14 de agosto de 2026.
El pasado día 11 se cumplió un mes desde que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X presentó ante Doctrina de la Fe un recurso contra el decreto de excomunión, emitido contra ellos por haber ordenado obispos sin permiso del Papa. El Dicasterio presidido por el cardenal Fernández no ha contestado al recurso y ha preferido guardar silencio. Ahora se espera la respuesta de la FSSPX a la no respuesta del Vaticano que, con toda probabilidad, consistirá en llevar la cuestión al Tribunal Supremo de la Iglesia, la Signatura Apostólica, recientemente renovada con expertos en Derecho Canónico y de perfil conservador, como monseñor Cordileone. Habrá que esperar a que todo esto se produzca y se emita un juicio por parte de la Signatura, pero mientras tanto la duda está en si sigue en vigor el decreto de excomunión o si queda suspendido al no haber contestado Doctrina de la Fe a las alegaciones contra él.
Por otro lado, dos cosas han sido importantes esta semana y una, como siempre, tiene que ver con Alemania.
En Roma ha muerto un destacado líder masón, pero cuya pertenencia a la logia era desconocida incluso por su familia. A pocas horas de celebrase el funeral en una de las iglesias más significativas de la ciudad, los masones hicieron pública su militancia y la importancia que tuvo -entre otras cosas fue el autor de su himno-. La noticia llegó inmediatamente al vicario del Papa para Roma, el cardenal Reina, que, con toda probabilidad, informó al Santo Padre de que el funeral estaba organizado y a punto de celebrarse. La decisión fue tajante: no puede haber un funeral católico para alguien que está formalmente excomulgado, como lo está cualquier miembro de la masonería y, como consecuencia, el funeral se suspendió. Casi inmediatamente, el obispo de Ventimiglia hizo lo mismo con un caso semejante que se había presentado en su diócesis. Es un aviso claro de parte del Papa a todas las diócesis del mundo: los masones están excomulgados y no pueden recibir funerales católicos. Otra cosa distinta es si le hacen caso.
Porque no todos, ni mucho menos, están obedeciendo al Papa. Incluso presumen de ello, como ha hecho el obispo de Maguncia. En una entrevista concedida a un medio de comunicación de la Conferencia Episcopal alemana, admite que en muchas parroquias de su diócesis son los laicos los que predican y que le llegan denuncias sobre ello; él no lo puede autorizar, porque sabe que está prohibido por el Vaticano, pero se limita a permitir que se siga haciendo. Esta es la frase del obispo que demuestra hasta que punto son inútiles las leyes cuando no hay una voluntad decidida para hacerlas cumplir: “Si me entero de esto, no intervendré de forma disciplinaria ni lo sancionaré según el derecho canónico”. Pero no es sólo el obispo el que no hace nada para que las leyes se cumplan, sino que es el propio Vaticano el que no hace nada para que el obispo haga lo que él mismo reconoce que debe hacer. No estoy comparando situaciones, pero ¿se imaginan que hubiera una ley que castigara a los violadores pero que no se aplicara cuando se produce una violación? ¿No sería eso complicidad con el crimen? ¿De qué sirven las leyes si se tolera que no se cumplan?
Pero hay más de Alemania, que es como el rayo que no cesa. Los obispos de ese país han publicado los datos anuales y han reconocido que este año se han dado de baja como católicos más de 300.000 personas, a las que hay que añadir los 200.000 católicos que han fallecido y que no quedan compensados por los 100.000 bautizos. También han reconocido que sólo asiste a misa el 6,8% de los que están inscritos como católicos y pagan por ello un impuesto especial. Teniendo en cuenta que los católicos son el 24% de la población alemana, eso significa que sólo 1,7 alemanes de cada cien va a misa el domingo. Con esos datos se puede afirmar que, en la práctica, la Iglesia católica es irrelevante en Alemania. Los obispos parecen no darse cuenta y siguen indicando a quién no pueden votar los católicos, como si su opinión fuera a ser escuchada por sus propios feligreses e influir en las elecciones.
¿Puede una iglesia así, en descomposición y desobediencia pública contra el Papa, ser el modelo del futuro? Aunque parezca imposible, ellos se lo creen. Por ejemplo, la Diócesis de Oslo ha convocado un Sínodo, pero su obispo ha dicho que en ese Sínodo no se van a cuestionar las enseñanzas de la Iglesia sobre dotrina o sobre moral. Esa declaración de un vecino del norte ha sentado muy mal a los obispos alemanes, que han permitido que en su medio de comunicación apareciera una crítica contra el obispo de Oslo, por dejar claro desde el principio que van a ser fieles a la Iglesia. Se creen el ombligo del mundo, los adelantados del futuro, mientras se hunden en la irrelevancia. Pero se lo creen y se hunden porque se lo permiten. Quizá ahí está el verdadero problema.
Rezamos por la Iglesia, por el Papa y por las víctimas del terremoto de Colombia.

