{"id":753,"date":"2015-12-07T19:24:16","date_gmt":"2015-12-07T19:24:16","guid":{"rendered":"http:\/\/franciscanosdemaria.org\/?p=753"},"modified":"2015-12-07T19:24:17","modified_gmt":"2015-12-07T19:24:17","slug":"la-fe-en-cristo-segun-el-catecismo-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/franciscanosdemaria.org\/es\/2015\/12\/07\/la-fe-en-cristo-segun-el-catecismo-iii\/","title":{"rendered":"La fe en Cristo seg\u00fan el Catecismo (III)"},"content":{"rendered":"<table border=\"0\" cellpadding=\"10\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<p><strong>Ofrecemos, en esta lecci\u00f3n del curso de Teolog\u00eda Fundamental, la tercera entrega de las ense\u00f1anzas que el Catecismo contiene sobre Cristo. Afrontamos ahora la cuesti\u00f3n de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, clave para entender su labor redentora y su propia naturaleza, hasta el punto que podemos decir con San Pablo que \u201csi Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe\u201d.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div align=\"justify\">\n<div>Se ha hablado mucho en los \u00faltimos tiempos sobre si la resurrecci\u00f3n de Cristo fue real o si fue m\u00e1s bien una impresi\u00f3n psicol\u00f3gica que tuvieron los ap\u00f3stoles, algo as\u00ed como una aparici\u00f3n fantasmal o un convencimiento \u00edntimo sin pruebas concretas. El Catecismo zanja la cuesti\u00f3n al afirmar: \u201cEl misterio de la resurrecci\u00f3n de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones hist\u00f3ricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento\u201d (n\u00ba 639) y como prueba de que los cristianos fueron conscientes de esas apariciones y demostraciones concretas y tangibles, cita el famoso texto de San Pablo (1 Co 15, 3-4), escrito pocos a\u00f1os despu\u00e9s de los acontecimientos y en el que el ap\u00f3stol habla ya de la existencia de una \u201ctradici\u00f3n\u201d sobre este tema: \u201cPorque os transmit\u00ed, en primer lugar, lo que a mi vez recib\u00ed: que Cristo muri\u00f3 por nuestros pecados, seg\u00fan las Escrituras; que fue sepultado y que resucit\u00f3 al tercer d\u00eda, seg\u00fan las Escrituras; que se apareci\u00f3 a Cefas y luego a los Doce\u201d. Por lo tanto, no puede caber ninguna duda sobre el hecho hist\u00f3rico y real de la resurrecci\u00f3n. Real en el sentido de que verdaderamente ocurri\u00f3. Hist\u00f3rico, en el sentido de que las pruebas de esa resurrecci\u00f3n fueron reconocidas en la historia de los hombres y mujeres que viv\u00edan en esos momentos: los ap\u00f3stoles y algunas mujeres que eran sus disc\u00edpulas.<br \/>\nEntre las pruebas hist\u00f3ricas, concretas, tangibles y tocables est\u00e1 la existencia del sepulcro vac\u00edo. \u201cNo es en s\u00ed una prueba directa -dice el Catecismo-. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podr\u00eda explicarse de otro modo. A pesar de eso, el sepulcro vac\u00edo ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los disc\u00edpulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrecci\u00f3n. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres, despu\u00e9s de Pedro. \u2018El disc\u00edpulo que Jes\u00fas amaba\u2019 (Jn 20,2) afirma que, al entrar en el sepulcro vac\u00edo y al descubrir \u2018las vendas en el suelo\u2019 (Jn 20, 6) \u2018vio y crey\u00f3\u2019 (Jn 20,8). Eso supone que constat\u00f3 en el estado del sepulcro vac\u00edo que la ausencia del cuerpo de Jes\u00fas no hab\u00eda podido ser obra humana y que Jes\u00fas no hab\u00eda vuelto simplemente a una vida terrenal como hab\u00eda sido el caso de L\u00e1zaro\u201d (n\u00ba 640).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La siguiente prueba son las apariciones de Cristo resucitado. Magdalena y las otras mujeres fueron las primeras en disfrutar de ellas y eso las convirti\u00f3 en las primeras mensajeras de la Resurrecci\u00f3n de Cristo. Mensaje que tuvieron que llevar a los propios ap\u00f3stoles, lo cual es una prueba en s\u00ed misma de veracidad, pues normalmente el testimonio de la mujer no era tenido por v\u00e1lido en los juicios de la \u00e9poca, y menos para un asunto tan importante; jam\u00e1s se hubieran inventado una mentira de ese tipo, pues puestos a inventar hubieran dicho que Jes\u00fas se apareci\u00f3 primero a hombres y no a mujeres.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Despu\u00e9s, el Se\u00f1or se apareci\u00f3 a los ap\u00f3stoles. Primero a Pedro y luego a los dem\u00e1s. \u201cPedro, llamado a confirmar en la fe a sus hermanos, ve por tanto al Resucitado antes que a los dem\u00e1s y sobre su testimonio es sobre el que la comunidad exclama: \u00a1Es verdad! \u00a1El Se\u00f1or ha resucitado y se ha aparecido a Sim\u00f3n!