{"id":751,"date":"2015-12-07T19:23:21","date_gmt":"2015-12-07T19:23:21","guid":{"rendered":"http:\/\/franciscanosdemaria.org\/?p=751"},"modified":"2015-12-07T19:23:21","modified_gmt":"2015-12-07T19:23:21","slug":"la-fe-en-cristo-segun-el-catecismo-iv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/la-fe-en-cristo-segun-el-catecismo-iv\/","title":{"rendered":"La fe en Cristo seg\u00fan el Catecismo (IV)"},"content":{"rendered":"<table border=\"0\" cellpadding=\"10\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div><strong>Las ense\u00f1anzas sobre Cristo que recoge el Catecismo, adem\u00e1s de las ya expuestas en los cap\u00edtulos anteriores, se completan con la profesi\u00f3n de fe en la materialidad de Cristo resucitado -que nos lleva a creer en la resurrecci\u00f3n de la carne-, as\u00ed como con la fe en la ascensi\u00f3n del Se\u00f1or, en su segunda venida gloriosa y en su labor de juez de vivos y muertos.<\/strong><\/div>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div>Vista ya la realidad hist\u00f3rica de la resurrecci\u00f3n de Cristo, conviene preguntarse sobre lo que el Catecismo llama \u201cel estado de la humanidad resucitada de Cristo\u201d. O, lo que es lo mismo, conviene aclarar si Cristo resucitado era un fantasma, un esp\u00edritu puro, o si ten\u00eda una consistencia material, tocable y visible. Sobre esto, el Catecismo afirma: \u201cJes\u00fas resucitado establece con sus disc\u00edpulos relaciones directas mediante el tacto (cf Lc 24,39; Jn 20,27) y el compartir la comida (cf Lc 24,30. 41-43; Jn 21,9.13-15). Les invita as\u00ed a reconocer que \u00e9l no es un esp\u00edritu (cf Lc 24,39) pero sobre todo a que comprueben que el cuerpo resucitado con el que se presenta ante ellos es el mismo que ha sido martirizado y crucificado ya que sigue llevando las huellas de su pasi\u00f3n (cf Lc 24,40; Jn 20,20. 27). Este cuerpo aut\u00e9ntico y real posee sin embargo al mismo tiempo las propiedades nuevas de un cuerpo glorioso: no est\u00e1 situado en el espacio ni en el tiempo, pero puede hacerse presente a su voluntad donde quiere y cuando quiere (cf Mt 28,9. 16-17; Lc 24, 15. 36; Jn 20,14. 19. 26; 21,4) porque su humanidad ya no puede ser retenida en la tierra y no pertenece ya m\u00e1s que al dominio divino del Padre (cf Jn 20,17). Por esta raz\u00f3n tambi\u00e9n Jes\u00fas resucitado es soberanamente libre de aparecer como quiere: bajo la apariencia de un jardinero (cf Jn 20,14-15) o \u201cbajo otra figura\u201d (Mc 16,12) distinta de la que les era familiar a los disc\u00edpulos, y eso para suscitar su fe\u201d (n\u00ba 645).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La fe de la Iglesia, basada en lo que cuentan los evangelistas, es terminante: Cristo resucit\u00f3 y su resurrecci\u00f3n implic\u00f3 a su carne, de forma que sin tratarse de una retorno a la vida terrena (como le hab\u00eda sucedido a L\u00e1zaro), s\u00ed se puede hablar de una resurrecci\u00f3n que afecta al cuerpo y no s\u00f3lo al esp\u00edritu. Y lo mismo que le sucedi\u00f3 a Cristo nos suceder\u00e1 a nosotros y a todos los que han muerto antes de nosotros.<br \/>\nPara acabar este apartado, el Catecismo presenta la resurrecci\u00f3n de Cristo como obra de la Sant\u00edsima Trinidad, del Dios uno y trino. Tambi\u00e9n habla del sentido salv\u00edfico de la resurrecci\u00f3n, y lo hace citando la frase de San Pablo: \u201cSi no resucit\u00f3 Cristo, vana es nuestra predicaci\u00f3n, vana tambi\u00e9n vuestra fe\u201d (1 Cor 15,14). \u201cLa resurrecci\u00f3n -concluye el Catecismo- constituye ante todo la confirmaci\u00f3n de todo lo que Cristo hizo y ense\u00f1\u00f3. Todas las verdades, incluso las m\u00e1s inaccesibles al esp\u00edritu humano, encuentran su justificaci\u00f3n si Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina seg\u00fan lo hab\u00eda prometido\u201d (n\u00ba 651). \u201cLa verdad de la divinidad de Jes\u00fas -dice m\u00e1s adelante- es confirmada por su resurrecci\u00f3n\u201d (n\u00ba 653). Adem\u00e1s, la resurrecci\u00f3n de Cristo es la prenda de nuestra propia resurrecci\u00f3n y salvaci\u00f3n: \u201cHay un doble aspecto en el misterio pascual: por su muerte nos libera del pecado, por su resurrecci\u00f3n nos abre el acceso a una nueva vida. Esta es, en primer lugar, la justificaci\u00f3n que nos devuelve a la gracia de Dios&#8230; Realiza la adopci\u00f3n filial porque los hombres se convierten en hermanos de Cristo, como Jes\u00fas mismo llama a sus disc\u00edpulos despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n: \u201cId, avisad a mis hermanos\u201d (Mt 28,10; Jn 20,17). Hermanos no por naturaleza, sino por dond e la gracia, porque esta filiaci\u00f3n adoptiva confiere una participaci\u00f3n real en la vida del Hijo \u00fanico&#8230;. Por \u00faltimo, la resurrecci\u00f3n de Cristo -y el propio Cristo resucitado- es principio y fuente de nuestra resurrecci\u00f3n futura: \u2018Cristo resucit\u00f3 de entre los muertos como primicia de los que durmieron&#8230; del mismo modo que en Ad\u00e1n mueren todos, as\u00ed tambi\u00e9n todos revivir\u00e1n en Cristo\u2019 (1 Co 15,20-22)\u201d (n\u00ba 654, 655).