18 de septiembre de 2026.
El miércoles, el Vaticano difundió un documento, firmado por el Papa, que tiene la particularidad de que ha sido elaborado por tres Dicasterios: Doctrina de la Fe, Ecumenismo y Diálogo con otras religiones. Se publica con motivo del 60 aniversario de la declaración “Nostra aetate”, del Vaticano II, que fue especialmente importante para establecer un nuevo marco de diálogo con los judíos.
Ante todo, hay que decir que la esencia del documento sigue las pautas dadas por San Juan Pablo II y aunque aparecen las inevitables y numerosas citas de Francisco, la carga teológica descansa sobre el Magisterio del Papa Wojtyla o, lo que es lo mismo, sobre la excepcional sabiduría del que era su prefecto para la Doctrina de la Fe, el cardenal Ratzinger.
En esencia, el Papa ha querido dejar claro, de forma explícita, que “para los cristianos no existen dos caminos de salvación”, porque “Cristo es el único redentor” y sólo Él es “el Camino, la Verdad y la Vida”. Apoya el diálogo, pero exige que “esté libre de ambigüedades, evitando el relativismo y el sincretismo”. Echa por tierra la aspiración de la ONU -sin citarla- de “fundar una gran religión mundial en la que todas las creencias queden niveladas, por respeto a uno mismo y a los demás”, además de constatar con pesar que nos separan muros infranqueables y que hay “diferencias irreconciliables”. Dejando claro que no puede haber sincretismo, apoya el diálogo como medio para combatir juntos las guerras actuales, que a menudo utilizan a la religión como excusa. Insiste, por otro lado, en que el diálogo no excluye la evangelización y la presentación a todos de la Buena Noticia del Evangelio. Al contrario, dice el documento: el diálogo sólo puede desarrollarse con eficacia desde una conciencia clara de la propia identidad religiosa. Nunca el diálogo debe implicar renunciar a la verdad, pero sí debe efectuarse anunciando a Cristo “de manera evangélica, con estima, escucha y caridad”.
Con respecto a los musulmanes, se apoya en Evangelii gaudium de Francisco para pedir que los inmigrantes de esa religión sean acogidos “con afecto y respeto”, pero reclama que en los países donde el islam es mayoría se trate del mismo modo a los cristianos. Insiste en que muchos cristianos sufren persecución por causa de su fe y pide acabar con esa situación. Aunque no específica qué países o qué credos religiosos están detrás de esa persecución, muchas veces sangrienta, habla de que los causantes son “grupos religiosos extremistas”. Esta misma semana, ha habido de nuevo una masacre a manos de musulmanes en Nigeria.
Un último punto, para no olvidarnos de ese rayo que no cesa que es Alemania. El presidente de su Conferencia Episcopal, monseñor Wilmer, ha participado en una reunión dirigida a planificar qué hay que hacer para que la sinodalidad se implante en Europa. Como era esperable, ha dicho que Europa necesita “absolutamente” una Iglesia sinodal. Lo sorprendente es que también ha dicho que no hay que adelantarse en solitario. Y eso es claramente una llamada a los suyos para que tengan paciencia, porque la ruptura es a ellos a los que menos conviene, ya que si dejaran de ser católicos perderían la ingente cantidad de dinero que ahora reciben, pues el convenio está firmado con la Iglesia católica y posiblemente no se firmaría con otra Iglesia que se desgajara de ella, salvo que se unieran a la Iglesia luterana, de la que cada vez les separan menos cosas.
Y hablando de diálogo, ¿por qué motivo se pueden ceder templos para que, al menos puntualmente, los usen los protestantes e incluso los musulmanes y no se permite eso a los lefebvrianos? Los obispos, sacerdotes y laicos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X podrán ser cismáticos, pero están mucho más cerca de los católicos que los ortodoxos, por no decir que los protestantes en general; esta semana, los anglicanos de Estados Unidos, en la diócesis de Milwaukee, han elegido deán de su catedral a una mujer que se considera hombre transgénero y que está casada con otra mujer, que también se considera hombre transgénero y que es pastora como ella. Con estos se pueden celebrar actos ecuménicos, pero con los lefebvrianos no. Son hermanos menos separados que el resto, pero se les trata peor que a los más alejados.
Seguimos rezando por la Iglesia y por el Papa.