{"id":719,"date":"2015-12-07T19:08:11","date_gmt":"2015-12-07T19:08:11","guid":{"rendered":"http:\/\/franciscanosdemaria.org\/?p=719"},"modified":"2015-12-07T19:08:11","modified_gmt":"2015-12-07T19:08:11","slug":"biblia-y-magisterio-de-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/biblia-y-magisterio-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"Biblia y Magisterio de la Iglesia"},"content":{"rendered":"<table border=\"0\" cellpadding=\"10\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<p><strong>La relaci\u00f3n entre Biblia y Magisterio es fundamental tanto para la correcta interpretaci\u00f3n b\u00edblica como para la fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica de lo que el Magisterio ense\u00f1a\u00a0y del misma Magisterio en s\u00ed, en cuanto a su capacidad de ense\u00f1ar con autoridad. El \u201cs\u00f3lo Escritura\u201d de Lucero encierra, en el fondo, una contradicci\u00f3n: la misma Escritura remite al Magisterio para ser interpretada.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div>En realidad, las relaciones entre la Biblia y el Magisterio de la Iglesia no dan lugar a un principio aut\u00f3nomo de interpretaci\u00f3n b\u00edblica, sino que son como un resumen o conclusi\u00f3n de lo que se ha dicho hasta ahora sobre los criterios correctos de interpretaci\u00f3n b\u00edblica.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Del principio b\u00e1sico acerca de la doble naturaleza divina y humana de la Sagrada Escritura, hemos deducido el principio de la unidad interpretativa de la Biblia por el int\u00e9rprete cat\u00f3lico: interpretar la Escritura lleva consigo aceptar esta espec\u00edfica cualidad de la Escritura \u2013la de ser humana y divina a la vez-, lo cual le obliga, por ser humana, a tomar en serio todos los m\u00e9todos de investigaci\u00f3n exeg\u00e9tica cient\u00edfica; pero tambi\u00e9n le exige la lectura de la Biblia \u201cen el Esp\u00edritu\u201d, lo cual en el fondo supone leerla en el \u00e1mbito en que tenemos garant\u00eda de la actuaci\u00f3n del Esp\u00edritu, es decir, en la Iglesia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Teniendo en cuenta esto, podemos precisar cu\u00e1les son las relaciones entre Biblia y Magisterio. Nos orienta en esta tarea el mismo Concilio Vaticano II: \u201cLa Tradici\u00f3n y la Escritura constituyen un solo dep\u00f3sito sagrado de la Palabra de Dios, confiado a la Iglesia. Fiel a dicho dep\u00f3sito, en pueblo cristiano entero en comuni\u00f3n con sus pastores persevera siempre en la ense\u00f1anza de los Ap\u00f3stoles y en la comuni\u00f3n, en la fracci\u00f3n del pan y en la oraci\u00f3n (Hch 2,42), y as\u00ed se realiza una maravillosa concordia de pastores y fieles en conservar, practicar y profesar la fe recibida. El oficio de interpretar aut\u00e9nticamente la Palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado \u00fanicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en nombre de Jesucristo. Pero el Magisterio no est\u00e1 por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio, para ense\u00f1ar puramente lo transmitido , pues por mandato divino y con la asistencia del Esp\u00edritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente , lo explica fielmente; y de este \u00fanico dep\u00f3sito de fe saca todo lo que propone como revelado por Dios para ser cre\u00eddo. As\u00ed pues, la Tradici\u00f3n, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia, seg\u00fan el plan prudente de Dios, est\u00e1n unidos y ligados entre s\u00ed, de manera que ninguno puede subsistir sin los otros; y as\u00ed los tres conjuntamente, si bien cada uno seg\u00fan su modo espec\u00edfico, contribuyen eficazmente bajo la acci\u00f3n del \u00fanico Esp\u00edritu a la salvaci\u00f3n de las almas\u201d (Dei Verbum 10).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La primera novedad de este texto es la afirmaci\u00f3n neta de que la Escritura ha sido entregada a toda la Iglesia, a todo el pueblo de Dios (por tanto, sin excluir a la jerarqu\u00eda). Se trata, pues, de una formulaci\u00f3n de lo que ya se ha expresado con otras palabras: la Iglesia es el lugar por excelencia de la acogida y comprensi\u00f3n de la Escritura y de la Tradici\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El oficio del Magisterio de la Iglesia viene exigido por la naturaleza jer\u00e1rquica de \u00e9sta, pues \u201cpara que el Evangelio se conservara siempre vivo y entero en la Iglesia, los Ap\u00f3stoles nombraron como sucesores a los obispos, entreg\u00e1ndoles su propio cargo de Magisterio\u201d (Dei Verbum 7b). Se expresa aqu\u00ed el principio de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, unido al