\u201d (Lc 24, 34)\u201d (n\u00ba 641).<br \/>\nLa importancia de las apariciones es tan grande que, a la hora de elegir de entre el grupo de los disc\u00edpulos a uno que sustituyera al traidor Judas, los once ap\u00f3stoles restantes echan suertes entre un grupo de hombres dignos seleccionados de entre los que hab\u00edan presenciado alguna de las apariciones de Cristo resucitado. \u201cComo testigos del Resucitado, los ap\u00f3stoles son las piedras de fundaci\u00f3n de su Iglesia. La fe de la primera comunidad de creyentes se funda en el testimonio de hombres concretos, conocidos de los cristianos y, para la mayor\u00eda, viviendo entre ellos todav\u00eda. Estos \u2018testigos de la Resurrecci\u00f3n de Cristo\u2019 son ante todo Pedro y los Doce, pero no solamente ellos: Pablo habla claramente de m\u00e1s de quinientas personas a las que se apareci\u00f3 Jes\u00fas en una sola vez, adem\u00e1s de Santiago y de todos los ap\u00f3stoles\u201d (n\u00ba 642). \u201cAnte estos testimonios -concluye el Catecismo- es imposible interpretar la Resurrecci\u00f3n de Cristo fuera del orden f\u00edsico, y no reconocerlo como un hecho hist\u00f3rico. Sabemos por los hechos que la fe de los disc\u00edpulos fue sometida a la prueba radical de la pasi\u00f3n y de la muerte en cruz de su Maestro, anunciada por \u00c9l de antemano. La sacudida provocada por la pasi\u00f3n fue tan grande que (por lo menos algunos de ellos) no creyeron tan pronto la noticia de la resurrecci\u00f3n. Los evangelios, lejos de mostrarnos una comunidad arrobada por una exaltaci\u00f3n m\u00edstica, nos presentan a los disc\u00edpulos abatidos y asustados. Por eso no creyeron a las santas mujeres que regresaban del sepulcro y \u2018sus palabras les parec\u00edan como desatinos\u2019 (Lc 24, 11). Cuando Jes\u00fas se manifiesta a los once en la tarde de Pascua, \u2018les ech\u00f3 en cada su incredulidad y su dureza de cabeza por no haber cre\u00eddo a quienes le hab\u00edan visto resucitado\u2019 (Mc 16, 14)\u201d (n\u00ba 643). \u201cTan imposible les parece la cosa -sigue diciendo el Catecismo- que, incluso puestos ante la realidad de Jes\u00fas resucitado, los disc\u00edpulos dudan todav\u00eda: creen ver un esp\u00edritu. Tom\u00e1s conocer\u00e1 la misma prueba de la duda y, en su \u00faltima aparici\u00f3n en Galilea referida por Mateo, \u2018algunos sin embargo dudaron\u2019 (Mt 28,17). Por esto la hip\u00f3tesis seg\u00fan la cual la resurrecci\u00f3n habr\u00eda sido un producto de la fe o de la credulidad de los ap\u00f3stoles no tiene consistencia. Muy al contrario, su fe en la Resurrecci\u00f3n naci\u00f3 -bajo la acci\u00f3n de la gracia divina- de la experiencia directa de la realidad de Jes\u00fas resucitado\u201d (n\u00ba 644).<br \/>\nLo que el Catecismo quiere concluir y zanjar es, pues, la realidad hist\u00f3rica de la resurrecci\u00f3n de Cristo. Una realidad que elimina las otras dos posibilidades que se pueden plantear: que se trata de una impostura procedente de los ap\u00f3stoles o que se debiera a un efecto ilusorio, a una sugesti\u00f3n o alucinaci\u00f3n colectiva.<\/div>\n<div><\/div>\n<p>De haber sido una impostura, la persecuci\u00f3n y el martirio a que fueron sometidos los ap\u00f3stoles, habr\u00eda terminado con ella. En efecto, nadie miente para perjudicarse, para ser perseguido, para ser asesinado. Y si se ha mentido para hacer negocio, cuando los planes no se cumplen se desdice uno intentando salvar al menos la vida. No obraron as\u00ed los ap\u00f3stoles: en medio de la persecuci\u00f3n, afrontaron la tortura y el martirio con resoluci\u00f3n y alegr\u00eda, pues la resurrecci\u00f3n de Cristo les certificaba que estaban en el camino correcto y era la prenda de su propia resurrecci\u00f3n. En cuanto a la hip\u00f3tesis de la alucinaci\u00f3n, la desmiente expl\u00edcitamente el Catecismo como se ha visto. Aquellos hombres y aquellas mujeres eran campesinos y pescadores, personas rudas poco acostumbradas a los arrebatos m\u00edsticos y habituados en cambio a tener los pies en el suelo. Si hubiera sido una sola la aparici\u00f3n y a todos a la vez podr\u00eda pensarse en una alucinaci\u00f3n colectiva, pero tal y como sucedieron las cosas, s\u00f3lo cabe pensar en la realidad de los acontecimientos que contaron los testigos o en la invenci\u00f3n de los mismos, cosa que, como se ha dicho, resulta impensable.<\/p>\n<\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ofrecemos, en esta lecci\u00f3n del curso de Teolog\u00eda Fundamental, la tercera entrega de las ense\u00f1anzas que el Catecismo contiene sobre Cristo. 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