El Papa, con cáncer, pide castidad e hijos

P. Santiago Martín

16 de octubre de 2026.

El Papa tiene cáncer. La noticia estalló como una bomba cuando se supo, el pasado martes. Enseguida se multiplicaron las opiniones sobre cómo afectaría al gobierno de la Iglesia. En lo que casi nadie se detuvo es en el hecho de que el Papa es un ser humano llamado Robert Prevost, al cual se le diagnóstico cáncer. Todos conocemos a personas que han pasado por esa situación y algunos la han padecido; decirte que tienes cáncer es como si te comunicaran una sentencia de muerte que te encoge, te hunde, te deprime; la situación es especialmente dura mientras se espera el resultado de la biopsia, que te dirá si hay o no metástasis en otros órganos del cuerpo. Por eso, lo primero en que debemos pensar es en el mal rato que Robert Prevost está pasando, como cualquier otro ser humano al que le han dado esa mala noticia. Nuestra compasión hacia él nos debe llevar a rezar no sólo por su salud corporal sino también por su salud espiritual, puesta a prueba en este momento de gran incertidumbre.

En cuanto al ejercicio del oficio papal, todo va a depender del resultado de la biopsia. Si el tumor estaba localizado en el lóbulo inferior del pulmón derecho que le ha sido extirpado, no habrá mayores problemas, aunque quizá deba modificar su ritmo de viajes. Si, por el contrario, está presente en otras partes de su cuerpo, los médicos tendrán que decidir el tratamiento a seguir y eso sí que condicionará su trabajo al frente de la Iglesia. Pero, aunque debiera estar sometido a quimioterapia, no deja de ser el Papa, el vicario de Cristo, y, por lo tanto, sigue gobernando la Iglesia. Son muchas las voces que se han alzado estos días insinuando que debería dimitir, como si un enfermo de cáncer fuera alguien totalmente inhabilitado y prácticamente moribundo. Son voces interesadas, molestas con el esfuerzo que está haciendo el Papa para unir a la Iglesia y posiblemente decepcionadas porque no esperaban que fuera tan “conservador”. Dan ya su pontificado por acabado y se preparan para elegir a un sucesor liberal que no les decepcione como ha hecho este. Quizá Dios ha permitido esta enfermedad para que se ponga de manifiesto lo que está oculto en el corazón de muchos.

Una prueba del “conservadurismo” del Papa se ha producido esta misma semana. La cirugía para extirparle el tumor cancerígeno tuvo lugar cuando se estaba celebrando la reunión de los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo. Antes de entrar en el hospital, León XIV hizo saber que el informe final no se iba a hacer público -como estaba previsto- hasta que él no lo leyera, lo cual indica que no se fiaba del todo del resultado. Además, escribió la homilía que el cardenal Tagle leyó en su nombre en la misa de clausura del evento, y en la que no se mencionaban los casos problemáticos -como el de los divorciados vueltos a casar- sino que se insistía en la necesidad de la castidad en el noviazgo y en animar a las familias a tener hijos. ¡Castidad en el noviazgo!, ¡castidad antes del matrimonio!, llevábamos años sin oír hablar de esto y ha sido el Papa el que lo ha pedido. Con razón los liberales están frustrados.

No ha sido la única voz que se ha oído sobre lo tratado en la reunión de los obispos. El noruego monseñor Varden, que por decisión del Papa predicó los ejercicios a la Curia vaticana este año, ha recordado que las “situaciones irregulares” -las parejas divorciadas vueltas a casar o las convivientes sin casarse- deben ser reconocidas, pero no relativizadas, e incluso ha dicho que el “exilio eucarístico” -haciendo alusión a que no pueden comulgar- es una preparación para el gozo que tendrán cuando puedan hacerlo tras haber regularizado su situación. Es decir, que hay que unir misericordia con verdad, ayudando a las personas que están en esas situaciones irregulares para que se sientan acogidas en la Iglesia, sino que eso signifique que pueden recibir la comunión. Mucho han cambiado las cosas desde hace diez años y este sí que es un camino que puede unir a la Iglesia. Misericordia con verdad, porque la verdad esencial es una parte de la misericordia, pero la verdad dicha con misericordia, como pidió San Juan Pablo II.

Rezamos por Robert Prevost, que en este momento está en la angustia de no saber si hay o no metástasis. Rezamos por el Papa, para que se recupere y pueda seguir guiando a la Iglesia.

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