Nadie hace caso al Papa

28 de agosto de 2026.

Nadie hace caso al Papa. O casi nadie, especialmente los liberales. O al menos eso parece. Y eso es, quizá, lo peor que podría ocurrir.

Pongo tres ejemplos. Hace unos días, el Papa prohibió que, en su diócesis, la de Roma, se oficiara un funeral en una iglesia por un distinguido masón. Esta semana, el obispo de Dijon, en Francia, ha celebrado un funeral por un político que ha sido señalado como masón en varios medios de comunicación, sin que nadie lo desmintiera. Es doctrina reiterada que los masones están excomulgados y, si al Papa le hicieran caso, no se celebrarían funerales por ellos.

Esta semana, el Papa ha vuelto a pedir que se respeten las normas litúrgicas en la celebración de la Santa Misa. Ha pedido a los sacerdotes que lo cumplan y a los obispos que lo hagan cumplir. ¿Alguien de los que lo hacen mal o de los que permiten que la misa se celebre mal, le está haciendo caso? Por ejemplo, ¿ha pedido disculpas el párroco español que organizó un baile durante la Misa? ¿ha pedido disculpas su obispo? El cardenal Sarah ha dicho que si no existiera la misa tradicionalista, los abusos litúrgicos serían mayores; no me imagino cómo pueden ser mayores de lo que son, pero sí conozco a muchas personas que se van a la misa tradicionalista para no perder la fe, debido a los abusos y a las herejías que se dicen en muchas misas “nuevas”.

Está ya aplicándose en las escuelas católica de Hamburgo un adoctrinamiento sexual a los niños marcado por la ideología lgtb. El Vaticano ha hecho saber, como respuesta a los padres que protestaban, que esa ideología no es compatible con la fe. ¿Ha retirado ese adoctrinamiento el obispo de Hamburgo? En otro orden de cosas, ¿ha tomado medidas el obispo alemán que dijo que sabía que estaba prohibido que los laicos prediquen en las misas para que eso se deje de hacer?

Diga lo que diga el Papa León, muchos siguen pensando que lo dice para contentar a los conservadores, pero que en el fondo es un liberal y de ahí sacan la conclusión de que no se le debe hacer caso, porque, según ellos, él mismo no se cree lo que dice. Incluso, a los que sí escuchamos su enseñanza, siguen insultándonos con todo tipo de descalificaciones. Por ejemplo, tenía previsto viajar a México para visitar a los franciscanos de María de ese país -son más de dos mil los que están inscritos en escuelas de agradecimiento- y no lo voy a poder hacer porque tengo un problema en la rodilla; al pedir permiso en una archidiócesis para poder celebrar misa, sin llegar a negarlo, pusieron todo tipo de inconvenientes con la excusa de que yo era un acérrimo enemigo del Papa Francisco; es verdad que disentí de “Fiducia supplicans” en lo que hacía referencia a la bendición de parejas irregulares, como lo hicieron varios cardenales y casi todos los obispos africanos, lo cual trajo como consecuencia que la propia Doctrina de la Fe modificara posteriormente lo que había publicado. Además, hace año y medio que hay un nuevo Papa al que apoyo abiertamente, ganándome no pocas críticas por ello. Pero todo eso da igual y para los liberales no tiene valor alguno, porque en el fondo consideran que León XIV no es sincero en lo que enseña ya que es un radical disfrazado y, por lo tanto, no hay que hacerle caso.

El riesgo para el Papa y para la Iglesia es enorme. No hay nada peor que se le pierda el respeto al que manda, no porque se le insulte sino porque no se lleva a la práctica lo que pide, convirtiéndole así en una figura decorativa.

Un último punto de esta semana: la visita del Papa al gran acto anual de Comunión y Liberación en Rímini. Era el primer Papa que lo hacía desde 1982, cuando estuvo San Juan Pablo II. Supuso, por lo tanto, un respaldo evidente a ese movimiento eclesial y, quizá, un gesto de apoyo a todos los movimientos, vistos siempre con sospecha en los últimos años. El Papa les habló de sinodalidad, pero dejando claro que hay una autoridad que debe tener la última palabra. También les habló de la inserción en la Iglesia, que debe ser considerada siempre como más importante que la participación en el propio movimiento. ¿Le van a hacer caso unos y otros?

Hay que apoyar al Papa León. La mejor manera de hacerlo es rezar por él e intentar llevar a la práctica lo que enseña. Creo que la inmensa mayoría de los fieles lo hace. También deberían hacerlo los nostálgicos de tiempos pasados, que no se han enterado aún de que desde hace año y medio hay un nuevo Papa.

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