{"id":635,"date":"2015-12-07T18:26:16","date_gmt":"2015-12-07T18:26:16","guid":{"rendered":"http:\/\/franciscanosdemaria.org\/?p=635"},"modified":"2015-12-07T18:26:16","modified_gmt":"2015-12-07T18:26:16","slug":"la-conciencia-moral-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/la-conciencia-moral-i\/","title":{"rendered":"La conciencia moral (I)"},"content":{"rendered":"<table border=\"0\" cellpadding=\"10\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<p><strong>En el hombre concreto, la grandeza de la conciencia supera al bien inmenso de la libertad. Es cierto que sin libertad las acciones humanas no gozar\u00edan del calificativo de \u201cmorales\u201d, pero la vida moral como tal se ventila en la conciencia de cada persona. La conciencia no es una \u201cfacultad\u201d de la persona, sino que es el hombre mismo. Es el yo que detecta el bien y el mal.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div>La sabidur\u00eda popular expresa la grandeza moral de una persona diciendo: \u201ces un hombre de conciencia\u201d. Y el juicio m\u00e1s negativo sobre cualquiera tambi\u00e9n hace relaci\u00f3n a la conciencia: \u201ces un hombre sin conciencia\u201d. Por su parte, el Magisterio de todos los tiempos ensalza el papel de la conciencia en el ser mismo del hombre. Baste citar este testimonio de Juan Pablo II:<\/div>\n<div>\n\u201cLa conciencia es una especie de sentido moral que nos lleva a discernir lo que est\u00e1 bien de lo que est\u00e1 mal&#8230; es como un ojo interior, una capacidad visual del esp\u00edritu en condiciones de guiar nuestros pasos por el camino del bien, recalcando la necesidad de formar cristianamente la propia conciencia, a fin de que ella no se convierta en una fuerza destructora de su verdadera humanidad, en vez de un lugar santo donde Dios le revela su bien verdadero\u201d (Reconciliatio et Paenitentia, 26).<\/div>\n<div>\nEsa grandeza de la conciencia tambi\u00e9n se deja sentir en un gran sector de la cultura actual, que tiene un vivo sentimiento del valor de la conciencia. Por eso apela a ella y reclama que sea protegida jur\u00eddicamente frente a toda injerencia externa. De aqu\u00ed la legislaci\u00f3n que protege la \u201cobjeci\u00f3n de conciencia\u201d.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Detractores<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero la cultura tambi\u00e9n tiene sus paradojas. Es curioso constatar c\u00f3mo algunos c\u00edrculos culturales -incluso quienes reclaman los derechos de la conciencia- niegan su existencia en el \u00e1mbito religioso. En efecto, algunos pretenden negar la conciencia moral y sostienen que es \u201cun prejuicio religioso\u201d que convendr\u00eda eliminar porque resta espontaneidad al actuar humano. Ya Nietzsche alude a ella y la califica como una \u201cterrible enfermedad\u201d, de la que el hombre ha de curarse.<\/div>\n<div>\nLos argumentos que cabe aducir a favor de la existencia de la conciencia son que se trata de un substrato humano que todos constatamos, que es una de las experiencias m\u00e1s comunes y primitivas de la persona, que es una constante de todas las culturas, que la conciencia es lo que nos diferencia de los animales pues -como se\u00f1al\u00f3 Zubiri- el animal siente pero no se siente, que el hombre no puede evitar llevar a cabo un juicio te\u00f3rico por el que juzga si algo es verdadero o falso y que, en paridad con este juicio te\u00f3rico, hace otro de tipo pr\u00e1ctico por el que juzga si algo es bueno o malo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Es evidente que el cristiano no tiene necesidad de recurrir a estos argumentos, dado que \u00e9l mismo experimenta en s\u00ed la existencia de la conciencia en todo momento. Adem\u00e1s, la escritura apela a la conciencia con el fin de que el hombre se conduzca de acuerdo con su dignidad.<\/div>\n<div>\nEn el Antiguo Testamento, en la versi\u00f3n griega de los Setenta, el t\u00e9rmino \u201cconciencia\u201d se encuentra s\u00f3lo tres veces. Pero el contenido conceptual del mismo se expresa con otros nombres, especialmente con el t\u00e9rmino \u201ccoraz\u00f3n\u201d. El \u201ccoraz\u00f3n\u201d es la sede del bien y del mal. As\u00ed de David, despu\u00e9s del pecado, se dice que \u201cle salt\u00f3 el coraz\u00f3n\u201d (I sam 24, 6)y el libro de los Proverbios sentencia que los caminos del hombre son buenos y rectos en la medida en que lo sea su coraz\u00f3n (Prov 29, 27). Es el coraz\u00f3n el que siente el remordimiento cuando se comete el mal, tal como ense\u00f1a el Eclesi\u00e1stico: \u201cEl coraz\u00f3n testimonia cu\u00e1ntas veces han ofendido al pr\u00f3jimo\u201d (Eclo 7, 22). As\u00ed mismo, el hombre manifiesta su arrepentimiento como \u201ccontrici\u00f3n de coraz\u00f3n\u201d. Por eso David se dirige a Dios y le ruega: \u201cT\u00fa no desprecias un coraz\u00f3n contrito y humillado\u201d (Sal 51, 19).