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Expuesta ya la fe en la resurrecci\u00f3n de Cristo, con todos sus matices y consecuencias, el Catecismo nos habla de otro aspecto: la Ascensi\u00f3n del Se\u00f1or. Sobre esto afirma: \u201cLa ascensi\u00f3n de Jesucristo marca la entrada definitiva de la humanidad de Jes\u00fas en el dominio celestial de Dios de donde ha de volver (cf Hch 1,11), aunque mientras tanto lo esconde a los ojos de los hombres (cf Col 3,3)\u201d (n\u00ba 665). Y tambi\u00e9n: \u201cJesucristo, cabeza de la Iglesia, nos precede en el Reino glorioso del Padre para que nosotros, miembros de su cuerpo, vivamos en la esperanza de estar un d\u00eda con \u00e9l eternamente\u201d (n\u00ba 666). Por \u00faltimo: \u201cJesucristo, habiendo entrado una vez por todas en el santuario del cielo, intercede sin cesar por nosotros como el mediador que nos asegura permanentemente la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo\u201d (n\u00ba 667).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En definitiva, la Ascensi\u00f3n de Jes\u00fas al Cielo supone el final -transitorio- de la etapa excepcional que supuso la presencia en la tierra de su cuerpo resucitado durante aquellos cuarenta d\u00edas en que prodig\u00f3 sus apariciones para convencer a los ap\u00f3stoles de su resurrecci\u00f3n. Supone, por lo tanto, la inserci\u00f3n en la normalidad en cuanto que Cristo resucitado no ten\u00eda la misi\u00f3n de volver a vivir permanentemente en la tierra, como lo hab\u00eda hecho mientras estuvo vivo despu\u00e9s de la encarnaci\u00f3n. Adem\u00e1s, la Ascensi\u00f3n del Se\u00f1or nos garantiza, lo mismo que lo hace su resurrecci\u00f3n, que nosotros le seguiremos alg\u00fan d\u00eda. Y nos garantiza tambi\u00e9n que, en el cielo, sigue siendo el gran mediador entre Dios y los hombres.<\/div>\n<div><\/div>\n<p>Pero el adi\u00f3s de Cristo con la Ascensi\u00f3n no fue una despedida definitiva. Fue un \u201chasta luego\u201d. Cristo volver\u00e1. La Iglesia confesa su fe en la segunda venida de Cristo y afirma tambi\u00e9n que \u201ceste advenimiento escatol\u00f3gico se puede cumplir en cualquier momento (cf Mt 24,44; 1 Te 5,2), aunque tal acontecimiento y la prueba final que le ha de preceder est\u00e9n retenidos en las manos de Dios (cf 2 Te 2,3-12)\u201d (n\u00ba 673). esta segunda venida gloriosa de Cristo \u201cse vincula al reconocimiento por \u2018todo Israel\u2019 (Rm 11,26; Mt 23,39) del que \u2018una parte est\u00e1 endurecida\u2019 (Rm 11,25) en \u2018la incredulidad\u2019 (Rm 11,20) respecto a Jes\u00fas\u201d (n\u00ba 674). Adem\u00e1s, antes del advenimiento de Cristo, \u201cla Iglesia deber\u00e1 pasar por una prueba final que sacudir\u00e1 la fe de numerosos creyentes. La persecuci\u00f3n que acompa\u00f1a a su peregrinaci\u00f3n sobre la tierra desvelar\u00e1 el \u2018Misterio de iniquidad\u2019 bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionar\u00e1 a los hombres una soluci\u00f3n aparente a sus problemas mediante el precio de la apostas\u00eda de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a s\u00ed mismo coloc\u00e1ndose en el lugar de Dios y de su Mes\u00edas venido en la carne\u201d (n\u00ba 675). \u201cEl Reino -a\u00f1ade el Catecismo- no se realizar\u00e1, por tanto, mediante un triunfo hist\u00f3rico de la Iglesia en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el \u00faltimo desencadenamiento del mal&#8230; El triunfo de Dios sobre la rebeli\u00f3n del mal tomar\u00e1 la forma del Juicio Final\u201d (n\u00ba 677). En ese momento Cristo volver\u00e1 para juzgar \u201cdefinitivamente las obras y los corazones de los hombres\u201d (n\u00ba 679), aunque \u201ces por el rechazo de la gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya a s\u00ed mismo, es retribuido seg\u00fan sus obras y puede incluso condenarse eternamente al rechazar el Esp\u00edritu de amor\u201d (n\u00ba 679).<\/p>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las ense\u00f1anzas sobre Cristo que recoge el Catecismo, adem\u00e1s de las ya expuestas en los cap\u00edtulos anteriores, se completan con la profesi\u00f3n de fe en la materialidad de Cristo resucitado -que nos lleva a creer en la resurrecci\u00f3n de la<span class=\"ellipsis\">&hellip;<\/span><\/p>\n<div class=\"read-more\"><a href=\"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/la-fe-en-cristo-segun-el-catecismo-iv\/\">Leer m\u00e1s \u203a<\/a><\/div>\n<p><!-- end of .read-more --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[11],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/751"}],"collection":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=751"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/751\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":752,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/751\/revisions\/752"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=751"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=751"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=751"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}