¿Quién gobierna la Iglesia?

P. Santiago Martín

11 de septiembre se 2026.

Hace unas semanas dije que me daba la impresión de que al Papa no le hacen mucho caso los liberales, que son la mayoría en la jerarquía eclesiástica. Esta semana he vuelto a comprobarlo, hasta el punto de que quizá estamos llegando a una situación de esquizofrenia o de doble personalidad.

Empecemos por las enseñanzas que nos ha dejado León XIV, que son a cual mejor. A los obispos novatos, reunidos en Roma para el curso que se imparte todos los años a los recién ordenados: “Ante todo, permaneced con Jesús. De entre las muchas cosas que se os pedirá que hagáis como Obispos, esta es la más importante. Somos Obispos, pero somos ante todo discípulos. Para hablar de Él, necesitamos estar con Él; para guiar a su pueblo, debemos dejarnos guiar cada día por Él. Este es el orden del Evangelio: estar con Él y, por Él, ser enviados. No lo olvidemos jamás”. Ni una sola vez dijo la palabra “sinodalidad”.

A los obispos amigos de los focolarinos: “Como partícipes del legado espiritual de Chiara Lubich y como ministros de la Iglesia de Cristo en un mundo fragmentado, están llamados a dar testimonio de esta tan anhelada unidad de la familia humana. La respuesta a las dolorosas divisiones que afligen a nuestro mundo no consiste en formar más comités ni en lanzar más proyectos, sino en volver a la fuente de nuestra unidad en la Santísima Trinidad. ¡De hecho, debemos convertirnos en contemplativos!”. Ni una mención a la “sinodalidad” e incluso una crítica a la creación de “más comités y más proyectos” como si esa fuera la solución a la crisis que vive la Iglesia.

En plena sintonía con el Papa han estado los que han impartido conferencias en la reunión de nuevos obispos. Por ejemplo, monseñor Nwachukwu, secretario del Dicasterio para la Nueva Evangelización, tras expresar su gratitud a los países que enviaron misioneros afirmó: “Por desgracia, a veces, cuando algunas personas de nuestras Iglesias locales insisten hoy en permanecer fieles a esas enseñanzas de los misioneros, son etiquetadas como conservadoras. Muchos en Occidente quieren que abandonen las enseñanzas recibidas de los misioneros llegados de Occidente para abrazar valores nuevos y no probados, enseñados por personas que no soportan ni pueden soportar comparación alguna con los misioneros en su convicción y su solidaridad fraterna. No podemos abandonar nuestra herencia ni descuidar el pasado, porque el futuro está enraizado en él. Por favor, ayúdennos a honrar la memoria de sus heroicos hermanos y hermanas, los misioneros, también ofreciendo una acogida cálida a los frutos de sus sacrificios”.

En el otro extremo, esta semana la Secretaría General del Sínodo ha dado a conocer los informes de los grupos de estudio 6 y 7. Entre otras originalidades, se propone que los laicos intervengan en la redacción del informe sobre el estado de la diócesis que cada obispo debe llevar a Roma cuando realiza la visita “ad limina”. Pero, sobre todo, proponen crear una nueva estructura diocesana obligatoria, en la que intervengan los laicos, con poder de decisión y no sólo de consulta, matizando, eso sí, que ese poder se dará cuando “se produzcan cambios en el derecho canónico”, cosa que ellos esperan probablemente que ocurra de un momento a otro. Los laicos, añaden, “deben estar en todos los organismos eclesiales y en todos los niveles de decisión, incluidos los dicasterios vaticanos, como miembros de pleno derecho y no sólo como consultores”. Esto es prácticamente lo mismo que piden los obispos alemanes.

Un alma de la Iglesia, representada por el Papa, habla de Cristo, de oración, de respeto a la liturgia y a las enseñanzas contenidas en la Palabra y en la Tradición. La otra, habla de crear más estructuras y de romper con esa Tradición para, por ejemplo, poner a los laicos en el mismo nivel de decisión que el Papa o los obispos.

La cuestión es, ¿quién manda en la Iglesia? La Secretaría del Sínodo, de hecho, es la que está organizando la vida de la Iglesia hasta en los mínimos detalles, estableciendo programas de trabajo, reuniones, consultas, exigencia de rendición de cuentas y una creciente burocracia que inevitablemente no sólo quita tiempo a los evangelizadores, sino que les agobia. Da la impresión de que quien tiene el poder es la Secretaría del Sínodo, y no sólo por lo que proponen sus comisiones de estudio, sino por lo que ordena que se haga de forma obligatoria, creando una asfixiante burocracia.

Un obispo de los Países Bajos, monseñor Mutsaerts, en una carta dirigida al Papa, resumía lo que sienten muchos sacerdotes: la gente no va a ir a la Iglesia porque les hablemos de estructuras o de reuniones, sino porque les hablemos de Cristo. Y añadía: “Cuanto menos evangelización, más comisiones sobre evangelización. Cuantas menos vocaciones, más documentos sobre vocaciones. Cuanta menos gente acude a la iglesia, más largas se hacen las reuniones sobre lo que significa ser iglesia. Esto puede sonar cínico, pero hay una reflexión seria detrás: la burocracia puede crear la ilusión de actividad, mientras que la realidad muestra lo contrario. Se navega sin brújula.” Y concluye: “Las grandes reformas católicas casi nunca comenzaron con estructuras. Comenzaron con santos”.

Recemos por el Papa, que es el único que puede y debe gobernar la Iglesia.

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