31 de julio de 2026.
Estamos en pleno verano. El Papa ha terminado ya sus vacaciones en Castelgandolfo y ya ha hecho un cambio en su equipo de Gobierno. Podrá parecer pequeño, pero es significativo. Se trata de los miembros que forman parte de la Signatura Apostólica, que es el Tribunal Supremo de la Iglesia; ha aprovechado que expiraba el mandato de los anteriores -entre ellos dos tan liberales como Grech y Tobin, que ni siquiera es experto en Derecho Canónico- para poner en su lugar a expertos en la materia, casi todos ellos conservadores, entre los cuales hay dos pertenecientes al Opus Dei y uno al que el Papa Francisco quiso expulsar de la Universidad Gregoriana. Pero el más significativo de los nuevos miembros del Tribunal Supremo de la Iglesia es el arzobispo de San Francisco, monseñor Cordileone; Cordileone ha sido uno de los prelados más críticos con el anterior Pontífice y de los mayores defensores de la misa Tradicional, por lo que su nombramiento resulta clave para el previsible recurso que los miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X interpondrán contra Doctrina de la Fe ante la Signatura Apostólica.
Este significativo cambio está en la línea de lo que monseñor Ganswein, el que fuera secretario privado del Papa Benedicto, ha dicho del actual Pontífice. Para él, León XIV es un Papa “prudente y sabio” y ha expresado su deseo de que “permanezca firme cuando el viento cambie y sople en contra”. Ganswein, que es alemán, también ha hablado del Camino Sinodal que se está siguiendo en su país y no ha dudado en calificarlo de “una piedra atada al pie” de los católicos alemanes.
Otro alemán que ha hablado del Sínodo alemán ha sido el cardenal Müller. Comparando lo que está sucediendo en su país con las excomuniones a los obispos lefebvrianos -excomuniones que Müller apoya-, ha dicho que, mientras a esos se les declara herejes, se evita declarar heréticos a los obispos alemanes mediante explicaciones que presentan lo que está sucediendo allí como “sólo una ligera adaptación y modernización”, cuando -siempre según Müller- se trata de un abuso del término “desarrollo del dogma”, pues ese desarrollo no puede ser nunca un cambio en la sustancia.
Y siguiendo con Alemania, 26 sacerdotes de Münich se han enfrentado públicamente con el cardenal Marx, acusándole de ordenarles que bendigan a parejas gay cuando Fiducia Supplicans lo prohíbe y el Papa mismo se ha manifestado en contra; posiblemente ese asunto habrá sido debatido en la reunión que el Papa tuvo con el cardenal, en su primer día de trabajo, nada más regresar de sus vacaciones.
Otro que ha decidido romper la calma del verano con sus declaraciones ha sido el cardenal Roche, todavía al frente del Dicasterio para el Culto Divino -fue nombrado en 2021, por lo que es posible que pronto sea sustituido-. Roche ha afirmado que León XIV no va a cambiar Traditiones Custodes -por la cual el Papa Francisco hizo grandes restricciones a la celebración de la Misa Tradicional- y no va a volver a Summorum Pontificum -por la que el Papa Benedicto había liberalizado la celebración de esa Misa-. Quizá Roche tenga datos directos del propio Pontífice para asegurar eso de forma tan tajante, pero no hay que olvidar que ha sido León XIV quien les ha pedido a los obispos franceses que sean lo más generosos posible con la celebración de la Misa Tradicional.
Por último, esta semana el santuario mariano de Medjugorje sufrió un atentado, en el que se quemó uno de los altares externos al templo y se vandalizó la imagen de la Virgen. Afortunadamente todo fue restaurado enseguida y se pudo confirmar que el autor ha sido un hombre polaco con un grave problema psiquiátrico.
No puede tardar mucho la respuesta que Doctrina de la Fe debe dar a la FSSPX sobre el recurso interpuesto tras la excomunión incluso a los fieles que participan en las misas celebradas por los sacerdotes de la Fraternidad y que, muy probablemente, terminará por ser presentado ante la Signatura Apostólica. Mientras tanto, seguimos rezando por la unidad de la Iglesia y por el Papa.

