7 de agosto de 2026.
El 2 de julio, el Dicasterio de Doctrina de la Fe decretó la excomunión de los cuatro obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X que acababan de ser ordenados y de los dos obispos que participaron en la ordenación. Se decretó además la excomunión de todos los sacerdotes de la Fraternidad y de los miembros laicos de la misma -religiosas, religiosos, seminaristas-, así como de aquellos que frecuentan de forma habitual las misas presididas por sus sacerdotes. Sin que haya cifras claras, se estima que la medida afecta a unas 600.000 personas.
El 11 de julio, la Fraternidad presentó un recurso ante el Dicasterio que les había excomulgado, alegando que el decreto tenía incorreciones jurídicas que le hacían inválido. Según se dijo entonces, Doctrina de la Fe tenía un mes para contestar a ese recurso, rechazándolo totalmente o haciendo correcciones parciales al mismo. Es 7 de julio y no se ha producido aún la respuesta. Teniendo en cuenta los dos próximos días son sábado y domingo, sólo quedaría el lunes día 10 -fiesta del mártir San Lorenzo- para que esa respuesta se produjera. ¿Qué pasará si Doctrina no lo hace? En el mundo civil, cuando se produce un recurso ante la Administración -una multa de tráfico, por ejemplo- y en el plazo de tres meses no hay respuesta, se considera que el “silencio administrativo” favorece al que recurrió y la actuación administrativa recurrida queda sin valor y decae. ¿Sucederá así en el Vaticano? La excomunión de los seis obispos parece inapelable, pues fue una excomunión “latae sententiae”, pero ¿qué sucederá con los demás excomulgados? Por otro lado, este caso no es comparable al silencio que Doctrina de la Fe mantuvo ante los “dubia” de cuatro cardenales tras la publicación de “Amoris laetitia”, pues en aquel caso era una pregunta y en éste se trata de un acto legal, un recurso administrativo.
Mientras tanto, la cuestión de la misa tradicional sigue encendiendo el debate. El obispo checo de Pilsen no ha dudado en decir que hay que dialogar con los que quieren la misa tradicional -no se refería a los lefebvrianos-, pero para que estos cedan en sus posiciones y renuncien a esa misa, pues, según el prelado, “el Vetus Ordo ya no responde a las necesidades actuales” y la Sinodalidad exige la misa nueva. El argumento del obispo de la ciudad de la cerveza rubia terminaba así: las discusiones sobre la misa tradicional están dividiendo la Iglesia y restando impulso a la evangelización. O sea, les estaba diciendo que o renunciaban a la misa antigua o eran culpables de la división en la Iglesia. ¿No se le ha ocurrido pensar que ese mismo argumento podían emplearlo aquellos a los que él critica? Quizá la culpa sea de la Pilsen.
Por su parte, el cardenal Sarah también ha reconocido que las disputas litúrgicas restan fuerza a la evangelización, pero la solución que aporta no es la supresión de la misa tradicional sino su aceptación, en línea con lo que hizo Benedicto XVI. En una línea parecida ha intervenido el arzobispo de San Francisco, monseñor Cordileone, que ha invitado a los enemigos de la misa tradicional a que abandonen su sueño de suprimirla, pues el interés de los jóvenes por ella es imparable. Ha reconocido que no ve posible que el Papa derogue “Traditionis custodes” -el documento de Francisco que la restringía- para volver a “Summorum pontificum” -el documento de Benedicto que la liberalizaba-, sino que le parece más probable que León XIV anime a los obispos a que actúen con generosidad permitiendo la celebración de las misas tradicionales, entre otras cosas para impedir que los amantes de esas misas se vayan con los seguidores de monseñor Lefebvre.
Una última reflexión, sobre la invasión de marroquíes en la ciudad española de Ceuta. El excelente presidente del Episcopado español, monseñor Argüello, no ha dudado en afirmar que “la biopolítica es clave en el actual poder mundial. Se juega con la vida y se utiliza a las personas -sus sueños, hambre, sexualidad y datos- en favor del lucro y el poder. Las migraciones forman parte de esa estrategia. La invasión de Ceuta es un test. La demografía en un arma”. El prelado que está al frente de los obispos españoles ha llamado a las cosas por su nombre. Es una invasión y no se están utilizando como armas invasoras las bombas, los tanques o los drones, sino a la gente desesperada -hay que ver el estado esquelético de algunos de los invasores- para que, como carne de cañón, conquisten el país vecino, sabiendo que ningún ejército será capaz de disparar contra miles y miles de civiles indefensos. Monseñor Argüello lo dice claramente: esto ha sido un test, ha sido un experimento. Después vendrá el resto. Ninguna barrera podrá defender a un mundo opulento y sin niños rodeado de un mundo con superpoblación y con hambre.
Rezamos por una Iglesia unida en la verdad, que es Cristo, y por el Papa.

