4 de septiembre de 2026.
Estamos terminando la primera semana de septiembre, por lo tanto, se han acabado las vacaciones de agosto, y no hay ningún cambio en el equipo de gobierno del Papa en la Curia romana. Son prácticamente los mismos que había con el Papa Francisco, con mínimas excepciones, y eso que la mayoría sigue aún con un nombramiento provisional. Algunos están comparando esta situación con lo que está haciendo el presidente Trump en Venezuela: un gobierno de transición integrado por buena parte de la vieja guardia de la dictadura para evitar el enfrentamiento social. Está por ver si eso funciona en Venezuela, pero la idea es desactivar el sistema represor desde dentro. ¿Está copiando León XIV a Trump en este punto? En otros desde luego que no está imitando a Trump, ¿pero en éste? ¿Pretende utilizar a los ministros de Francisco para desactivar los aspectos más conflictivos de su gobierno? Si fuera así, sería una jugada inteligente, porque evitaría un frente opositor interno liberal que podría boicotear su pontificado, pero también sería una jugada arriesgada, pues los ministros tienen mucho poder y, como se está viendo con la misa tradicional, lo ejercen.
Una consecuencia positiva de la calma con que se toman las cosas en Roma, que algunos llaman el “dolce far niente”, ha sido que los alemanes han tenido que aplazar la celebración de su primera Conferencia Sinodal (integrada sólo en un tercio por obispos y el resto por laicos y sacerdotes), que debía celebrarse en noviembre, porque el Vaticano no ha respondido aún a la petición de aprobación -o corrección o rechazo- de sus estatutos. Mientras, en esa Alemania que ve subir como la espuma a la conservadora AFD y que ve cómo Volkswagen cierra fábricas, han dimitido dos obispos liberales, con lo que el Papa tendrá la oportunidad de nombrar a dos que, al menos, no sean tan radicales como los que se van.
Y hablando de obispos, están reunidos en Roma 147 nuevos prelados para participar en el curso que todos los años organiza el Vaticano para los recién nombrados. Lo significativo es que el año pasado fueron 192 y en 2024 267. Salvo que se haya producido una reducción drástica en el número de nuevos obispos nombrados, eso significa que cada vez son más los prelados que no tienen ningún interés en saber lo que el Papa quiere de ellos. ¿Por qué son liberales y creen que el Papa es conservador o porque antes se tenía miedo a las consecuencia si no se asistía? En cuanto a los nombramientos, hay de cal y hay de arena. En Perú se nombra arzobispo a uno que había homenajeado a la Pachamama y en Hungría se nombra arzobispo a otro que es un firme defensor de la familia y que se había opuesto a “Fiducia suplicans” en la cuestión de las bendiciones a las parejas homosexuales. Confiemos en que el Papa, con los nombramientos episcopales, no haga en su querido Perú lo mismo que hizo Francisco en Argentina. Está pendiente el premio gordo, que es Lima, que será la clave.
Mientras, al margen de si hay cambios en la Curia vaticana o no, el Papa sigue impartiendo buena doctrina. Ha sido excelente el discurso dirigido a un grupo de seminaristas procedentes de dos diócesis italianas. Recordó que el Señor, a la hora de elegir apóstoles, “llamó a los que quiso” y añadió: “No hay competencia, ni jerarquía, ni está escrito que escogiera a los mejores: escogió a quienes quiso. En un mundo tan ansioso por celebrar la autorrealización, ninguno de ustedes, ni ninguno de nosotros, está aquí porque lo merezca”. Sin citarlo expresamente, es un rechazo al sacerdocio femenino.
Esta semana también se ha sabido que el cardenal Ouellet ha ganado la demanda por difamación contra una señora que le había denunciado por tocamientos sexuales. Hay que recordar que la demanda de la señora ahora condenada se interpuso cuando el Papa Francisco se encontraba ya en la recta final de su vida y que sirvió para apartar de la carrera por la sucesión a alguien que tenía muchas posibilidades de ser elegido. En la votación a la muerte de San Juan Pablo II, Ratzinger fue el primero y Bergoglio el segundo, pero Ouellet fue el tercero. Tras la renuncia de Benedicto (Ratzinger), Bergoglio fue el primero y Scola el segundo, y de nuevo Ouellet fue el tercero. Tras la muerte de Francisco (Bergoglio) y la grave enfermedad de Scola, muchos hubieran puesto su mirada en Ouellet. Convenía quitarle de en medio y nada mejor que una denuncia de abuso sexual cuando aún el Papa reinante estaba vivo, pero ya los cardenales hacían sus quinielas. ¿A quién le importa -salvo al interesado- que Ouellet sea inocente? Lo que importaba era desacreditarlo en ese momento para sacarlo de la carrera electoral.
Una vez más termino pidiendo oraciones por el Papa y por la Iglesia.

