Sólo el Papa puede frenar el cisma

26 de junio de 2026.

La semana próxima, si Dios no interviene con un milagro, va a ocurrir una tragedia. La Fraternidad Sacerdotal San Pío X, los seguidores de monseñor Lefebvre, van a ordenar cuatro obispos sin permiso del Papa, lo cual implicará una excomunión automática sobre los ordenandos y los que les ordenen. Se producirá una nueva ruptura en la Iglesia y eso es, siempre, una tragedia.

En estos meses, desde que la FSSPX anunció su intención de llevar a cabo las ordenaciones, son muchas las voces que se han alzado en la Iglesia, unas pidiéndoles que no lo hagan y acusándoles de soberbios por creer que sólo ellos son la auténtica Iglesia católica, y otros pidiendo al Vaticano que ceda y que les permita llevar a cabo las ordenaciones. Esta semana se ha producido una especialmente importante, la de monseñor Nicola Bux, que fue un colaborador muy próximo al cardenal Ratzinger y lo siguió siendo cuando éste ocupó la sede de San Pedro. Monseñor Bux pide al Papa que actúe para que el cisma no se vuelva irreparable, porque considera que lo peor no va a ser lo que hagan los lefebvrianos, sino lo que puedan hacer muchos fieles que están hartos de la confusión que hay en la Iglesia y que se irían con ellos. Para evitar esa desbandada, el antiguo asesor del Papa Benedicto suplica al Papa León que haga tres cosas: liberalizar la misa tradicional; responder a los “dubia” que fueron hechos por cuatro cardenales -de los cuales solo quedan vivos dos, Brandmüller y Burke- después de la publicación de “Amoris laetitia”, en la que se aceptaba la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar sin  conseguir la nulidad matrimonial pudieran comulgar, y que quedaron sin respuesta; y poner fin de una vez a los abusos que se derivan del Camino Sinodal alemán. Todo eso, según monseñor Bux, ha hecho que sean muchos -aunque sigan siendo minoría- los que están de acuerdo con la acusación de los seguidores de monseñor Lefebvre, para los cuales en muchas parroquias los fieles ya no pueden encontrar los medios necesarios para ser santos, que es la justificación a la que apelan para ordenar obispos sin permiso del Papa. Hay que acabar cuanto antes con la confusión en la Iglesia a todos los niveles, desde el litúrgico hasta el dogmático, pasando por la teología moral. De lo contrario, insiste el prelado italiano, el cisma va a ser mucho más grave de lo que quizá estén considerando en Roma.

De momento, el Vaticano ha hecho algo. Ha negado a los obispos alemanes la posibilidad de que los laicos prediquen durante las misas, recordando que la homilía está reservada al sacerdote o al diácono. Esa era una de las peticiones del Camino Sinodal y, como era previsible, el enfado de los poderosos grupos de presión laicales ha sido enorme y han exigido a los obispos que vuelvan a pedirlo. Estos grupos están desatados. Uno de ellos, la principal asociación de mujeres católicas, había pedido que en los hospitales católicos se llevaran a cabo abortos. Que gente así se presente como el modelo de futuro para la Iglesia y que nadie les desautorice, aunque no secunden sus peticiones, es lo que da argumentos a los tradicionalistas para decir que la Iglesia ha dejado de ser católica. Y son muchos los que les dan la razón. Hace semanas ya dije que no bastaba con que la doctrina que enseña el Papa sea excelente -que lo es-, sino que debía gobernar poniendo freno a los abusos litúrgicos y doctrinales. No es lo mismo, ni mucho menos, pero de igual modo que se vigilan los abusos a menores, también se deberían vigilar ese otro tipo de abusos. A un niño se le hace un daño horrible cuando se mancilla su cuerpo, pero también se le hace daño cuando se corrompe su alma enseñándole que ciertas cosas no son pecado cuando sí lo son o que el infierno no existe. Claro que para eso hay que empezar por creer que existe el alma, que hay pecados que son objetivos y no subjetivos e incluso que hay vida eterna. ¿Cree hoy en esto la mayoría de los sacerdotes católicos?

Por último, hoy y mañana se van a reunir, a puerta cerrada, los cardenales para debatir ante el Papa sobre la evangelización y el proceso sinodal. Los cuatro ponentes elegidos por el Pontífice han sembrado alarma en algunos, por su fama de liberales. Resulta extraño que, para ese importante encargo, se elija un cardenal africano de piel blanca y de la liberal Suráfrica, en la que la Iglesia apenas crece, como si ese país y ese color de piel fuera lo más representativo del continente. De todos modos, ya es un paso adelante que el Papa convoque a los cardenales para oír sus opiniones, pues ese es su “senado” natural. Ese es un ejercicio sinodal en la buena dirección.

Rezamos por el Papa y pedimos que se produzca el milagro y no tenga lugar el cisma. Y rezamos por los venezolanos, que además de soportar una cruel dictadura, padecen ahora las consecuencias de dos terribles terremotos. El que pueda, además de rezar, que ayude. Por nuestra parte, hemos organizado colectas en nuestras parroquias y también a través de paypal (paypal@magnificat.tv).

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