Los lefebvrianos recurren el decreto de excomunión

17 de julio de 2026.

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha dado un susto al Dicasterio para la Doctrina de la Fe y le ha puesto en aprietos, al presentar ante ese mismo Dicasterio un recurso al decreto de excomunión contra ellos del dos de julio. Alega que no tiene base jurídica dicho Decreto y solicita su nulidad. Además, sostiene que, una vez presentado el recurso, la sentencia condenatoria queda en suspenso hasta que la propia Doctrina de la Fe no conteste a la alegación presentada contra ella.

Lo primero que me llama la atención, posiblemente debido a mi ignorancia, es por qué el recurso no se ha presentado al Dicasterio establecido como Tribunal Supremo de la Iglesia, la Signatura Apostólica. Acudiendo a Doctrina, la Fraternidad pide al Dicasterio presidido por el cardenal Fernández que sea juez y parte a la vez, lo cual no deja de ser extraño. En cuanto a la capacidad que el recurso tiene, por el hecho de ser presentado, de paralizar la ejecución de la sentencia, la Fraternidad considera que esa paralización debe ser inmediata y de la misma opinión son algunos canonistas. Otros, en cambio, sostienen que hasta que no responda Doctrina de la Fe al recurso presentado contra ella misma, las excomuniones siguen en vigor. En todo caso, es cuestión de tiempo saber cuál va a ser la situación de los lefebvrianos, incluidos los laicos que participan en sus misas, pues Doctrina tiene un mes, como mucho, para dar la respuesta, aunque, una vez dada, quizá la Fraternidad presente un nuevo recurso, esta vez ante la Signatura Apostólica. Esperemos que Doctrina conteste pronto, pues en este momento hay una gran confusión al menos entre los laicos que se consideran parte de la Fraternidad, los cuales, lo mismo que los obispos excomulgados, creen que el problema no está en la aplicación del Concilio, sino en el Concilio mismo.

En la misma línea de monseñor Bux, se ha pronunciado esta semana el cardenal Burke. Ha criticado “Traditionis custodes” y ha pedido la liberalización de la misa tradicional, pero, sobre todo, ha reclamado que se paralice el proceso de implantación de la sinodalidad en la Iglesia hasta que se lleve a cabo un estudio teológico serio y en profundidad sobre lo que significa ese concepto. “No hay definición de la sinodalidad, no hay historia de ella en la Iglesia”, afirmó, recordando que al hablar de la “Iglesia sinodal” se estaba modificando la fe en la naturaleza misma de la Iglesia, pues hasta ahora se la confesaba como una, santa, católica y apostólica y ahora se anteponía a estas características la de “sinodal”, sin que se supiera bien lo que esto significaba.

El Papa, por su parte, ha reorganizado la Diócesis de Roma, de la cual él es el pastor, para ponerla al día precisamente con el concepto de sinodalidad; aparte de detalles específicos de Roma -como el cuidado del riquísimo patrimonio artístico-, la sinodalidad queda reducida a que en cada parroquia debe haber un consejo pastoral, cuyos miembros deben dialogar e intentar llegar a un consenso, pero que la última palabra la tiene el que detenta la autoridad en el consejo, bien sea el sacerdote o el obispo. Más o menos lo que se lleva haciendo desde hace muchos años en la mayoría de las parroquias del mundo, sin que se le pusiera el nombre de sinodalidad, porque la cuestión no está en el diálogo, sino en quien, cuando el diálogo termina, toma las decisiones.

Una noticia esperanzadora viene de Alemania. Un grupo de laicos y sacerdotes -entre los cuales está un obispo suizo jubilado, monseñor Eleganti-, se han constituido en una asociación de fieles para defender la auténtica fe católica delante de los excesos que cometen tanto obispos como sacerdotes y fieles en la aplicación de las conclusiones del Camino Sinodal. La asociación se llama “Pro fide Ecclesiae” y está dando sus primeros pasos para convertirse en una voz que se alce ante los abusos cotidianos, tanto en la enseñanza como en la liturgia, que se producen todos los días en ese país.

A la espera de que Doctrina de la Fe responda al recurso presentado por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, seguimos orando por la unidad de la Iglesia. Si al final Doctrina insiste en que están excomulgados, habrá que tener con ellos la misma relación que con el resto de los hermanos separados, teniendo en cuenta que están muchísimo más cerca a la verdadera Iglesia, sin comparación, a lo que lo están otras comunidades eclesiales, como los luteranos o los anglicanos, a los que se les trata con tanto respeto.

Pedimos por la unidad y pedimos por el Papa.

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