de sinceridad, de autenticidad, de \u2018acuerdo con uno mismo\u2019, de tal forma que se ha llegado a una concepci\u00f3n radicalmente subjetivista del juicio moral\u201d (VS 32).<\/div>\n<div>\nAs\u00ed las cosas, tenemos que plantearnos la obligaci\u00f3n que habr\u00eda de seguir el dictamen de una conciencia que fuera \u201cinvenciblemente err\u00f3nea\u201d. Es verdad que, en la determinaci\u00f3n \u00faltima, la conciencia decide, pero esta afirmaci\u00f3n se cumple cuando la conciencia es recta, asentada en criterios verdaderos y por lo mismo ausente de error. \u00bfY cuando el error es invencible?. Tambi\u00e9n en ese caso hay que seguir el dictado de la conciencia, sabiendo, como dijo Santo Tom\u00e1s, que no se peca.<\/div>\n<div>\nNo ocurre lo mismo en el caso de que el error sea vencible, pues en tal estado la conciencia se vuelve indigna. Esto sucede, tal y como indic\u00f3 el Concilio Vaticano II, \u201ccuando el hombre se despreocupa de buscar la verdad y el bien y la conciencia se va progresivamente entenebreciendo por el h\u00e1bito del pecado\u201d (GS 16). Esta situaci\u00f3n es cada vez m\u00e1s frecuente, por muchos motivos, incluido el de la confusi\u00f3n que siembran aquellos que tienen autoridad intelectual sobre los creyentes -te\u00f3logos y sacerdotes- que defienden posturas morales contrarias a las del Magisterio de la Iglesia. Por eso, no es f\u00e1cil discernir cu\u00e1ndo alguien est\u00e1 en ignorancia culpable o simplemente se debe a que ha sido instruido en tales errores.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Fidelidad al Magisterio<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En todo caso, es dif\u00edcil encontrar personas en las sociedades occidentales que no sepan lo que opina el Magisterio oficial de la Iglesia sobre cualquier tema moral o que, no sabi\u00e9ndolo, no puedan acudir a un experto que se lo diga -no que le diga su opini\u00f3n, sino que le diga lo que la Iglesia ense\u00f1a-. Por lo tanto, la ignorancia invencible, en este tipo de sociedades, es cada vez menos probable. Y, sabiendo lo que dice la Iglesia, y siendo conscientes de lo f\u00e1cil que es sufrir influencias de un ambiente cada vez m\u00e1s hostil a la verdad moral revelada, hay que concluir que hoy hay que exigir a la conciencia individual un sometimiento pleno a lo que la Iglesia ense\u00f1a. En el caso -cada vez m\u00e1s frecuente- de que la conciencia individual difiera de las ense\u00f1anzas del Magisterio, se le pide al fiel cristiano la obediencia, pues es m\u00e1s que probable que su conciencia sea err\u00f3nea, bien desde sus or\u00edgenes o bien, como ya se ha dicho citando al Concilio, por haberse ido \u201cprogresivamente entenebreciendo por el h\u00e1bito del pecado\u201d o por la contaminaci\u00f3n ideol\u00f3gica que nos acosa.<\/div>\n<div>\nEstablecido este principio de comportamiento moral para el cristiano de hoy, cabe preguntarse si la conciencia err\u00f3nea tiene alg\u00fan derecho. Los te\u00f3logos distinguen entre \u201clibertad de las conciencias\u201d y \u201clibertad de conciencia\u201d. Por la primera se entiende el respeto a la conciencia de toda persona, aunque est\u00e9 equivocada; la segunda refleja la actitud de quienes defienden que la conciencia puede situarse por encima de toda norma y de la libertad de los dem\u00e1s. Esta \u00faltima no merece ning\u00fan respeto.<\/div>\n<div>\nLa \u201clibertad de las conciencias\u201d debe armonizarse con dos principios: el de reciprocidad y el de tolerancia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Reciprocidad y tolerancia<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por el primero se exige que en la vida social se respete el derecho a la libertad de las conciencias de todos los ciudadanos. Esto significa que si en un determinado caso un derecho se opone a la justa convivencia, si bien ning\u00fan ciudadano debe ser violentado en su interior, sin embargo, en raz\u00f3n del bien com\u00fan, puede ser limitado en el ejercicio de ese derecho. \u201cTodos los hombres -dice el Concilio- est\u00e1n obligados por la ley natural a tener en cuenta los derechos ajenos y sus deberes para con los dem\u00e1s y para el bien com\u00fan de todos\u201d (DH 7).<\/div>\n<p>En cuanto al principio de tolerancia, se refiere de modo directo a los gobernantes, que tienen que armonizar dos deberes: el de respetar la libertad de las conciencias de los ciudadanos y el de proteger los valores morales del individuo y de la colectividad. Esto significa que en ocasiones el gobernante no puede prescribir legalmente lo mejor y tiene que tolerar ciertas situaciones para mantener la convivencia entre los ciudadanos. Ahora bien, el principio de tolerancia tiene dos l\u00edmites: el respeto a los derechos humanos y el bien com\u00fan. Por lo tanto, no se puede invocar la tolerancia cuando se conculcan los derechos del hombre o se va contra el bien com\u00fan.<\/p>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La superioridad de la conciencia a la hora de dirigir el actuar humano choca con algunos inconvenientes: \u00bfQu\u00e9 hacer cuando la conciencia es err\u00f3nea?, \u00bfC\u00f3mo comportarse cuando se es consciente de que el Magisterio ense\u00f1a una cosa con la que<span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span><\/p>\n<div class=\"read-more\"><a href=\"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/la-conciencia-moral-ii\/\">Leer m\u00e1s \u203a<\/a><\/div>\n<p><!-- end of .read-more --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[9],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/633"}],"collection":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=633"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/633\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":634,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/633\/revisions\/634"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=633"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=633"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=633"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}