Los alemanes abofetean al Papa

8 de mayo de 2026.

El enfrentamiento entre Alemania y el Vaticano ha llegado a un punto de no retorno, con un desaire público al Pontífice, que sólo tiene como equivalente en la historia cuando, en 1303, Nogaret, ministro del rey francés Enrique IV, abofeteó públicamente al Papa Bonifacio VIII, en Anagni, por haber desobedecido a su monarca. Pero, para entender lo que está pasando, hay que ir por partes y seguir el itinerario cronológico del conflicto. Lo primero que hay que decir es que la gota que ha desbordado el vaso no es la más grave de lo que se ha aprobado en el Sínodo alemán, aunque sí la más llamativa. Se trata de las bendiciones a las parejas homosexuales, a las que hay que añadir las de todas las que están en una situación irregular, como las parejas de transexuales, los divorciados vueltos a casar o los convivientes.

El 18 de noviembre de 2024, el obispo de Treveris hizo llegar al Dicasterio para la Doctrina de la Fe un bendicional para ese tipo de parejas, que incluía todos los elementos de un acto litúrgico, prohibidos expresamente en “Fiducia supplicans”. Muy pocos días más tarde, el día 24, el cardenal Fernández, prefecto de ese Dicasterio, contestó al obispo diciéndole que no podía aprobar ese bendicional y que introdujera modificaciones. Ambas cartas permanecieron en secreto.

La sorpresa vino pocos meses más tarde. El Papa Francisco murió el 21 de abril de 2025. Tres días después, el 24, con el Papa aún de cuerpo presente y la Iglesia en estado de sede vacante, los obispos alemanes tienen la osadía y desvergüenza de publicar el bendicional, con unas correcciones mínimas que no recogen lo que ha pedido el cardenal Fernández y sin consultar de nuevo con él. El Vaticano no reacciona ante este insulto a su autoridad y permanece en silencio, quizá por la situación que se vivía en la Iglesia, con el Papa muerto y aún sin elegir a un sucesor. Por parte alemana, son muchas las diócesis que se precipitan a implementar el bendicional, aprovechando el vacío de poder en Roma.

El Papa León XIV es elegido el 8 de mayo y mantiene temporalmente a todos los jefes de Dicasterio, incluido el cardenal Fernández, que sigue estando en situación de interinidad. En septiembre de 2025, monseñor Batzing, entonces presidente del Episcopado alemán, dice que la publicación del bendicional se ha llevado a cabo tras ser consultado el Vaticano, pero ocultando que esa consulta había supuesto el rechazo por parte de Roma. Poco después, el 12 de noviembre de 2025, el cardenal Fernández se reúne en el Vaticano con representantes del Episcopado alemán y les reitera su rechazo al bendicional publicado en abril. Tampoco se da conocer que en esa reunión se ha producido un nuevo rechazo y, por lo tanto, da la impresión, ante su silencio, de que el Vaticano está de acuerdo.

El golpe siguiente tiene como protagonista al cardenal Marx, arzobispo de Múnich, que el 20 de abril de este año, aprovechando que el Papa se encuentra de viaje en África, ordena a los sacerdotes de su Archidiócesis que apliquen el bendicional. La respuesta de León es casi inmediata; el 23 de abril, aprovechando la rueda de prensa en el avión que le conducía a Roma dice tajantemente que “la Santa Sede ha aclarado que no estamos de acuerdo con la bendición formalizada de las parejas, en este caso de las parejas homosexuales o de las parejas en situaciones irregulares”. La firmeza del Papa sorprende a todos y la reacción del cardenal Marx es aún más sorprendente; el 1 de mayo se conocen unas agresivas declaraciones suyas insultando a los que se oponen al camino sinodal, a los que califica de reaccionarios y diciendo que esos ataques vienen de Estados Unidos; este insulto es interpretado por muchos, con razón o sin ella, como dirigido al Papa León, que acababa de rechazar públicamente lo que él había hecho y que es, además, norteamericano.