<\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>Nuevo Testamento<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Este mismo lenguaje -tambi\u00e9n con el t\u00e9rmino \u201ccoraz\u00f3n\u201d- se repite en el Nuevo Testamento, pero ya es m\u00e1s frecuente el uso del t\u00e9rmino \u201cconciencia\u201d, que, si bien no se encuentra en los Evangelios, s\u00ed se menciona 20 veces en San Pablo y otras diez en los restantes libros del Nuevo Testamento. De \u00e9stas, cabe destacar las siguientes:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; La conciencia es una realidad en todos los hombres (Rom 2, 15). Es la norma de actuar y hay obligaci\u00f3n de seguir sus juicios y por ello debe ser respetada (1 Cor 7, 13; 1 Cor 8, 7; 2 cor 10, 29).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; Es individual y testifica a cada uno el mal que ejecuta (Rom 2, 15); tambi\u00e9n es testigo del bien realizado (Rom 9, 1); cada uno, seg\u00fan su conciencia, dar\u00e1 cuenta a Dios de su vida (2 Cor 5, 11; 1 Tim 4, 2; Rom 13, 5).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>&#8211; La conciencia hace juicios de valor moral (1 Cor 10, 25). En los cristianos, es testigo de sus buenas obras (Hch 23, 1).<\/div>\n<div>\nEn la primera \u00e9poca de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, la que conocemos como de los Padres de la Iglesia, \u00e9stos concluyen tres cosas: La importancia de la conciencia para la vida moral, la misi\u00f3n de la conciencia de juzgar las conductas y, por \u00faltimo, la necesidad de concordar la conciencia personal con las normas morales que rigen el actuar humano. Este \u00faltimo punto, por ser el m\u00e1s conflictivo en estos momentos, merece la pena verlo con m\u00e1s detalle.<\/div>\n<div>\nCuriosamente, en contra de lo que sucede hoy, los Padres no encuentran dificultad en concordar conciencia y norma; m\u00e1s a\u00fan, subrayan la relaci\u00f3n que existe entre ambas. As\u00ed, destacan la armon\u00eda de la conciencia y la ley natural, que en ocasiones parecen identificadas. San Juan Cris\u00f3stomo escribe: \u201cDios nos ha dado la ley natural, es decir, ha impreso en nosotros la conciencia\u201d. San Ireneo se pregunta por qu\u00e9 Dios no dio el Dec\u00e1logo a las generaciones anteriores a Mois\u00e9s y responde porque ya ten\u00edan la ley natural. Pero los Padres no s\u00f3lo armonizan conciencia y ley, sino que, seg\u00fan sus ense\u00f1anzas, la misi\u00f3n de la conciencia es aceptar y cumplir los preceptos del dec\u00e1logo, el mandamiento nuevo del amor y las dem\u00e1s prescripciones evang\u00e9licas. Esto se resumen en un texto de San Basilio: \u201cTodos tenemos en nosotros un juicio natural que discierne el bien y el mal&#8230; De este modo, t\u00fa sabes juzgar entre la impureza y el pudor. Tu raz\u00f3n se sienta en un tribunal y juzga desde lo alto de su autoridad\u201d.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><strong>\u201cVeritatis splendor\u201d<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La teolog\u00eda posterior elabor\u00f3 la doctrina en torno a este tema. Pero todav\u00eda persisten no pocas inseguridades doctrinales, hasta el punto de que merecieron un detenido repaso en la enc\u00edclica de Juan Pablo II sobre la moral, la \u201cVeritatis splendor\u201d. Las grandes cuestiones debatidas en esta enc\u00edclica en torno a este tema se resumen en tres puntos: el valor del juicio moral de la conciencia, el papel concreto de la conciencia en relaci\u00f3n con los valores morales y, por \u00faltimo, la relaci\u00f3n entre conciencia y ley.<\/div>\n<div><\/div>\n<p>El estudio de estas cuestiones, siguiendo la enc\u00edclica de Juan Pablo II, ser\u00e1 el objeto del pr\u00f3ximo cap\u00edtulo de este apartado dedicado a la moral. Baste con recordar ahora que para el cristiano, como hasta hace poco para todos los hombres, no hay duda sobre la existencia de la conciencia moral.<\/p>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el hombre concreto, la grandeza de la conciencia supera al bien inmenso de la libertad. 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