de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica desde los comienzos de la Iglesia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Su tarea no consiste en sustituir a la Escritura, ni en colocarse sobre ella, sino en interpretarla aut\u00e9nticamente. En realidad, el Magisterio de la Iglesia est\u00e1 sujeto a la Palabra de Dios manifestada en la Escritura, la cual es su norma definitiva, \u201cnorma normans non normata\u201d (norma de las normas, no normada). Por eso debe ponerse a la escucha de la Palabra, custodiarla celosamente y explicarla con fidelidad, todo lo cual hace con la asistencia del Esp\u00edritu Santo. Este es el servicio b\u00e1sico del Magisterio a la Palabra de Dios, un servicio que le compete exclusivamente por participar como sucesores de los ap\u00f3stoles de la autoridad de Cristo y, por ello mismo, del poder de ense\u00f1ar en nombre de Cristo. Este ense\u00f1ar en nombre de Cristo es lo que hace que la interpretaci\u00f3n que el Magisterio de la Iglesia realiza de la Escritura sea aut\u00e9ntica, y que su interpretaci\u00f3n sea norma pr\u00f3xima obligatoria para toda la comunidad eclesial, incluidos, por supuesto, los exegetas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El Magisterio de la Iglesia ejerce su servicio de interpretaci\u00f3n aut\u00e9ntica de la Escritura de muy diversas formas. La m\u00e1s gen\u00e9rica es cuando propone dogm\u00e1ticamente la verdad de fe, aunque no cite expl\u00edcitamente la Escritura. En este caso, el exegeta debe tener en cuenta la fe de la Iglesia, aut\u00e9nticamente expuesta, en el sentido en que debe tener en cuenta la analog\u00eda de la fe.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A veces, muy pocas, el Magisterio incluye la interpretaci\u00f3n de un texto b\u00edblico en una definici\u00f3n dogm\u00e1tica. En este caso, esa interpretaci\u00f3n, que siempre se refiere al sentido del texto b\u00edblico y no necesariamente a la intenci\u00f3n del autor, no agota el sentido del texto, que puede seguir siendo estudiado por el exegeta.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En otros casos, el Magisterio solemne hace referencia expl\u00edcitas a textos b\u00edblicos, si bien \u00e9stos no quedan incluidos en la definici\u00f3n dogm\u00e1tica. Sin definir el sentido preciso del texto b\u00edblico, se se\u00f1ala una orientaci\u00f3n de \u00e9l que la mera interpretaci\u00f3n exeg\u00e9tica no podr\u00eda descubrir.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Finalmente, con mucha frecuencia, el Magisterio ordinario de la Iglesia recurre a los m\u00e1s variados textos b\u00edblicos para fundamentar e ilustrar su exposici\u00f3n. En este caso se trata de una orientaci\u00f3n interpretativa que debe juzgarse con mucha mayor sobriedad, pero que normalmente es punto de encuentro y confluencia de muchos y diversos esfuerzos interpretativos que se hacen en la Iglesia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En todos los casos anteriormente expuestos, el int\u00e9rprete cat\u00f3lico de la Escritura acoge las orientaciones del Magisterio de la Iglesia, cada una seg\u00fan su peculiar cualidad, no como una imposici\u00f3n externa y contraria al trabajo cient\u00edfico, sino como quien sabe que la Escritura ha sido encomendada a la Iglesia, de la que forma parte y en la que trabaja como una misi\u00f3n y un carisma espec\u00edficos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero no solamente escucha al Magisterio de la Iglesia, sino que debe ponerse tambi\u00e9n a la escucha de todo el pueblo de Dios, que es el depositario de la Palabra revelada, seg\u00fan hemos dicho. En este sentido, el exegeta debe tambi\u00e9n estar atento a las reacciones de la comunidad ante su trabajo, lo cual se realiza de un modo concreto cuando el exegeta escribe o habla en tono de alta divulgaci\u00f3n, tarea \u00e9sta de la que parece no debe prescindirse, en cuanto que supone un sometimiento directo del trabajo exeg\u00e9tico a la verificaci\u00f3n de la comunidad y al juicio de la Iglesia. Adem\u00e1s, el exegeta contribuye positivamente al crecimiento de la comprensi\u00f3n de la Escritura por medio de su estudio y contemplaci\u00f3n, ayuda a madurar el juicio de la Iglesia y a porta a \u00e9sta una ayuda inestimable para conocer la Palabra de Dios.<\/div>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La relaci\u00f3n entre Biblia y Magisterio es fundamental tanto para la correcta interpretaci\u00f3n b\u00edblica como para la fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica de lo que el Magisterio ense\u00f1a\u00a0y del misma Magisterio en s\u00ed, en cuanto a su capacidad de ense\u00f1ar con autoridad. 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