A partir de ahí, los acontecimientos se precipitaron. Tras los insultos del día 1, el día 3 el Dicasterio para la Doctrina de la Fe rompe su silencio y hace pública en su página web la carta dirigida a los obispos alemanes sobre el bendicional, del 24 de noviembre. Esto, por un lado, representa un alivio pues el largo silencio del Vaticano y las reiteradas afirmaciones de los alemanes de que Roma estaba de acuerdo, hacía creer a todos que, efectivamente, era posible llevar a cabo celebraciones litúrgicas para bendecir a todo tipo de parejas. Pero, por otro lado, ponía de manifiesto algo escandaloso: la pasividad del Vaticano para hacer cumplir la ley que él mismo promulga; si después de casi dos años se ha permitido a una Conferencia Episcopal desobedecer lo que le mandan desde Roma, el principio de autoridad no sólo queda en entredicho sino que desaparece totalmente, o al menos queda solo para ser aplicado a los conservadores, como monseñor Strickland, de la Diócesis de Tayler, en Texas, o monseñor Fernández, de la de Arecibo, en Puerto Rico; ellos no fueron acusados de nada y se les obligó a renunciar, mientras que a los riquísimos alemanes se les consiente absolutamente todo.

Las críticas contra el Vaticano por su tolerancia con lo que él mismo reconoce que está mal, fueron tan duras ese día 3 de mayo que, casi enseguida, el 6, el secretario de Estado, cardenal Parolín, dijo que se estaba dialogando con los obispos alemanes y que tenía la esperanza de resolver el problema, pero, añadió que, esa solución “debe estar de acuerdo con el Derecho Canónico, el Concilio Vaticano II y la tradición de la Iglesia». Y, sobre todo, expresó su deseo de «que nunca sea necesario imponer sanciones, que los problemas se resuelvan pacíficamente, como debe ser en la Iglesia». “Sanciones”, la palabra proscrita, la palabra maldita, fue pronunciada, con mucha finura diplomática, por el secretario de Estado. Algo así como: no nos gustaría llegar a eso, pero quizá no quede más remedio. Desde Lutero y el Concilio de Trento no se había oído nada semejante procedente de Roma dirigido hacia Alemania.

Tras esto, al día siguiente, el 4 de mayo, jueves, el cardenal Marx viajó a Roma y fue recibido en audiencia por el Papa. No ha habido ningún comunicado oficial por parte vaticana del contenido de la reunión, ni tampoco Marx ha querido decir nada. Quizá, y son especulaciones, se haya puesto sobre la mesa la posibilidad de aceptar la renuncia que hace unos años el cardenal Marx presentó al Papa Francisco, tras verse implicado en un escándalo ligado al encubrimiento de actos pederastas por un sacerdote, y que el Papa Francisco no aceptó. En todo caso, ni el viernes ni hoy sábado se ha producido movimiento alguno en Múnich o en las diócesis alemanas dirigido a retirar el bendicional. Si no lo hacen, incluso en un breve plazo, el daño para la autoridad del Papa será irreversible. Tal y como están las cosas, ahora todo el mundo sabe que Alemania hace lo que quiere y, si Roma no interviene, queda claro que quien manda en la Iglesia no es el Papa sino el poderoso dios dinero de los alemanes. Sería más honesto retirar los crucifijos y los sagrarios y entronizar en su lugar al becerro de oro.

El Papa ha celebrado en Pompeya su primer aniversario como Pontífice y lo ha hecho salpicado por un escándalo mayúsculo que le afecta directamente, pues constituye una desautorización pública mundial a su autoridad. Ha ido a Pompeya a pedir la ayuda de la Virgen del Rosario. Nos unimos a esta petición suya y le pedimos a Dios y a Nuestra Madre que le den fuerza para que no ceda en la defensa de la Verdad, que es Jesucristo. Es mejor una Iglesia pobre fiel a Cristo, sin el dinero alemán, que una Iglesia que vende sus principios al que tiene dinero para comprarlos.

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